Un eclipse para la historia a pesar de las nubes
De los cielos despejados de Valderredible o Bareyo a la nubosidad de Peña Cabarga o Suances, Cantabria vivió una jornada de contrastes que dejó bellas imágenes de la corona solar y sumió a la región en una breve y asombrosa noche
Santander
Se hizo de noche en Cantabria a las ocho y media de la tarde. Una noche breve, asombrosa, algo nublada. La temperatura bajó y hubo ... exclamaciones de sorpresa y aplausos, cuando no silencio, en acantilados, picos y peñas, balcones, pistas forestales, barcos, playas o aceras, los lugares en los que se fueron concentrando cántabros y visitantes, nacionales y extranjeros, desde primeras horas del día.
Un día llamado a ser memorable en Cantabria a pesar de las nubes que entraron en escena a media tarde por la parte occidental y encapotaron el cielo en lugares como Peña Cabarga, desluciendo el seguimiento del fenómeno en uno de los puntos fijados por el Gobierno para esta jornada histórica. Allí no se veía nada, literalmente, y a media tarde hubo gente que, decepcionada, abandonó la cima en busca de una mejor visibilidad.
El tiempo dio pie a una observación de contrastes. Sin salir de Cantabria, se vivieron escenas totalmente distintas. De un lado, lugares como el páramo de La Lora (Valderredible) apretó el calor –aviso amarillo incluido–, donde las nubes asomaron tímidamente. O la explanada junto al faro de Ajo, en Bareyo, donde el horizonte se mantuvo despejado y propicio para observar esta perfecta alineación del Sol, la Luna y la Tierra con gafas especiales y, quien pudo, con telescopios y prismáticos protegidos con filtros.
Contrastes
Sin salir de Cantabria, se vivieron escenas distintas en La Lora o Bareyo, con mejor visibilidad; y en San Vicente y Suances, con cielos cubiertos
De otro lado, San Vicente de la Barquera, donde el cielo acabó cubierto, pero el entusiasmo se mantuvo intacto. «¡No he visto esto en mi vida, impresionante!», exclamaban los clientes del Yepah Bar, un local al pie de la playa, donde muchos seguían aún fascinados minutos después de la totalidad.
Sin abandonar la costa, en la Virgen del Mar, en Santander, otro de los enclaves más animados de la jornada, también abundaron las escenas campestres durante todo el día: mesas, sillas, sombrillas, bocadillos, juegos de cartas y el móvil preparado para captar las distintas fases del eclipse. El 'disgusto' llegó a pocos minutos de empezar, cuando el cielo empezó a cubrirse de nubes y la visibilidad disminuyó muchísimo. Pocas posibilidades de ver en ese cielo el anillo de diamantes o las perlas de Baily, dos de las joyas que desvelan los eclipses totales de Sol, y que tanto buscan por el mundo los cazadores de estos fenómenos.
Bellísimas imágenes
Pero seguimos con los contrastes. La apertura de claros en el cielo de Santander permitió captar bellísimas imágenes de la corona solar en la zona del faro de Cabo Mayor. Y lo mismo sucedió en el puerto de Palombera. En el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, cientos de personas asistieron en primera fila a la estampa de una manada de elefantes reagrupándose ante la llegada de la oscuridad. Y en medio del silencio que se hizo en este enclave natural se escuchó nítido el rugido de un león. Otra de las curiosidades del día.
De este modo, con todo, con nubes y con brumas, entre los aplausos de unos y la resignación de otros, el 12 de agosto de 2026 es la fecha del primer eclipse solar total visible en la comunidad en más de un siglo. Fenómenos como el de ayer se producen un par de veces al año, puede que incluso alguna más, pero lo excepcional es que sucedan a las puertas de casa.
Porque a pesar de las nubes, se hizo de noche en Cantabria a las 20.27 horas, ahí llegó el momento de totalidad. La noche se echó encima a mucha velocidad. Bajó la temperatura. Apenas un minuto duró en Santander, 98 segundos en el páramo de La Lora, el lapso más largo. Cantabria vivió un momento único, con gaviotas revolucionadas y personas en similar estado de excitación. «¡Qué guapo, qué guapo!», gritaban en Bareyo, en una finca junto al faro a la que la gente fue llegando, poco a poco, en autobús. «¡Impresionante!», exclamaban ante la imagen, casi irreal, de la corona solar estampada en el cielo.
