El rastro de las cenizas
Un paisaje irreconocible, cientos de viviendas afectadas y vecinos que regresan para enfrentarse a las pérdidas materiales y emocionales
Madrid
Tras siete días de lucha contra las llamas, los incendios que han arrasado la Sierra Oeste de Madrid, el sur de Ávila y parte de ... la provincia de Toledo han quedado estabilizados. El Gobierno cifra en 180.000 hectáreas quemadas, una pérdida de biodiversidad aún por determinar y muchas familias sin un hogar al que volver.
Fernanda recuerda cómo su cuñada tuvo que salir corriendo a casa de su suegro de 90 años, que vive en la urbanización Santa Ana en Navas del Rey, había que ponerlo a salvo. Por suerte, la Guardia Civil ya estaba desalojando a los vecinos y fueron a refugiarse a la plaza de toros del casco urbano.
Lo que ha encontrado a la vuelta son escombros, la imponente casa con piscina a la que un enorme pino cobijaba con su sombra había desaparecido. Por un lado, está el disgusto de su suegro, que ha perdido toda su vida, sus recuerdos, sus bienes materiales, pero al mismo tiempo Fernanda dice sentirse feliz: «Porque lo material volveremos a reconstruirlo juntos, hemos nacido sin nada y sin nada volveremos, estamos felices por estar vivos y nuestros hijos también».
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Unas calles más arriba, llegan tras varios días de angustia Alberto Pulido y su mujer, a la que aún le cuesta articular palabra sin echarse a llorar. Cuando se enteraron por la televisión desde su casa de Madrid de que el fuego alcanzaba Navas del Rey, el miedo y la impotencia se apoderaron de ellos. El esfuerzo de toda una vida pendía de un hilo. Su segunda residencia, donde pasan fines de semana y vacaciones junto a sus hijos y nietos y donde Alberto guarda desde hace más de cuarenta años una valiosa colección, estaba en el epicentro de uno de los incendios más voraces de la historia de España.
Una de las zonas afectdas por el incendio en embalse de San Juan
El pasado jueves pudieron acceder por fin a la urbanización Santa Ana para comprobar el alcance de las llamas. Lo que encontraron fue una mezcla de alivio y dolor. Su casa se había salvado milagrosamente del fuego, solo había que ver cómo ha quedado el resto de la finca y las casas de algunos de sus vecinos, completamente calcinadas. La cabaña de madera que atesoraba la colección de juguetes antiguos, carteles y otros muchos objetos era ahora un montón de cenizas y lo que antes era una alfombra verde se había convertido en un manto gris. Más allá del valor sentimental de las pérdidas materiales, Alberto se lamenta del estado en el que ha quedado el entorno natural: «nosotros no volveremos a verlo como estaba por la edad que tenemos, no sé el tiempo que nos llevará esto, pero estamos destrozados».
El pantano de San Juan y su entorno han sido otra de las zonas que se han visto gravemente afectadas por el incendio. Esteban Carrasco es el director del camping La Ardilla Roja, en San Martín de Valdeiglesias, arrasado por el fuego y con unas pérdidas estimadas en un millón de euros. Pone ahora todo su esfuerzo en su otro camping, Monasterio de Pelayos, en Pelayos de la Presa, donde las pérdidas se reducen a unas 18 parcelas de bungalows y, por suerte, no se propagó al resto de las parcelas. Están abiertos, aunque apenas acuden los usuarios habituales con parcelas alquiladas durante todo el año, y mientras espera la llegada de los peritos para la valoración de las pérdidas, en el camping se afanan por tener el resto de las instalaciones en perfecto estado, para que este mes pueda funcionar al margen de las parcelas afectadas y la gente siga acudiendo justo ahora cuando más falta hace.
El rastro de las cenizas deja miles de historias como las de Fernanda, Alberto y Esteban. Historias atravesadas por la pérdida, pero también por la voluntad de reconstruir lo que el fuego se llevó y por la convicción de que la reconstrucción no puede limitarse a levantar casas, sino también a proteger un territorio especialmente vulnerable al fuego.