Música | Ópera
Un flamígero 'Trovatore' cierra la temporada del Real
La ópera más representada de Verdi, con Nicola Luisotti a la batuta en su versión madrileña, se basa en el funesto drama del romántico español Antonio García Gutiérrez
Madrid
Mientras las calles arden al sol de Poniente, el incesante fuego de la venganza incendiará el Teatro Real. 'Il trovatore', genial partitura de aires wagnerianos, ... acaso la ópera más apreciada de Guiseppe Verdi (1813-1901), pone el broche de oro a una brillante temporada. El coliseo público ofrece 17 funciones -del lunes 29 de junio y hasta 20 de julio- de la ópera más representada del compositor italiano. Con Nicola Luisotti a la batuta, sobre el escenario habrá cuatro repartos espectaculares. Una constelación de grandes voces de doce nacionalidades en la que brillan con fuerza las soprano Anna Netrebtko y el tenor Piotr Beczała.
«Con 'Rigoletto', Verdi cambia el mundo de la ópera, apuntando un 'leitmotiv' que tomará carta de naturaleza en 'Il trovatore' con el tema del fuego», apunta Luisotti, verdiano de pro que ha dirigido nueve títulos del genio de Le Roncole en el Real. El director italiano estará de nuevo al frente de la orquesta en este 'Trovatore', aunque cederá la batuta en dos funciones a François López-Ferrer.
Anna Netrebko brilla en la constelación de voces de los cuatro grandes repartos que ofrecen 17 funciones
Estrenada en el Teatro Apollo de Roma en 1853, 'Il trovatore' «es la ópera más importante de la trilogía popular verdiana, junto a 'Rigoletto' y 'La Traviata', compuestas todas en un intervalo de apenas tres años, y sin duda el mayor éxito en vida de Verdi». Lo recuerda Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real y responsable de su programación.
«Contra lo que indica el título -destaca Luisotti- el trovador no lo es. Es un soldado a sueldo de Jaime II, el conde de Urgel, que sabe música y al que apodan trovador». «Estamos en la España el siglo XV y los trovadores acabaron en el siglo XIII», apunta el director de orquesta italiano.
La acción se sitúa en la guerra civil que enfrentó al conde Jaime de Urgell, pretendiente de la corona tras la muerte de Martín el Humano, y a Fernando de Antequera, de los Trastámara, finalmente coronado rey por el Compromiso de Caspe (1412).
Amor y muerte
Verdi encargó al veterano libretista Salvatore Cammarano que transformara en ópera el imbricado drama 'El trovador', del poeta y dramaturgo romántico español Antonio Gutiérrez (1813-1884). Estrenada en el Teatro del Príncipe de Madrid en 1836, cosechó un éxito memorable con esta historia de venganza.
Mariano José de Larra la elogió como «plenamente romántica». Para Benito Pérez Galdós, su texto escondía «una médula revolucionaria dentro de la vestidura caballeresca». «Se enaltece al pueblo, al hombre desamparado de obscuro abolengo, formado y robustecido en la soledad (...) y salen mal libradas las clases superiores, presentadas como egoístas, tiránicas, sin ley ni humanidad», escribió el autor de 'Fortunata y Jacinta' .
En el libreto de Cammarano se entrelazan la sed de venganza de la gitana Azucena, que quemó a su hijo y vio a morir a su madre en la hoguera, y el triángulo amoroso en el que se disputan el favor de Leonora dos pretendientes enemigos, que representan a familias, clases e idearios opuestos.
El insoportable peso de la venganza es así el tema central de la dramaturgia de Francisco Negrín. «Los humanos no podemos vivir en el presente, porque estamos atrapados en el pasado, como la gitana Almudena», dice. «Todos los personajes están de este modo atrapados en el pasado, consumidos por un fuego que no cesa, que es el de la venganza», resume el escenógrafo. Negrín ya presentó en 2019 este montaje en coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera.
En un drama articulado por ese pasado terrible, que se narra desde fuera de la escena, Negrín se ha asegurado de «hacer visibles los fantasmas que articulan la dramaturgia».
Verdi pidió a su libretista que huyera de los números operísticos cerrados, de las arias, cabaletas, cavatinas, dúos, tríos y coros, de modo que primara la continuidad y la fluidez del discurso dramatúrgico. Pero Cammarano incorporó todos los clichés formales de la época en los cuatro actos de la ópera.
Con su partitura, Verdi aportó «nervio dramático, belleza melódica y geniales efectos teatrales», señala Joan Matabosch de una ópera «que fluye inagotable y vertiginosa, sorteando las incongruencias y excesos del libreto, con una música de alto voltaje que brota, arrolladora, arrastrando al público una catarsis colectiva».
«Es ideal para el cierre de temporada, para el que buscamos los títulos más festivos y populares», agrega . «Y lo es tanto, que suma más representaciones que 'Nabucco', 'Aida' y 'La Traviata' juntos», arguye Matabosch.
Cuatro repartos internacionales dan voz y vida a los protagonistas de 'Il trovatore': las sopranos Marina Rebeka, Saioa Hernández y Anna Netrebko (Leonora); los tenores Piotr Beczała, Vittorio Grigolo, Celso Albelo y Yusif Eyvazov (Manrico); los barítonos Artur Ruciński, Juan Jesús Rodríguez y George Petean (El conde de Luna); y las mezzosopranos Ksenia Dudnikova, Anita Rachvelishvili, Teresa Romano y Clémentine Margaine (Azucena).
Dentro de la Semana de la Ópera, la función del 10 de julio podrá verse a través de una pantalla gigante instalada en la fachada del Teatro Real de la plaza de Ópera de Madrid.