Crítica de TV
'La última casa'
«Ni chicha ni limoná», como decía mi abuela
Estrenada directamente en la plataforma más popular, 'La última casa' es un ejemplo más de una producción de Netflix cuyas imágenes de avance resultan atractivas, ... pero posteriormente nos encontramos con una película sin personalidad, con un buen acabado técnico, como es el caso, pero poca enjundia. «Ni chicha ni limoná», como decía mi abuela. El terror está de moda, solo hay que ver las cifras de taquilla, pero aquí llega otro ejemplo de un filme muy visto pero poco aplaudido, el signo de los tiempos en streaming. El número de visualizaciones no asegura la calidad de una obra, sobre todo si está diseñada, cogiendo de aquí y de allá, para gustar al espectador medio. Las referencias son tan obvias que flaquea el conjunto.
'La última casa', donde 'El ángel exterminador' se topa con la saga 'Un lugar tranquilo', comienza con una extraña lluvia que cae sobre las viviendas sellándolas por completo, como si las gotas de agua fueran pegamento Loctite en cantidades industriales. Las puertas y ventanas no pueden abrirse, con lo cual los seres humanos se quedan encerrados en sus casas, una premisa que nos recuerda a la amenaza del coronavirus, aunque el filme no reflexiona en absoluto sobre el tema. Expone las consecuencias de un confinamiento a la fuerza, a lo largo de días, semanas, meses… En el exterior, un peligro sobrenatural acecha a quienes sobreviven a base de rascar el fondo de la nevera. Louis Leterrier, quien se diera a conocer con 'Transporter', firma la dirección de un producto cuya mejor baza es el reparto, encabezado por el siempre eficiente Wagner Moura, ¿el nuevo Pedro Pascal? El protagonista de 'El agente secreto' interpreta al padre de familia desesperado por mantener la compostura. Lovecraft y películas como '10 Cloverfield Lane' o 'Lluvia ácida' vienen, inevitablemente, a la cabeza. Otro refrito marca Netflix que daba para más.