Fotogalería
Las consecuencias del fuego
Desde el puerto cántabro de San Glorio hasta Boca de Huérgano, en León, los incendios han calcinado los valles que delimitan ambas comunidades
Santander
Cantabria se ha librado de las consecuencias del fuego por una mezcla de azar y orografía. La suerte ha tenido mucho que ver en que el valle de Liébana no sea un paisaje de ceniza y tierra quemada como la limítrofe zona leonesa.
Arbustos calcinados, con ramas negras que parecen brazos pidiendo auxillio.
Los límites a los que han llegado las llamas quedan perfectamente definidos sobre el terreno.
Más de 165.000 hectáreas, según las estimaciones, han ardido en Castilla y León.
Tras el fuego llegarán sus consecuencias, como la erosión del terreno, las escorrentías y la desertificación de las zonas más áridas.
En Tierra de la Reina, las llamas han llegado hasta el arcén de las carreteras.
Las zonas montañosas rocosas han servido como barrera natural para evitar que el fuego se propagase.
El paisaje es ahora una sucesión de tierra y árboles quemados, con el suelo cubierto de ceniza negra.
Una cabaña de pastor salvada del fiego.
El fuego superó las carreteras y se propagó por toda la ladera.
En el puerto de Pandetrave, muchas personas se asoman a mirar las consecuencias del fuego.
Dos efectivos de la UME en el retén que se mantiene en el el puerto de Pandetrave.
Entre la vegetación aún se elevan columnas de humo.
Las señales de tráfico han sido igualmente pasto de las llamas.
Las zonas verdes que se han salvado contrastan con el desolador paisaje quemado.