Primera RFEF
El Mérida no funciona
Tercera derrota seguida de los emeritenses, que en la primera parte no atacaron y en la segunda, con un futbolista más, no acertaron
G. G.
Mérida
No, no hay nada bueno que contar hoy tampoco del Mérida. De hecho, en Ponferrada exhibió todos sus defectos desesperantes. En la primera parte, entró ... al partido en sueño profundo, perdió casi todos los duelos, careció de intensidad y personalidad y no tiró a puerta en igualdad numérica. En la segunda mitad, con un futbolista más por la expulsión de Undabarrena antes del descanso, jugó a un ritmo exasperadamente lento, no tuvo jamás las ideas claras en campo contrario y falló las cinco ocasiones clarísimas de gol que tuvo. La derrota es durísima; la imagen es aún peor.
Aunque la segunda parte hubiera durado un millón de minutos más, la actitud mental y corporal del equipo despejaba cualquier atisbo de remontada. El despliegue a domicilio de este Mérida es lo más fiable del fútbol mundial actual: no juega bien casi nunca y casi siempre no gana. Y a la tercera derrota consecutiva, además, sumó la tercera expulsión seguida: Gio acabó con roja directa en el descuento por llegar tarde a un balón. Todo mal. Así que vayamos por partes.
Primera parte
El Mérida debería saber que los partidos empiezan en el segundo uno y no cuando el rival le hace el primero. Es impropio de un equipo que quiera ganar salir con la caraja con la que salió el grupo de Fran Beltrán, que para llevarse un duelo y estar más intenso que el rival tenía que invocar a la Mártir. Y claro, en pleno partido no procede sacar una güija.
Un tiro al palo en el 3', un gol en un balón suelto en el área en el 10' y sensación de peligro cada vez que la Ponferradina instalaba el cuero en las inmediaciones de Csenterisc. ¿Se acuerdan de la teoría de los defensas pesimistas de Ancelotti? El Mérida sin balón es más optimista que Ned Flanders.
Ponferradina:
1 - 0
Mérida:
Álex Domínguez; Koke, Jelbat (Aranda, 66'), Undabarrena, Sergio Nieto (Roig, 78'); San Emeterio, Borja Valle, Chibozo (Andújar, 46'), Calderón, Arturo Molina (Óscar Vacas, 66'); y Unai Sabroso (Quicala, 62').
Csenterics; Alejandro Jay, Nacho González, Fito (Sandoval, 65'), Hugo Sanz (Hallsson, 77'); Gio Almeida, Beneit, Guagua (Dibrani, 46'), Areso (Koné, 46'), Jota; y Sofiane.
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Gol: 1-0, min. 10: Jelbat.
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Árbitro: Pedro Oreiro Hermida, del comité gallego. Expulsó al local Undabarrena por doble amarilla (+46') y al emeritense Gio Almeida con roja directa (92'). Además, amonestó a Areso. En los banquillos, enseñó amarillas al preparador de jugadas a balón parado del Mérida, Manuel González, y al técnico de la Ponferradina, Mehdi Nafti, además de expulsar al delegado de campo por la falta de balones.
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Incidencias: 4.886 espectadores en El Toralín. Se guardó un minuto de silencio por Fernando Fraga, exdirectivo de la Ponferradina.
Tras el gol local, muy merecido, la Ponferradina le dio el balón al Mérida, que nunca supo qué hacer con él. La de León, que fue una actuación grisácea tirando a negra, fue una versión de Harlem Globetrotters comparada con la primera parte de El Toralín. La única acción con peligro del Mérida fue un cabezazo por encima del larguero de Areso a un saque de banda en el descuento, jugando ya con uno más por la expulsión de Undabarrena. Todo lo demás, campo. Nunca mejor dicho, por cómo estaba el césped. Pero es normal: a esa velocidad de conducción y con esa precisión en el pase, lo extraordinario hubiera sido tirar a puerta.
Segunda parte
Tras el descanso, ya en superioridad numérica desde el último minuto de la primera mitad, lo único que cambió fue que la Ponfe no llegaría más y que el campo se inclinaría por completo hacia el área de Álex Domínguez. Con Koné y Dibrani entrando de inicio, con Sofiane tirado a la derecha, con Sandoval y Hallsson participando en el tramo final… el resultado de la ecuación fue siempre el mismo: sin solución.
En 45 minutos, la Ponferradina le dio una lección de cómo defender su área con uno menos al Mérida, que no lo logró durante diez minutos hace una semana en el Romano ante el Mirandés. Y en 45 minutos, Álex Domínguez le explicó a Csenterics para qué sirve un portero: sacó tres manos de gol para darle tres puntos a su equipo, cuando el húngaro no fue capaz de sacar siquiera una en el único disparo entre palos de la Ponfe en todo el partido.
Pero aparte de la falta de calidad en el remate para rescatar al menos un punto, lo peor de la segunda parte fue el ritmo lentísimo y la falta de ideas del equipo en campo contrario para agobiar a un equipo con diez. Ya sé que es mentira, pero de verdad: parecía que no querían ni empatar.
A partir de ahora, el equipo tendrá la presión que se merece.