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Fernando Quiroga, Humberto Fouz y Jorge García, en una fotografía juntos.

Memoria

«Que reconozcan lo que hizo ETA y que nos digan dónde están»

Coral Rodríguez Fouz, sobrina de uno de los tres gallegos que desaparecieron, señala que la banda «ya no existe pero sí hay quienes saben y alguno estuvo allí»

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Jesús J. Hernández

El tiempo es un fenómeno extraño que se amolda a las circunstancias. Discurre lento cuando necesitamos que corra, se detiene en instantes caprichosos y hay veces, como esta, en que se queda anclado en un domingo, 24 de marzo de 1973. Han pasado 53 años, mucho tiempo sin una pista cierta sobre los restos de José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga. Eran tres veinteañeros gallegos, vecinos de Irún, que pasaron la muga para ver en Biarritz una película prohibida en la España tardofranquista, 'El último tango en París'. Todo apunta a que ETA les confundió con policías en Iparralde. Aquella tarde desaparecieron.

«Un año más sin saber dónde están mi tío Humberto y sus amigos. Uno más sin saber más de la tortura, el asesinato y su desaparición a manos de ETA», se lamenta Coral Rodríguez Fouz, sobrina y ahijada de uno de ellos. Sabe bien que la banda «ya no existe, pero sí existen quienes la apoyaron y algunos de los que estuvieron allí aquel día», señala. Ella misma escribió en 2024 a uno de los etarras que aparece en el sumario. No hubo respuesta.

En estos años han pedido conocer la verdad los familiares, los gobiernos central y vasco, el Parlamento vasco, el Memorial de las Víctimas del Terrorismo, el Instituto Gogora y asociaciones de víctimas del terrorismo como Covite y la Fundación Buesa. «ETA en su última entrevista en 2018 no lo niega pero tampoco confirma nada. Dicen algo tan cínico como que nunca se les ha pedido saber seriamente... increíble. Más seriamente que lo hemos hecho sus familiares tantas veces. Es una especie de reconocimiento implícito por su parte», valora. «Hablan cínicamente de ensuciar el nombre de ETA cuando está manchado desde el primer asesinato», añade. Su tesis es que «quizá no dan más pasos porque, al no haber aparecido los cadáveres, creen que se puede reabrir». Quizá por eso la banda asumió en 2018 la masacre de Rolando pero no esta desaparición. «Que reconozcan la verdad y que nos digan dónde están los restos».

En estos días, mientras se desclasifican los papeles del 23-F, algo se remueve. «Mertxe Aizpurua decía el otro día que las familias y la sociedad vasca tienen derecho a saber qué pasó con 'Naparra' –José Miguel Etxeberria–. Por supuesto que sí, es cierto. Aunque nunca preguntan por 'Pertur', sobre el que hay más dudas de si lo mató ETA. Y jamás dicen nada de nuestros familiares, se olvidan de ellos. Esa información la tienen a mano y la pueden desclasificar ellos. A Aizpurua le pido coherencia».

Lo dice Coral Rodríguez Fouz –que ha sido senadora y parlamentaria socialista– desde la misma convicción con que «condené el GAL y todo. Cuando asesinaron a Muguruza, escribí también condenándolo. Matar a alguien siempre es un error». Y va más allá. «También si se trata de un terrorista, como Tomás Pérez Revilla». Le apodaban 'Hueso' o 'Tomasón' y le vinculan presuntamente con la desaparición de los tres gallegos. «Cuando el GAL le mató se convirtieron en victimarios como él y nos hurtaron también la posibilidad de saber qué había pasado aquel día».

Con los años, la verdad ha ido tomando asiento. «Tengo la satisfacción de que hemos roto un muro de silencio», admite Rodríguez Fouz. Han tenido que desbrozar un silencio espeso.

«Al principio, no se sabía nada. Los primeros días mi madre pensaba que podía ser un accidente. Meses después comenzó a circular la autoría: que había sido ETA. Es imposible hacer el duelo así. Mi madre se despertaba por las noches gritando que los había visto en sueños. Fue una angustia horrible. Pero tuvo que tirar hacia adelante por sus hijos».

El diario 'Hierro' fue el primero en hacerse eco de una historia de la que se ha escrito mucho pero sobre la que se ha sabido poco. El vespertino contó que los tres jóvenes habían sido agredidos en San Juan de Luz por un grupo de etarras. Alfredo Semprún, en 'Abc', fue un paso más allá el 26 de diciembre de 1973 y relató que habían sido asesinados y hechos desaparecer por ETA. Pocos meses después hubo otro caso similar. «Tres policías nacionales fueron torturados y aparecieron muertos en un búnker en San Juan de Luz», cuenta la sobrina de Humberto.

Un Austin 1300

Los detalles se quedan clavados en la memoria. Como aquel Austin 1300 que conducía Humberto cuando desapareció. «Cada vez que mi madre ve las imágenes del asesinato de Carrero dice que es el mismo vehículo que los etarras aparcaron en doble fila para que el presidente del Gobierno franquista pasara por encima de donde estaban colocados los explosivos. «Fue sólo unos meses después y ella está segura de que es el mismo coche, que era un modelo nada frecuente».

Nadie ha buscado ese número de bastidor. Realmente nadie ha investigado casi nada en este caso, que fue un despropósito desde el principio. «El sumario se archivó muy rápido, ya en 1975. Todas las peticiones del procurador en nombre de los padres de los tres chicos fueron respondidas con un 'no ha lugar'. Ese sumario clama al cielo», valora. Se reabrió de forma fugaz en 2005 pero se cerró sin avances tras tomar declaración a un miembro de la banda.

Cuenta Coral Rodríguez Fouz que conserva las postales que les escribía su tío. «Aunque yo no le recuerdo, mi madre siempre nos ha contado que era un cielo de persona». Objetos de un duelo inacabado. Rodríguez Fouz reivindica la necesidad de «recuperar los cuerpos de las víctimas del franquismo. Claro que sí. Y nosotros también tenemos ese derecho con Humberto y sus amigos».

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