Crítica de cine. 'Una noche al año'
Distópica bobería
Cinesa y Ocine| El cineasta de 'Rumores y mentiras' no da con la tecla de sus comedias un tanto gamberras y alborotadas
Santander
Es más bobalicona que pretenciosa. Y menos inocente y liviana de lo que parece, dado que se pliega en lo más conservador posible. Como comedia ... solo su pareja protagonista se esfuerza en con(jugar) con cierta ironía y distanciamiento con la trama disparatada y nunca por ello justificable desde un punto de locura, ni desde ese indefinido lado falsamente distópico en el que pretende asentarse. La premisa jocosamente dislocada es que la vida en Estados Unidos ha cambiado tanto que una ley prohíbe a las personas mantener relaciones sexuales prematrimoniales. Solo una noche al año se levanta la prohibición y se permite a las parejas no casadas tener sexo. Lo único válido de esta descripción de esa sociedad mediatizada por una tinanía asexual –y esa sí es otra comedia que da miedo–es la que da a pensar que con Trump podría llegar a ser cierta. Entre el encuentro azaroso y el esfuerzo de la pareja protagonista por hacerlo creíble transcurren una serie de conversaciones y diálogos que se pretenden graciosos y acaban por ser molestos.
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País y año EE UU. 2026
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Dirección Will Gluck
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Guion Travis Braun y Gluck
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Reparto Monica Barbaro, Callum Turner, Maya Hawke, Julia Fox
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Género y duración Comedia romántica. 102 min.
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Este 'Jo, ¡qué noche!' de pseudo romanticismo apresado, de fugaz aventura con fecha de caducidad utiliza el deseo como arma de control, describe una sociedad (sin ser del todo serio) que parece justificar el fascismo y salvo algún gesto de los intérpretes, Callum Turner y Monica Barbaro, suena monótono y vulgar. Podría simplemente hablarse de simpleza fallida pero el cineasta de 'Rumores y mentiras' no da con la tecla a la que se aproximaban sus comedias un tanto gamberras y alborotadas como resortes para buscar la simpatía y la empatía, caso de 'Con derecho a roce' y 'Cualquiera menos tú'. Will Gluck, sin embargo, en esta 'Una noche al año' parece desprendido de lo que cuenta, como si no creyese en ello, y va saltando de género en género con más descuido y bobería que implicación y ganas. En esa ciudad (Nueva York) de un futuro que no parece haberse movido del presente discurre esta supuesta nadería que ni transgrede ni encanta. Una prueba más de que la comedia vive inmersa en una crisis de historias.
Más artificiosa que inteligente, ni tiene entidad como para calificarla de rareza ni humor suficiente como para proyectarse en un trasunto cómico y sexual de la franquicia de terror distópico 'The Purge (La Purga)'. Incluso el factor absurdo queda como una mera excusa. Ni cree en la farsa ni la practica y carece de acidez para dotarla de esa agitación que en toda buena comedia romántica cuando se desliza por el filo entre la pasión, el amor tenso y la posibilidad siempre abierta de que se desmorone. Aquí todo se queda momificado, que no hipnótico, en una idea.