Crítica de cine. 'Mis queridísimos padres'
El color familiar del dinero
Embajadores Santander | Hay algo fallido en este totum revolutum en el que el endeble ritmo deja la comedia en un terreno reiterativo y artificial
Santander
La ecuación comedia, familia y sátira, con cierto trasfondo de humor negro, se queda en el mero enunciado en esta cinta francesa de Emmanuel Patron. ... El miedo quizás a traspasar determinadas líneas rojas, más pendiente de mantener la referencia de la ternura, se enquista en una intriga doméstica y renuncia a ahondar en la sátira social. En realidad el argumento de 'Mis queridísimos padres' –una reunión familiar, con anuncio incluido, que desencadenará una sucesión de situaciones (muchas de ellas desaprovechadas)– es carne de franquicia, de saga casera o de remake, aunque el cineasta de 'Una verdad a medias' se limita y ajusta a una rutinaria confrontación generacional desde la simpatía, solo elevada por algunos diálogos lacerantes y una ironía muy dosificada. El resto va saliendo adelante entre alguna vuelta de tuerca al sarcasmo, pero lejos de la mordacidad que pedían algunas colisiones familiares.
Es curioso el encadenamiento o las asociaciones que pueden darse especialmente en la comedia actual con muchos espejos y reiteraciones o reflejos paralelos y escasas muestras de originalidad. En este caso el filme es una adaptación de la comedia teatral de los hermanos Emmanuel y Armelle Patron. A su vez puede recordar a la reciente cinta española 'Un lío de millones' (Susan Béjar), con el cántabro Antonio Resines a la cabeza (lo mejor del filme) que curiosamente es un remake de la película francesa 'Mes Très Chers Enfants' de Alexandra Leclère.
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Año y duración 2026 y 86 min.
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País Francia
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Dirección Emmanuel Patron
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Guion
Emmanuel Patrony Armelle Patron -
Reparto André Dussollier, Miou-Miou, Arnaud Ducret, Thomas Solivéres
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Género Comedia
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La cinta de los Patron arranca con esperanzadora clase pero a raíz de su sumisión a unos cuantos giros, su pretendida elegancia se diluye en lo más burdo. Subyace en el conflicto la hipocresía, el poder del dinero, el edadismo, los cadáveres en el armario familiar, la avaricia pero la comedia discurre en el terreno más facilón y en el menos pantanoso en un duelo de lo cómodo e incómodo del que resulta perdedor el enredo y, lo que es peor, el tono y el tempo del tratamiento de la trama. Triunfa el disparate y sale malherida la efervescencia de los tipos familiares y sus miserias, egoísmos y duelos posesivos. En el reparto y en el engranaje André Dussollier y Miou-Miou dan mucho juego a la hora de huir del topicazo y del perfil manido. Falta malicia y sobra conservadurismo en la disección moral de personajes y situaciones a la hora de mostrar los endebles principios. Hay algo fallido en ese escenario de totum revolutum donde la crítica social, la ingenuidad y lo discursivo no casan y la ausencia de ritmo va atrapando la comedia en ese terreno un tanto atorado y artificial. Una sonrisa muy de molde y forzada.