La Noche en Blanco de Badajoz está que arde
El calor, el espectáculo de 'pole dance' con fuego y el repaso cultural proyectado en el Palacio Municipal fueron algunos de los atractivos de esta edición
Badajoz
La Noche en Blanco de Badajoz volvió a marcar un éxito absoluto en una jornada algo sofocante. Los pacenses tuvieron que sudar para no ... perderse nada en una noche calurosa y llena de espectáculos. Uno de los más llamativos, las bailarinas de 'pole dance' con fuego, resumió muy bien la conclusión: la Noche en Blanco está que arde.
Esta edición comenzó presumiendo de fiestas, arte y cultura en Badajoz. El espectáculo inaugural fue una proyección de vídeo sobre la fachada del Palacio Municipal. A ella acudieron el concejal de Cultura, José Antonio Casablanca, el alcalde de Badajoz, Ignacio Gragera, y el vicepresidente de la Junta de Extremadura, Abel Bautista.
La proyección sirvió para que la ciudad sacase pecho sobre su agenda. En ella se pudo ver a las comparsas y las murgas del Carnaval, los arcos árabes de Almossassa o la procesión de La Soledad, entre otras. Tampoco faltaron otras citas como la Feria del Libro, Navidad o San Juan, pero uno de los momentos más aplaudidos fue el homenaje al flamenco en el que la portada del Ayuntamiento se convirtió en una enorme guitarra para empezar a sonar y dejar ver a grandes artistas del ramo, entre ellos el Porrina. «Me ha gustado mucho, buena inauguración, ha sido sorprendente», indicaba Pablo Casco, uno de los asistentes.
Noticia relacionada
En la misma plaza de España los asistentes a la Noche en Blanco encontraron otro de los platos fuertes de la edición, el espectáculo de pole dance y equilibrismo de la escuela Be a Rainbow. Su montaje, basado en los cuatro elementos, dejó al público sin aliento.
También en esta misma plaza no faltó el tradicional 'photocall'. Este año los asistentes pudieron subirse a la Puerta de Palmas que se convirtió en un cohete para llevarlos a la Luna.
La Puerta de la Catedral soportó una de las colas más largas para subir a la torre de la Catedral. Pero no fue la única; hubo grandes esperas en el edificio de La Giralda o para entrar al Museo Arqueológico.
Historia viva en la Alcazaba
En la Alcazaba estaba una de las citas más apartadas, pero más especiales: la asociación de recreadores ARBA representó un episodio de la Guerra de la Independencia junto a las ermitas del Rosario y la Consolación. Antes de la recreación, uno de los responsables explicó que habían elegido esa ubicación para «poner el foco» sobre el mal estado de las ermitas. Asimismo, indicó que su objetivo este año era sacar a la luz a otro personaje olvidado de la historia, Catalina Martín López de Bustamante. Finalmente, esta mujer cobró vida en el cuerpo de una de las recreadoras para explicar que esta mujer española fue ultrajada por los franceses y se convirtió, con otros familiares, en una guerrillera que participó en la contienda eliminando a un centenar de soldados franceses.
La Galera también sorprendió. Un juego de luces y proyecciones convirtió el jardín en el universo con imágenes de las galaxias, las constelaciones y distintas estrellas. Una riada de visitantes pasó por este y otros espacios, como la plaza Alta, que estuvo llena toda la noche. En una de las mesas de sus bares, reservadas al completo desde hacía días, cenó Ricardo Antón escuchando a 'Los míticos Play Boys'. «Es el plan que nos gusta hacer todos los años con los amigos. Cenamos tranquilos aquí y luego paseamos viendo lo que nos encontremos, nos gusta mucho».
Cerca de allí, en la plaza de San José, muchos visitantes tuvieron la oportunidad de ver uno de los espectáculos más divertidos: la obra teatral 'La peluquería canina' de Francis Lucas y Simón Ferrero. Un montaje delirante en el que no faltó un silencio incómodo e hilarante.
Talleres creativos para todos
El flujo constante de público que vivió la noche tampoco faltó en el paseo de San Francisco, que volvió a ser 'San Francisco' con distintos espectáculos y talleres de esta especialidad. Y cerca de allí, en San Atón, la actividad se centró en los talleres con ofertas de todo tipo. Por ejemplo, los mayores pudieron construir una mesa con un palé y los pequeños se llevaron recuerdos hechos por ellos mismos como camisetas serigrafiadas o hadas hechas con hueveras.
Una madre que acompañaba a sus hijos en San Atón, bien pasada la medianoche, concluyó: «Ahora vamos a hacer el taller de marcharnos a casa». En definitiva, fue una gran Noche en Blanco, pero agotadora. Pies cansados, mucha agua fría e infinidad de recuerdos hasta el año que viene.