La Hermandad de la Crucifixión de Rioseco rinde homenaje a cuatro siglos de mayordomos
El Teatro Principal se llenó en un acto en el que cerca de una treintena de hermanos recibieron una distinción en recuerdo de su mayordomía «como pilar fundamental de la cofradía»
Valladolid
Uno de los mayores honores que la vida pueda deparar a un cofrade de la Semana Santa de Medina de Rioseco es el de ser ... mayordomo de su hermandad, cuyo significado se refleja en la expresión `servir el paso´, muy utilizada en la localidad para referirse a esa responsabilidad que acepta `gustosamente´ en la junta general cuando tiene lugar el nombramiento, ante el aplauso general del resto de los hermanos.
Una distinción que solo ocurre una vez en la vida y que este sábado ha querido reconocer la Hermandad de la Crucifixión del Señor, el popular Longinos, con un multitudinario acto en el que se rindió «un sentido y merecido homenaje a los 29 hermanos mayordomos que tenemos la suerte de que aún nos acompañen, así como a los 136 hermanos mayordomos de los que tenemos constancia que sirvieron el paso, pero que ya no se encuentran entre nosotros», en palabras del presidente de la hermandad, Javier Ubal, quien explicó ese «tenemos constancia», porque algunos de ellos «lo hicieron en el siglo XVII, cuando el Longinos pertenecía a la Archicofradía de la Quinta Angustia». Una larga lista de mayordomos que fue leída por los niños cofrades Rodrigo Conde, Gabriela Calvo, Alonso Pérez y Mencia Guerra al son de la música en directo a cargo del cofrade y compositor Pablo Toribio.
En presencia de la vara de la cofradía y con la lectura de un texto por parte de la cofrade Beatriz Rodríguez, con muchas connotaciones a su hermandad, el momento más emotivo de la velada fue, sin duda, cuando los mayordomos presentes en el homenaje subieron al escenario a recoger el recuerdo del homenaje, consistente en una pieza de madera personalizada con la reproducción de la imagen del emblema que en su momento tuvo el banderín de la hermandad, recientemente restaurado y depositado en el Museo de Semana Santa, llevando en el reverso la figura de la insignia de la vara, todo con el nombre de cofradía, junto con el del mayordomo correspondiente y el año en el que lo fue.
El último mayordomo en subir al escenario fue el más veterano, Antonino Caramanzana, que sirvió el paso en 1978, siendo el actual número uno de la lista de la cofradía. Durante el acto, que fue presentado por el secretario de la hermandad, Benito Conde, se proyectó el audiovisual Momentos, cerrando el homenaje el cofrade y pregonero de la Pasión riosecana Jesús María Reglero, quien recitó un poema al son de la interpretación por Pablo Toribio de la Marcha fúnebre a la muerte del general O´Donell, la que suena todos los años el Viernes Santo a la salida de los Pasos Grandes.
El presidente, Javier Ubal, se refirió a los mayordomos como «un pilar fundamental de nuestra cofradía, un ejemplo de entrega, dedicación y espíritu de servicio para todos nosotros», de ahí que expresara «nuestro más profundo y sincero agradecimiento a vosotros y hacer extensible este agradecimiento a vuestras familias», deseando «que vuestro ejemplo sea faro para las generaciones venideras, que nunca falte en nuestra cofradía la pasión por nuestras tradiciones, la fraternidad, el espíritu de entrega y de servicio que vosotros habéis encarnado tan generosamente». En sus últimas palabras, Javier Ubal recordó a todos los hermanos las palabras del cofrade riosecano Manuel Moras de «llevad con orgullo la medalla en el pecho, nunca dejéis de hacerlo».
En el acto estuvo presente el mayordomo de 2026, Víctor Caramanzana, presidente de la Cámara de Comercio de Valladolid, con más de medio siglo de hermano, quien manifestó con emoción que «ser este año mayordomo del paso de La Crucifixión del Señor, el Longinos, en la Semana Santa de Medina de Rioseco, es para mí algo muy intimo, difícil de poner en palabras: una mezcla de responsabilidad, orgullo y emoción al sentir el respeto, el cariño y el acompañamiento con el que la cofradía arropa siempre a su mayordomo». Caramanzana recordó que ingresó en la cofradía a los nueve años, en 1974, con el número 85, y desde entonces «he tenido la suerte de ver cómo ha crecido en hermanos y cómo ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder lo esencial: la tradición, el espíritu de hermandad y el sentido cristiano que da verdadero significado a nuestra Semana Santa».