Algo más que un apagón
Alguien podría pensar que la decisión del Gobierno vasco hace año y medio de reducir las áreas a evaluar a los estudiantes en sus pruebas ... de diagnóstico obedecía al típico calentón tras unos malos resultados. No era así. No era un apagón puntual sino un apagado, como el de un alto horno o una central nuclear, programado con un objetivo, la suspensión de la actividad o el cierre de la instalación. En este caso, el cese de toda información pública, fiable y tangible sobre las consecuencias de nuestra política educativa. Para que no pensemos con datos y con cabeza, sino desde la emoción y el corazón.
Y es que para ese día, el Gobierno vasco ya había decidido reducir la información sobre esas evaluaciones, nada menos que en un 90%, y manipularla si fuera necesario, como hemos comprobado. Para ese momento, ya había decidido secuestrar el detalle de nuestra participación en el estudio PISA 2022, que ahí sigue, retenido 'sine die'. Y ya había decidido asimismo que su participación en la siguiente edición, cuyos resultados se conocerán pronto, se redujera «al mínimo requerido», la muestra más pequeña de toda la historia de la participación vasca para representar, contradictoriamente, a la cifra más alta de estudiantes.
El País Vasco fue de las primeras comunidades en participar con muestra ampliada en PISA para «disponer de datos representativos». La mayor de todas, hasta ahora. Por otro lado, solo en dos ocasiones se había atrevido al secuestro de una investigación educativa: en 2007, hibernando el 'Análisis de la educación bilingüe' realizada por un grupo de personas expertas elegidas por el propio Departamento de Educación, y en 2017, impidiendo la publicación del Informe PIRLS sobre comprensión lectora, uno de las primeras señales de alarma de nuestra deriva. Pero desde hace unos años, las acciones que preparaban el apagado eran claras y las maniobras para encubrirlo, también.
No es propio de un gobierno democrático un cierre informativo de los rendimientos del alumnado, ni de una administración eficaz desconocer los efectos de sus políticas y el desempeño de sus estudiantes, quiénes lo hacen mejor y quiénes peor, paso obligado para cualquier avance. Pero a nuestro Gobierno (impensable que esto obedezca al capricho de una consejera) le atrae mucho el estilo del otro lado del Atlántico, el del bullshit y las fake news, esto es, el de la manipulación y la mentira ignorante de sus consecuencias. Y eso es aún peor que los malos resultados en PISA.
¿Constituye la educación, y la política lingüística que tanto la condiciona, el campo de pruebas de un apagado más generalizado? ¿Serán nuestros próximos pasos ocultar el tiempo de espera en el sistema público para una cirugía, los datos de desempleo por comarcas o el precio medio del alquiler en cada municipio? La tentación quizás sea demasiado fuerte para nuestro Ejecutivo, pero en todo caso ya ha optado en materia educativa. Claro que sus aliados son poderosos y sus víctimas las más inermes e indefensas. Presa fácil.