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Míster Cipriano

La diferencia

«No sé si en el bien o en el mal, mantengo un sinfín de dudas, pero nos posiciona con la justicia. Esa justicia que se presenta más que necesaria incluso cuando no agrada»

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La diferencia
Alfonso Niño

Alfonso Niño

Valladolid

Corría 1995 y yo era un mozalbete algo rebelde que se embutía en camisetas gastadas y pensaba que una chupa de cremalleras era toda la ... elegancia que se necesitaba para cualquier tipo de evento. La chulería propia de la edad, supongo. La mayoría de la clase gastaba la misma tontería. Pensábamos que lo sabíamos todo y, por supuesto, que cualquier demanda que considerásemos justa lo era. No provenía ese juicio moral de ninguna tendencia política o de algún favor debido. Era pura inocencia e impulsividad. Algo cercano a «el mundo está mal y así estaría mejor». En esas nos encontrábamos cuando una noticia sacudió la actualidad semanal: se habían identificado los restos de dos antiguos miembros de ETA y presentaban signos de haber sido torturados antes de morir. Poco después se supo que el tormento se llevó a cabo en dependencias policiales. En aquellos años de terror y atentados, todo lo que fuera en contra de la banda asesina se recibía con alegría y unas gotas de rabia mezcladas en la taza de la venganza. Cualquier diálogo sobre el tema concluía en que lo merecían, les estaba bien empleado y que a ver si servía de ejemplo para el resto de miserables componentes de la organización criminal. Un compañero garabateó en su pupitre: «Lasa y Zabala: me alegro y regocijo de vuestra muerte y tortura». Leí el mensaje, puesto que ocupaba el lugar de al lado, y sonreí. ¡Cómo no hacerlo! Estábamos en el lado correcto de la historia. Tocó Literatura un par de horas después. Ya les he hablado alguna vez de este profesor. Paseando por el aula, mientras nos contaba alguna anécdota de Rimbaud o Mallarmé, alcanzó a ver los trazos escritos en la mesa. Su cara se demudó y un manotazo apartó nuestros libros para leer con claridad la anotación. La irritación recorrió su voz mientras nos conminaba a borrarlo de inmediato. No comprendíamos el motivo. ¿Acaso no era adecuado que dos terroristas dieran con sus huesos en la misma fosa a la que sus comandos mandaban a decenas de inocentes cada año? ¿Los malos no ameritan morir como matan? «No caigáis nunca en la trampa», nos dijo. «No podemos ser iguales que ellos. No vale todo porque, de ser así, nunca tendremos razón».

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