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Óxidos y Vallisoletanías

El precio de estar cuerdos

Siempre he sido poco amigo de la antipolítica, que es el alimento del populismo y, por lo tanto, enemiga de la democracia

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El precio de estar cuerdos
José F. Peláez

Si usted está leyendo este texto: enhorabuena. Pertenece a una elite intelectual, a esa pequeñísima parte de la población que ha apostado por dejar de ... mirar una pantalla compulsivamente y dedicar parte de su tiempo a leer a personas reales, aunque no le gusten, aunque no esté de acuerdo con ellas, aunque le amarguen el café. Y todo para sofisticar su mirada, para pensar con algo más de sutileza y para dejar de embrutecerse. Porque alguien que no se expone a más opinión que a la suya –eso es en realidad un algoritmo–, se embrutece y acaba por enfermar con las interferencias de su propio eco, como cuando pasamos un fin de semana en casa, en pijama, a solas con nuestros fantasmas. No hay nada sano en vivir rodeado de certezas, porque tienden a convertirse en absolutas. Lo cierto es que la realidad es más compleja que esas certezas. Y también menos evidente. Desgraciadamente, nadie puede aspirar a acceder a ella por completo –la verdad es inasible–, pero si optamos por leer a otros –comprender es perdonar–, al menos podemos abrir dudas donde antes había certidumbres. Eso es la Cultura, que poco tiene que ver con el entretenimiento y mucho con la humildad del que palpa, a oscuras, las paredes de su propio zulo. Por si un día encontrara una salida.

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