Phil Collins: «Me encantaría volver a enamorarme: besar a alguien»
El músico británico, de 75 años, ajusta cuentas con su adicción al alcohol (que casi lo mata), con sus exmujeres e, incluso, con Paul McCartney.
«Mis riñones estaban fallando, mis órganos se estaban paralizando», recuerda Phil Collins sobre la recaída que en noviembre de 2023 lo dejó al borde ... de la muerte en un hospital suizo. Pasó siete meses ingresado y su familia se planteó retirarle el soporte vital. Hoy, a sus 75 años, tiene movilidad reducida, no puede tocar la batería y vive acompañado por una enfermera.
Leyenda del rock y uno de los pocos artistas que han vendido más de 100 millones de discos, el cantante, baterista y compositor inglés ha concedido a The Sunday Times una entrevista que parecía necesitar. En ella, con una franqueza insólita, habla del alcoholismo que casi lo mata, de su deterioro físico y de la fama que, dice, nunca buscó.
Collins admite que llegó a beber vino en el desayuno, protagonizó incidentes en aviones, sufrió caídas, asustó a sus hijos y abandonó una rehabilitación. «Me molestaba no poder beber», explica. En unas vacaciones familiares debió incluso ser evacuado desde el Caribe para desintoxicarse en Nueva York.
La hospitalización de 2023 terminó por cambiarlo: «Tuve mucha suerte. No he vuelto a beber desde entonces». También intenta corregir una de las historias que más dañaron su reputación: el abandonó por fax a su segunda esposa, Jill Tavelman. «En realidad no fue así», desmiente. Collins, explica, estaba de gira cuando se enamoró de Orianne Cevey, una traductora suiza de 21 años, que poco después se convertiría en su tercera esposa. El proceso, asegura, ya estaba en marcha y el dichoso fax que los tabloides The Sun y el Daily Mirror exprimieron con saña, presentándolo como un hombre cruel, era, en realidad, una comunicación práctica sobre los términos del proceso. A nadie le importó. Collins pasó de ser una de los músicos más respetados y exitosos de los 80 a uno de los más odiados, blanco de chistes y ácidos artículos periodísticos y criticado por colegas como Noel Gallagher, de Oasis.
Tras su segundo divorcio y un polémico fax a su ex, Collins pasó de ídolo de los 80 a blanco de burlas
Se casó con Cevey en 1999 y en los siete años que fueron pareja tuvieron dos hijos (Collins ya tenía dos, uno con cada una de sus exesposas). Cuando Orianne se divorció de él, recibió 25 millones de libras (casi 30 millones de euros). Collins se retiró entonces de la música y se compró una casa cerca de la de ella para poder estar cerca de sus hijos y trabajarse una paternidad que malamente había ejercido hasta entonces. No pudo ser. Fue entonces cuando cayó en el alcoholismo.
Años después, en 2016, volvió con Cevey, pero la relación acabó de modo traumático (ella se casó en secreto con otro hombre mientras vivía aún con el baterista) y Collins se hundió aún más en su adicción.
Ahora, radicado en Suiza y soltero por primera vez en su vida, busca ser entendido. También, si cabe, amado. «Me encantaría volver a enamorarme, tener una relación. Besar a alguien. Cosas bastante básicas, aunque creo que ya es tarde. No soy muy sociable y no salgo».
Se ha reconciliado pese a ello con Paul McCartney, a quien había acusado de tratarlo con condescendencia. Estuvieron una década alejados hasta que, recientemente, Collins comenzó a implicarse en una subasta benéfica de la ONG King's Trust, de apoyo a jóvenes en situación vulnerable, que tendrá lugar en Los Ángeles en noviembre. Fue entonces cuando McCartney lo llamó y resolvieron sus diferencias.
Collins cuenta, ademá, que ha reconstruido la conexión con Lily, su hija con Jill Tavelman, que mantiene una relación cordial con sus tres exesposas y que, incluso ha perdonado a los periodistas a los que acusó de avivar el odio hacia él en los tabloides. Mantiene también un trato cordial con sus tres exesposas.
Por lo demás, camina cada mañana con su enfermera (dan seis vueltas alrededor de su casa), es tratado tres veces por semana por una fisioterapeuta «encantadora», ve a su médico con regularidad y pasa horas y horas viendo series en televisión y, una de sus nuevas inquietudes, buscando información sobre asesinos en serie en YouTube. No explica, sin embargo, el origen de este interés. Nada, en todo caso, que reste valor a las confesiones de un músico que ha conseguido sobrevivir a sí mismo y que arde en deseos de alcanzar un deseo tan humano como el de ser entendido.