Aquella Ordizia donde 'Kubati' ejecutó a la «traidora» 'Yoyes' delante de su hijo
El 10 de septiembre de 1986, 'Kubati' mató a Dolores González Katarain, que había abandonado la banda y regresado del exilio. Cuarenta años después, EL CORREO recorre la localidad, habla con quien levantó la voz y recuerda sus diarios
En estas calles de Ordizia apareció la primera pintada. «'Yoyes', traidora». El trazo rápido de pintura que precede a la pólvora. Han pasado 40 años desde aquel 10 de septiembre en que ETA asesinó a 'Yoyes', el sobrenombre con que la lengua de trapo de los niños bautizó a Dolores González Katarain. Cuatro décadas desde aquel infame y breve intercambio de palabras con José Antonio López Ruiz, 'Kubati'.
– ¿Tú eres 'Yoyes'?
– Sí.
– ¿Sabes quién soy yo?
– No.
– Soy de ETA y he venido a ejecutarte.
Luego los disparos en medio del parque infantil y el tiro de gracia delante de su hijo, de tan solo tres años. Akaitz, la razón por la que aquella mujer había abandonado la banda y había renunciado a la violencia. «Fui militante de ETA, dimití porque estaba cansada y en desacuerdo con la nueva línea que se perfilaba, hace de esto más de seis años. Me fui, hice una vida alejada del mundo de la política, trabajando, estudiando, tuve un hijo. ¡Tengo un hijo! Quiero vivir. ¡Lo tuve porque quería vivir!», escribió en sus diarios.
La historia pesa como una losa en este rincón de Ordizia. Cuarenta años después, EL CORREO recorre la localidad con una de las personas que se enfrentó a quienes quisieron silenciar aquel asesinato. Kepa Korta, quien fuera alcalde del municipio, apura un cortado en el bar Olano y esboza un microcosmos de corta distancia. «A cien metros de aquí mataron a Isidro Usabiaga –señala hacia la calle Filipineta, donde asesinaron al empresario por no pagar el llamado 'impuesto revolucionario'–. A Dionisio Imaz ahí abajo, justo detrás, en su taller. También aquí al guardia civil Miguel Mateo –le lanzaron una granada– y otros dos más, en 1979, José Miguel Maestre y Antonio Peña, que venían a recoger el correo y fueron ametrallados. A Manuel Vergara le explotó una bomba cuando quitaba una ikurriña. Y una pareja, Antonio Ramírez Gallardo –que también era guardia civil– y Hortensia González». Las dos últimas víctimas fueron tiroteadas muy cerca, aunque ya en el término municipal de Beasain, y el sonido del claxon pidiendo ayuda, sin respuesta, inspiró un cortometraje helador, '27 minutos'. «Sólo en 1979 mataron, en 600 metros a la redonda, a seis personas. Esto lo cuentas por ahí y no se puede ni creer. Suena a Sicilia, a México... ¿no? Es terrible».
Esa era la Ordizia a la que regresaba Kepa Korta aquel 10 de septiembre de 1986. Venía de la ópera en Bilbao y, cerca del pueblo, saltó la casete. «La radio dijo entonces que habían matado a 'Yoyes'. Nos quedamos de piedra». Junto con Miguel Calvillo, Korta fue la voz de la comisión que denunció el crimen. La familia organizó un homenaje que se celebró en su memoria el 18 de octubre.
«En los días siguientes hicimos una recogida de firmas en Ordizia en contra del asesinato», rememora. Sabían que no era nada fácil para los vecinos exponerse de aquella manera así que buscaron el apoyo previo de exalcaldes, gente conocida en el pueblo, miembros de la primera gestora municipal. «26 personas, con dos apellidos, encabezaban el texto para animar a que se sumasen los vecinos. Nos poníamos debajo del Ayuntamiento con una mesa e íbamos por las empresas». Poco a poco fueron sumando rúbricas. «Firmaron 1.500 personas en una localidad de 9.500», se enorgullece Korta. En plenos años de plomo. El comunicado de condena tuvo el respaldo de todos los grupos municipales, salvo Herri Batasuna.
Al día siguiente se declaró una huelga en protesta por el asesinato y Ordizia se paralizó. Cerraron incluso «algunos bares». No era la primera vez. «Lo habían hecho antes y lo hicieron después, como cuando mataron a Jesús María Colomo –un camarero al que ETA acusó de confidente– y entonces les amenazaron por teléfono, uno a uno, con ponerles una bomba», recuerda Korta. «Había mucha presión». Es muy conocido el boicot que persiguió a Imanol desde que se sumó al tributo a 'Yoyes'. Uno de los bertsolaris que acudió al homenaje era Jon Sarasua, que tenía 19 años y era una gran promesa del bertsolarismo. «Dos emisarios le salieron al encuentro y le dijeron que, si cantaba, no le dejarían volver a hacerlo en todo el Goierri. Aun así, subió al escenario. La presión era tan fuerte, que hubo gente que enfermó y todos esos gestos hay que reconocerlos».
