Plazuela de Pombo
Del releerse
He tratado de representar la situación real de un escritor obstinado, consciente de que la comunicación con sus lectores es el cimiento de toda escritura valiosa
Santander
He releído dos novelas mías, una de 1999 titulada 'La cuadratura del círculo', y otra de 2005 titulada 'Contra natura', y me parece oportuno hablar ... de esas dos relecturas ahora. Dice Mallarmé que todo existe para convertirse en libro. Y dice, en el siglo XI el duque de Aquitania «Farai un vers de dreit nien»: Haré un poema sobre la pura nada. En 1999, escribí yo 'La cuadratura del círculo', una novela de quinientas páginas donde resuena la poderosa voz, épica e irónica a la vez, del noveno duque de Aquitania. La pura nada son las naderías de una gran corte medieval entre los siglos XI y XII. Releo ahora lo que escribí y me asombra mi propia prosa barroca. El truco del señor duque fue hacer aparecer la nada en el todo y el todo en la nada: «Tot is rien». A mí me pareció tan poderosa su voz de entonces y su poesía caballeresca que escribí yo mismo una prosa barroca con intención de evocar esa gran voz ducal. ¿Conseguí hacerlo? Estoy ahora releyendo esa novela mía y comparándola con otra escrita en 2005 titulada 'Contra natura'. La prosa de esta segunda novela es completamente moderna y la acción también. Es una novela de nuestros días sobre un tema de actualidad: el homoerotismo.
Cuando se piensa en la frase de Mallarmé que todo existe para convertirse en libro, uno está encantando a los editores y uno está cediendo a una 'hibris' subjetiva. Escribir es una actividad endiablada. Ahí tenemos el 'Fausto' de Thomas Mann por si nos quedan dudas. El endiablamiento que yo requería en aquel instante era verbal. El mismo que requiere Adrian Leverkühn para su música. Oímos la música de Leverkühn, una música contada, no oímos la música propiamente dicha. Esto es adecuado porque lo que leemos es ficción, los personajes de Thomas Mann son ficción y sus voces y su música también. Hubo un tiempo en que yo creí que esta inmersión absoluta en el fraseo y en la composición de una novela era todo lo que había, todo lo que yo personalmente tenía que hacer. Ese todo, sin embargo, era imaginario, lo imaginario que iba volviéndose enrevesadas descripciones de la corte de Aquitania, del paisaje y de la vida de un personaje, Acardo Claraval, que es uno (ficticio) de los primeros monjes que funda, con Bernardo de Claraval, la Orden Cisterciense. Fue arriesgado contar a la vez una fundación monástica real, el Císter, que ha durado hasta nuestros días, con una invención directa de una vida monacal. Tengo la impresión de que esta novela, reeditada cinco veces y que tiene quinientas páginas, no fue entendida por casi nadie. El contexto histórico es la Segunda cruzada, y en esa cruzada salió todo el cristianismo de la época bienparado y malparado a la vez. Es mi único intento de escribir novela histórica. Mi único intento de hacer ver, a través de una prosa sumamente compleja, la claridad de la inspiración divina. En el segundo libro, 'Contra natura', en cambio, estamos en plena cotidianidad, nos movemos en el Madrid de hoy en día y el tema es popular: las relaciones homoeróticas de dos parejas homosexuales. Aquí la prosa es funcional, como si se hubiese barrido toda decoración limitándola a simples apuntes de lugar y de fecha y de hora. Son otras quinientas páginas de relato que se comprende fácilmente a la primera lectura. Yo era el mismo en ambos casos, pero no puedo decir exactamente que me vea ahora lo mismo que me veía entonces. Ahora me veo como un escritor realista, entonces me vi como un escritor hiperrealista, como un narrador salvaje. Logré dos novelas, mil páginas en total, que hacen de mí un Dioscuro. Estoy reproduciendo en esta popular Plazuela santanderina una experiencia literaria convertida en libros de la cual podría decirse que todo es nada, o al revés, que he logrado controlar a lo largo de mil páginas la energía narrativa que en esos años surgía voluminosamente en mi boca: el pensamiento se hace en la boca, decía Sartre. Y ahora que releo estos dos libros creo que Sartre tuvo razón al decirlo.
He tratado de representar aquí la situación real de un escritor obstinado, seguro de sí mismo y, a la vez, consciente de que la comunicación con sus lectores es el cimiento de toda escritura valiosa. ¿He conseguido inspirar a mis lectores con estas dos novelas? Juntas son mil páginas de prosa. ¿Resultan legibles? ¿Puede trazarse una continuidad narrativa entre ambas? ¿Una continuidad de estilo narrativo? Las novelas que escribí entre las dos fechas son 'El cielo raso' (2001) y 'Una ventana al norte' (2004). Pasó que tuve suerte, y que me sentí fuerte. Pero ambos sentimientos se agruparon en un sentimiento de interioridad labrada muy conscientemente. Fue una experiencia literaria subjetiva incesante. Echo de menos ahora ese torrente de conciencia. Esta es sin duda ninguna una Plazuela promocional. Un autopombo. ¿Qué pensarán los fieles lectores santanderinos que me queden a estas horas? El Gobierno de Cantabria me entregó su medalla de oro el 10 de abril de 2025. Fue para mí una gran sorpresa, un gran estímulo.