Papá Adrián vuelve a los banquillos
El nuevo entrenador del Valverde asume la «mochila» de expectativas que lleva tras subir al San Cristóbal de Regional a Segunda B
Segovia
Cuando Adrián Velasco se dejó convencer por el FS Valverde para volver a los banquillos, dos años después de despedir una época dorada de ocho años en el San Cristóbal ... , llevando al sénior masculino de la Regional a la Segunda B, dejó una coletilla. «Ya me habéis engañado otra vez. Por mí, me hubiese quedado otro año en casa con el niño». La paternidad le sacó del banquillo, pero el barbecho ha terminado. «Ya tenía el monillo y creo que es la época, que ya se está haciendo más mayor». Tras la ausencia, toca estudiar, pues las plantillas de Tercera División le suenan a chino. «Me estaban diciendo el otro día los chicos nombres… ¡Si no los conozco! Me tengo que poner al día». Una nueva aventura para alguien que ya ha acreditado su éxito a la hora de romper techos con clubes modestos.
Tras asegurar la permanencia en el estreno del San Cristóbal en Segunda B, Adrián se marchó por el compromiso que requería la categoría. «Yo, con el chico, no podía dar eso. Estar viajando a Galicia, que pierdes prácticamente todo el fin de semana. Tenía que estar a mis labores. Entrenar cuatro días a la semana significa que no podía estar en casa. No voy a dejar a mi mujer sola con un niño recién nacido». Han pasado dos años y dos meses de crianza. En el verano anterior, ya le sondearon varios clubes, incluido el Valverde. «Yo creo que es pronto», dijo entonces. Pero este año dio el sí. «Hemos decidido entre los dos [por su esposa] que vuelva a entrenar». Si echa la mirada al retrovisor, tuvo claras las prioridades. «Por muy profesional que seas, formar una familia va por delante de todo. Lo primero, lo primerísimo. Es su pasión, ya, pero la familia es para siempre y esto algún año se acabará».
Fue el arquitecto que mantuvo unido al grupo de San Cristóbal que se quedó a diez segundos de subir a Tercera; a la siguiente, lo consiguió con suficiencia para, después, repetir ascenso pese a ser novato en la nueva categoría. Pese al salto, no tuvo problemas para una permanencia holgada en la de bronce y ha visto desde la barrera como su sucesor, Diego Gacimartín, clasificaba al equipo para la Copa del Rey tras ser cuarto de su grupo en una temporada de ensueño. «Claro que costó. ¿Y por qué no otro año? Pero yo siempre he dicho que ellos me han dado mucho y yo les he dado mucho también, estamos en un 50-50. Yo no estaría donde estoy ni hubiera aprendido todo lo que he aprendido y San Cristóbal, a lo mejor está mal decirlo, sin mí, con todos los fichajes que hice, con todo lo que me moví, no estaba donde está ahora».
Así que hace un balance tranquilo. «Siempre lo he considerado mi casa, he pasado muchos años allí». Y volvió a principios de septiembre al pabellón en el Trofeo Diputación. «Se me ponía la piel de gallina». Lejos de sentir envidia al ver al equipo en su cima, siente orgullo. «Es una gozada porque también se ve un poco el trabajo que había detrás. Esto lo empezaste tú hace muchos años y mira dónde va a llegar». Que sea o no el techo, subraya, dependerá del dinero. «Equipos que fichan un tío de Italia, de Segunda División… En Segovia esto no pasa, por eso nosotros lo tenemos muy complicado. Pero bueno, nunca se sabe. Yo tampoco pensaba que íbamos a ascender tan rápido».
Así empieza de cero en Valverde. «Objetivo ninguno, eso es lo primero que dicen. Eso sí, no descender, que, si no, el entrenador no llega ni a diciembre», resume jocoso. Una plantilla muy joven con tres jugadores que ya tuvo en San Cristóbal como Raúl, Juanma y Callejo. Un buen núcleo que logró la permanencia en su estreno en Tercera, con algunos del pueblo y otros repescados del Segosala. «Que sean chavales es bueno porque da margen a mejora, pero claro, a lo mejor nos va a faltar esa pizca de experiencia cuando vayamos a jugar fuera». Solo dos bordean o superan la barrera de los 30 años; los demás, de 25 para abajo. «Llega un entrenador nuevo con sus cosas, el primer año siempre cuesta un poco, por lo menos hasta diciembre o enero». De primeras, destaca el compromiso del grupo y el estilo que quiere aplicar. «A mí me gusta la intensidad y correr. Que sean agresivos y se dejen la piel. Si perdemos 6-3, por lo menos que la gente diga que no se puede reprochar nada a estos chicos». Un guante a medida para una plantilla así: por piernas no va a ser.
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Hugo Otero Olmos
Valverde mantiene la tradición, las ascuas de los tiempos donde jugó en ámbito nacional. ¿Hay materia prima para repetir la hazaña de San Cristóbal? «Nunca se puede saber. De repente, empezamos a hacer bien las cosas y nos llegaron los dos ascensos seguidos. O no llegan. A lo mejor me lo preguntas en dos años y ya podemos hacer grandes cosas. El primer año de San Cristóbal hubiera dicho lo mismo». Con todo, asume que su currículo genera expectativas. «Esa es la mochila que llevo, pero hay que entender que el primer año allí tampoco se hizo nada y aquí va a ser también muy complicado. Nosotros lo que vamos a hacer es ir trabajando y ojalá llegue ese año. Y que esté yo sentado ahí, claro».
De momento, a estudiar a los rivales de Tercera con el bagaje de Javi Antona, su antecesor en el banquillo, que este año estará a sus órdenes en su regreso a la función de jugador. «Mándame vídeos de los equipos del año pasado para ver a qué me voy a enfrentar este año. Estoy perdidito, no sé si esta Tercera División es más pegada a Segunda B o a Regional». Ya está haciendo las tareas, mientras sigue cumpliendo con las de padre y prepara las primeras jornadas del campeonato. «En casa nos tenemos que hacer fuertes. Experiencia vamos a tener poca, pero se puede suplir con intensidad y con lo que vamos a trabajar». Incertidumbre total, la magia por la que ha vuelto a los banquillos, a ver qué esconde el telón.