«Atreverse a discrepar»
En cada aniversario, la familia coloca unas flores en el lugar donde la mataron con un lema: «Por atreverse a discrepar y por usar la libertad». Este periódico ha intentado contar con su voz, también con la de Akaitz. Juanjo Dorronsoro, viudo de' Yoyes', falleció hace poco. En su entorno remiten a sus diarios.
Dolores González Katarain había entrado en ETA con 17 años, en 1971. En 1973 tuvo que huir a Francia para evitar ser arrestada. En Hendaya compartió piso con 'Pertur' y otros miembros de la banda. En diciembre de 1978 alcanzó la dirección etarra cuando otro terrorismo, el del Batallón Vasco Español, mató con una bomba a José Miguel Beñaran Ordeñana, 'Argala'. Sólo un mes después, cedió sus responsabilidades y comenzó a alejarse de una banda que buscaba una nueva ofensiva. Ese mismo año trasladó a ETA su decisión de abandonarla y trasladarse a México. La dirección etarra le pidió que lo hiciera en secreto. Ella aceptó. Algunos medios de comunicación le atribuyeron atentados en España cuando ya estaba en México.
«La cosa es que mi futuro casi inmediato está en juego en toda esa mierda porque yo quería irme a Francia y para eso conviene tener las cosas claras tanto con la 'poli' como con ETA sobre mi alejamiento total del mundo político en el que estuve hace un montón de tiempo pero parece que los últimos no quieren aceptarlo», lamentó. «Estoy entre la espada y la pared. Unos me acusan de ser dirigente y pueden matarme si piso Francia y los otros –ETA– ponen el grito en el cielo como si fuera una traición». Maldice esa dicotomía: «integrada» en la banda o «traidora». Las crónicas de la época cuentan que al funeral de 'Yoyes' asistieron muchísimos expolimilis y 70 de ellos firmaron un manifiesto. «Se identificaban con ella porque ellos también habían abandonado la violencia».
'Yoyes' quiso dejar claro a quién temía. En sus diarios señala directamente que, si alguien acaba con su vida, será ETA. El historiador Gaizka Fernández Soldevilla explica que «no era la primera vez que la banda asesinaba a alguno de sus exmiembros acusándoles de traición. Ignacio Olaiz Michelena en octubre de 1978, Jokin Azaola Martínez en diciembre de 1978, Tomás Sulibarria Goitia 'Tomi' en junio de 1980, José Luis Oliva Hernández en enero de 1981, Miguel Francisco Solaun Angulo en febrero de 1984... Es posible, aunque no está demostrado, que el primero de la lista fuera 'Pertur' en julio de 1976». En el caso de 'Yoyes' ETA lo reivindicó y la tachó de «colaboradora en los planes represivos del Estado opresor español y traidora del proceso de liberación». Uno de sus hermanos replicó: «Confunden evolución con traición».
El historiador del Centro Memorial apunta que «el dirigente de HB Iñaki Aldekoa justificó su asesinato aduciendo que, y cito textualmente: cualquier ejército del mundo en un estado de confrontación no puede permitirse que uno de sus jefes de Estado Mayor aparezca paseando por territorio ocupado por el ejército contrario. Entre otras cosas, porque demostraría que no había guerra alguna». Según Soldevilla, «ETA no le había dado permiso para volver a casa y la utilizó de forma ejemplarizante en un momento en que se estaban dando dos grandes procesos de reinserción, el de ETA (pm) y el que impulsó Joseba Azkarraga, algo que la banda percibía como una amenaza».
En Ordizia gobierna EH Bildu. Herri Batasuna ganó las elecciones de mayo de 1987, ocho meses después de que ETA matara a 'Yoyes'. Kepa Korta, como independiente próximo a Euskadiko Ezkerra, tuvo «80 votos menos» y gobernó en coalición. Era alcalde cuando se celebró el homenaje a aquella vecina que perdió la vida con 32 años. Pese a las presiones y amenazas, acudieron miles de personas. Además de la placa donde la mataron, Ordizia también la recuerda en una escultura de Oteiza. «Hubo un antes y un después con Yoyes porque, una vez que te significas, ya has dado el paso», admite Korta. Él fue un habitual de las concentraciones de Gesto a las que asistían «entre 100 y 400 personas». Vivió las contramanifestaciones a dos palmos. «Un aitona en la nuestra y la nieta en la contramanifestación. Todo aquello fue muy duro». Y tuvo que ver en las paredes: «Kepa Korta, estás muerto». Algunos de ese mundillo le han trasladado que fue muy valiente, que la cosa estuvo cerca. Ahora forma parte de un grupo que quiere «rescatar la memoria de la gente que se opuso a la violencia en diferentes momentos en el municipio».
Han pasado cientos de personas en estas dos horas por este rincón de Ordizia. Kepa Korta no ha parado de saludar a decenas de vecinos. Algunos, le han devuelto el saludo décadas después. «De algunos espero todavía una explicación», confiesa. Todos se conocen en el pueblo. En estas horas de charla han pasado por aquí varios exediles de Herri Batasuna y alguno de Euskadiko Ezkerra. Ha pasado un hermano de 'Yoyes' y algunos que firmaron en contra del crimen. También quienes respaldaron que la mataran. Quizá también esa mano que pintó, con trazo rápido, su sentencia de muerte.