El tiempo, el condicionante
La región volvía la mirada al oeste poco antes de las siete y media. Hasta ese momento, la atención estuvo en el tiempo. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) avisó a primera hora del día de que mantenía Valderredible y ciertos puntos al sur de la región como los más probables para tener cielos despejados y, por tanto, más visibilidad de ver el fenómeno completo; pero también recordó la posibilidad de que entraran nubes bajas por la costa occidental. ¿Cuándo? Por la tarde-noche, no se podía precisar más. Y fue más bien por la tarde que por la noche, materializándose la nubosidad en todo su esplendor en Peña Cabarga, pero también en puntos como Comillas o Suances, donde hubo gente que abandonó la zona con la decepción en la mochila. En Valderredible, el cielo aguantó despejado, brillante, un lienzo oscuro y «espectacular» en La Lora.
Isabel Urrutia, consejera de Presidencia y Justicia, hacía a media tarde un primer balance del enorme dispositivo de prevención desplegado en Cantabria, con más 1.400 efectivos de las Administraciones estatal, autonómica y municipal en sintonía. El ejecutivo activó el Plan Territorial de Emergencias de Protección Civil (Platercant) para coordinar todo el entramado.
El tiempo
La nubosidad entró por la zona occidental y provocó desbandadas en Peña Cabarga o en Suances
Puestos de mando avanzado en funcionamiento, algunos aparcamientos aún con plazas libres, nubes en Peña Cabarga –Urrutia descartaba de plano la «visibilidad» en este enclave–; las restricciones previstas en las carreteras y retenciones en las vías que estaban «dentro de la normalidad», valoró la consejera, no sin también agradecer a los ciudadanos ese acceso escalonado a los cinco puntos fijados por el Gobierno para la observación del eclipse: Peña Cabarga, Suances, un tramo de Costa Quebrada, el páramo de La Lora y Bareyo. Los incidentes de los que fueron dando cuenta las autoridades tuvieron que ver, únicamente, con retenciones o con la detección de un dron a manos de la Guardia Civil volando sobre el espacio aéreo, ayer restringido, en el punto de observación de la playa de Valdearenas, en Piélagos.
La palabra que usó Urrutia fue «normalidad». Normalidad en un día en el que Cantabria miraba al horizonte en busca del conocido como 'eclipse del atardecer', el primero de un trío de fenómenos que serán visibles desde la península que llegarán en 2027 y 2028, aunque Cantabria ya no estará en estas dos citas en la franja de totalidad que ha ocupado en esta ocasión junto con otras once autonomías.
No importa la precisión con la que la ciencia predice los eclipses, son fenómenos que siguen causando enorme expectación y hasta hay cazadores que los persiguen por el mundo adelante. Los investigadores han aprovechado esta fecha para seguir conociéndolos. Prueba de ello es la pequeña expedición marítima que fletaron el Gobierno autonómico, la Universidad de Cantabria (UC) y el Instituto de Física de la comunidad autónoma (IFCA) en la que, además de 130 ciudadanos afortunados con una plaza a bordo, viajaban científicos con instrumental para documentar este fenómeno.
Lecciones de expertos
Ya solo ver la corona de forma natural le merecía la pena a la astrofísica Rosa Domínguez, que dirigió parte de las explicaciones a bordo y que 'aterrizó' sus conocimientos de astronomía para que todos los viajeros entendieran en qué consistían las tres fases de este eclipse total de Sol: la inicial, la fase de totalidad y el tramo final, dos horas de espectáculo en directo.
Y más ciencia. En el Parque de Cabárceno se sumaron a un proyecto nacional para entender el comportamiento de los leones y los elefantes. Y la Agencia Estatal de Meteorología también tenía previsto lanzar dos globos sonda más de los habituales, a las seis y ocho de la tarde, para recabar información sobre el evento. «Nos interesa bastante ver cómo han ido variando las distintas variables meteorológicas por el eclipse», contaba por la mañana Sergio Fernández, al frente de la delegación territorial de la Aemet en Cantabria.
Ya solo la observación de la corona mereció la pena para la astrofísica Rosa Domínguez, que explicó el eclipse a bordo de una embarcación
Es probable que el eclipse que ayer vivió Cantabria en primera fila no se repita de nuevo en otros cien años más. Y tampoco las retenciones de más de cinco kilómetros que se formaron en la A-67 por una colisión por alcance en Arena de Iguña. Cosas del regreso. O las imágenes de una marea humana dejando atrás el Faro de Cabo Mayor, donde vivieron una tarde-noche para el recuerdo. O las miles de fotos guardadas en los teléfonos móviles que 'sobrevivieron' al eclipse del siglo.
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