Dados rodando
El Norte, rediseñado
La prensa resiste y es una necesidad democrática apoyarla
Valladolid
Desde hace una semana, todos hemos observado una puesta al día de nuestro periódico: nueva tipografía, un diseño más moderno y atractivo, una confección ... general que invita a sumergirse en sus páginas… De vez en cuando, en los periódicos, como en las casas, hay que acometer labores de reforma que mejoran nuestra vida o, en este caso, la experiencia como lectores.
En los actuales tiempos convulsos en los que el único principio indubitable parece ser el principio de incertidumbre, no está de más recobrar algunos placeres cotidianos que conforman ese bienestar que anuncia la felicidad accesible. Dice Manuel Vicent que «la vida consiste en desayunar». «Cuando te sientas ante el café de cada mañana», explica, «sientes que un nuevo día comienza, que estás vivo y que la existencia continúa para ti». Ocurre que con cada bocado a la tostada descubres la profunda verdad del aforismo machadiano: «Hoy es siempre todavía», y es en ese preciso momento en el que todas las posibilidades están aún abiertas. A partir de ahí, el día se va complicando con problemas de todo tipo, por eso hay que salvar el ritual magnifico del desayuno como metáfora de nuestro momento de plenitud cotidiano.
Convendrán en que ese instante mágico e íntimo adquiere una dimensión gloriosa si se acompaña de la lectura del periódico. Puede hacerse en la tableta o en el teléfono móvil, en su modalidad digital, pero para algunos de nosotros el papel y el olor a tinta constituyen un paradigma a primera hora de la mañana. Existen pocos placeres tan baratos y posibles. Pasar las páginas del diario es una delicatessen, propia de los gourmets de la información, que permite adentrarse en un territorio fascinante donde la actualidad se revela poliédrica y se ve acompañada de reflexiones que enriquecen nuestra forma de interpretar la realidad. Mancharse los dedos de tinta, sacudir las pequeñas migas de pan, que inevitablemente van a parar a sus páginas, y detenerse en aquello que nos resulta especialmente sorprendente y revelador, es un ceremonial cuya reivindicación constituye una apuesta por aquello que los estoicos definían como una vida buena. Es verdad que últimamente las noticias nos dejan un poso de amargura en el corazón, pero también lo es que sólo teniendo todos los datos de un problema seremos capaces de enfocarnos en su solución.
Cada vez hay menos kioscos en las ciudades, menos ejemplares de los diarios en los bares, menos gente con ese cucurucho de papel donde se escribe la actualidad bajo el brazo, es cierto. Pero, con todo, la prensa resiste y es una necesidad democrática apoyarla. Sin ayudas, con una merma de la publicidad y un desinterés en su lectura por parte de los sectores más jóvenes, las cabeceras que nos vienen contando la vida, en algunos casos como El Norte de Castilla desde hace más de 170 años, son un firme asidero al que agarrarnos en tiempos de zozobra como los actuales. Entender el mundo incierto que nos toca habitar y conocer las fuerzas que mueven los hilos de la actualidad, es un anhelo que encontramos en el tacto particular del papel que sale a nuestro encuentro cada mañana a modo de ventana desde la que mirar lo que ocurre y la forma en que nos afecta.
Un periódico exhala el perfume entintado de las noticias y ofrece el pulso, a veces arrítmico, de la vida. En tiempos de 'fake news' sólo los diarios que practican un periodismo de calidad constituyen la garantía inequívoca para ejercer nuestro derecho a la información y ser ciudadanos concernidos. Conviene no olvidarlo.