Monjas rebeldes
Recuerdo que lo cantaba Jeanette: «Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así». Pero lo que son las cosas, alejarse del mundo en la ... clausura de los conventos tampoco es garantía para domesticar almas que descansen en el redil.
La pasada semana visité en Arriondas una exposición de la fotógrafa Charo Ibáñez y nos propusieron comer en el restaurante que las monjas excomulgadas de Belorado (Burgos) han establecido en esta localidad asturiana. Estas clarisas, tras su enfrentamiento con el Arzobispado de Burgos y salpicadas con acusaciones de apropiación de patrimonio, combaten con las autoridades eclesiásticas con su arma más poderosa: el trabajo y las virtudes culinarias. Y es que, como decía uno de sus seguidores, donde estén las trufas de las hermanas, que se quiten las notificaciones papales.
El restaurante se llama Santa María del Chicu, tiene vocación casera, precios muy populares y entre fabada, huevos fritos con morcilla de Burgos o sus famosos postres que dan vértigo, las reflexiones sobre los cismas de la Iglesia se van masticando 'urbi et orbe'. Porque las religiosas de Belorado no son las únicas. Tres monjas octogenarias de Salzburgo (Austria), las únicas que quedaban del convento alpino y colegio de niñas Schloss Goldenstein, donde habían sido profesoras, huyeron de la residencia de ancianos donde las llevaron engañadas para regresar a su convento con el apoyo de varias de sus antiguas alumnas. No se desmoralizaron cuando lo vieron desmantelado. Contrataron a un cerrajero, entraron y se han convertido en un fenómeno viral en las redes sociales. Las hermanas Regina (86 años), Rita (81) y Bernadette (88) no han querido negociar con la diócesis local porque exigía que cerraran sus cuentas en redes sociales. Y allí siguen de okupas.
Unas fuera del convento, otras dentro, las monjas rebeldes son una llamada de atención de la fuerza de la mujer en el seno de la Iglesia. Y con ellas hemos topado, amigo Sancho.