Cuidadoras compartidas para ancianos contra la soledad
Ayuntamientos italianos prestan asistencia domiciliaria por horas entre vecinos de un mismo edificio para mejorar su independencia y que puedan seguir viviendo en sus casas
Roma
Como cada mañana, Ignazia Carpitella, conocida por todos como Ina, empieza su ronda de visitas a los ancianos a los que asiste en un complejo ... de viviendas sociales para personas de más de 65 años con pocos recursos de la ciudad italiana de Pavía. Con algunos, como la octogenaria señora Laura, Ina sólo se queda el tiempo necesario para un café, asegurarse de que se ha tomado las medicinas y charlar un rato. Las tareas son mucho mayores con otros de los 22 vecinos que se benefician de este servicio gratuito de dos asistentas compartidas, pagadas por el Ayuntamiento. «Hay quien precisa que le hagamos el cuidado personal, como la higiene privada, o necesita cuidados médicos», explica esta cuidadora que le alegra el día a Laura cada vez que aparece por su puerta y le da un par de besos. «Estamos muy bien atendidos con ella. Es una muchacha que acompaña, ayuda y hace lo que se necesita. Hicimos la petición al Ayuntamiento y nos la mandaron porque necesitábamos que nos echaran una mano. Ella viene con mucha disponibilidad y nosotros estamos contentos», explica la anciana, que trabajó durante años en diversas fábricas de esta industriosa zona del norte del país antes de jubilarse.
Experiencias como las de Pavía, donde desde 2019 funciona con éxito este servicio de cuidadoras compartidas, empiezan a ser habituales en Italia, uno de los países con la población más envejecida del mundo. No en vano la edad media ha llegado ya a los 49 años, la más alta de Europa, mientras que las personas de más de 65 años son casi el 25% de sus 59 millones de habitantes. Los ancianos de más de 80 años son 4,6 millones, una cifra superior a la de los niños menores de 10 años. Para tratar de hacer frente a las necesidades de los mayores, cada vez más administraciones públicas impulsan proyectos de cuidadoras compartidas entre vecinos de un mismo edificio, de manera que los ancianos reciban ayuda cotidiana en las tareas domésticas o en los cuidados médicos. Este servicio ayuda además a combatir la soledad y a mantener la autonomía, alargando el tiempo de permanencia en la propia casa y retrasando la entrada a una residencia.
Inspiración para España
«Son ancianos que, por desgracia, no pueden permitirse una asistencia las 24 horas ni tampoco diaria. Así que pensamos que la mejor solución para ellos sería compartir una asistencia en el edificio. Tenemos a dos cuidadoras a media jornada, con 40 horas semanales, distribuidas según las necesidades», explica Giovan Battista Sansica, de la asociación Vasi di Creta, que lleva desde 2008 presente en el proyecto de pisos sociales de Pavía, construidas por el Ayuntamiento y el ente de vivienda pública regional de Lombardía. Las casas son autónomas, pero el edificio también cuenta con espacios comunes donde cocinar y comer juntos y realizar actividades culturales y de tiempo libre. «Hacemos de todo. Les damos compañía, vamos con ellos al médico, al hospital o a la compra. Veíamos que sus necesidades aumentaban, así que creamos primero el comedor y luego lanzamos lo de las asistentas compartidas», cuenta Sansica mientras prepara el menú de hoy: una sopa con pasta y verduras, ensalada, mozzarella y mortadela. Le echan una mano a la hora de cocinar y preparar la mesa algunas vecinas, que luego también recogen y se quedan un ratito de charla mientras toman el café. La asociación recibe una subvención municipal anual de 68.000 euros, que permite costear las dos asistentas y el resto de servicios que se ofrece a los 42 vecinos.
Los mayores de 80 años alcanzan ya los 4,6 millones en Italia.
La experiencia más antigua de este tipo en Italia es la que funciona en Bolonia desde 2010. Ese caso, como el de Pavía, muestra que para que estas iniciativas tengan éxito resulta primordial la presencia de alguna asociación que las siga de cerca. «Nosotros hemos creado una red entre las familias, las asistentas y asistentes sociales y Confabitare, porque la presencia de nuestra asociación en todo el territorio ha contribuido a mantener vivo este proyecto», explica Alberto Zanni, presidente de la asociación Confabitare de Bolonia. Unas 200 personas mayores que viven en 62 viviendas se benefician del modelo de las cuidadoras compartidas, que pagan en parte las familias. El Ayuntamiento de Roma espera lanzar en los próximos meses una iniciativa similar en algunos edificios de viviendas sociales de propiedad municipal. En Milán, en cambio, el proyecto de cuidadoras compartidas que se puso en marcha hace unos años no cuajó.
El caso de Italia puede servir de inspiración en España de cara al Marco Estratégico Estatal de Soledades (2026-2030) anunciado recientemente por el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy. Con esta estrategia el Gobierno de nuestro país pretende luchar contra la soledad no deseada, un problema que no es exclusivo de los mayores, aunque sí sufren de manera particular. Los casos italianos muestran que contar con una cuidadora compartida entre distintos vecinos de un mismo edificio o barrio ayuda a mejorar la sociabilidad e independencia y evita la soledad.