Maletillas
Una madrugada de luna llena con leve hatillo al hombro se fue por las sombras de las paredes en busca de la gloria
JUAN FRANCISCO CARO
El toreo, ademƔs de provocar opiniones encontradas, ha inspirado acordes en los pentagramas, metƔforas en la literatura e imƔgenes a los pinceles y a las manos de los escultores.
Por citar a algunos ejemplos: Ernest Hemingway, Blasco IbƔƱez, GarcĆa Lorca, JosĆ© BergamĆn, Vicente Aleixandre entre los literatos; Goya y Picasso entre los pintores; Mariano Benlliure y Feliciano Giles entre los escultores. Para los maletillas suponĆa un medio con el que alcanzar sus sueƱos.
En la plaza de toros de Vista Alegre se celebraban novilladas nocturnas para aspirantes a toreros. Las organizaban Domingo DominguĆn y los hermanos Lozano. El periódico 'Pueblo' se encargaba de darle publicidad a los eventos.
A Manuel GarcĆa Cuesta, 'El Espartero' se le atribuye la frase Ā«mĆ”s 'cornĆ”sĀ“ da el hambreĀ» cuando le avisaron del peligro de las astas. A estos festivales acudieron los que huĆan de esas cornadas invisibles que resaltan pómulos y profundizan cuencas y los que querĆan conseguir fama y cortijos. Las retransmisiones de estas novilladas por televisión, con el nombre de 'La Oportunidad', extendió su divulgación por toda EspaƱa y el programa fue un Ć©xito. De allĆ salieron toreros como Palomo Linares, Ćngel Teruel y el NiƱo de la Capea.
Blas Romero GonzĆ”lez, 'El Platanito', natural de Castuera y vecino esporĆ”dico de hospicios y correccionales, alcanzó notoriedad con sus exageraciones y aspavientos, lejos de la ortodoxia del arte de CĆŗchares, pero cayó en gracia en el momento oportuno y triunfó, aunque su gloria fue efĆmera. El coche amarillo del practicante de mi pueblo fue bautizado con el apodo de 'Platanito'.
Las circunstancias sociales favorecieron esta eclosión de jóvenes que querĆan ser maestros del toreo.
'El CordobĆ©s', salido de la nada, pasó de robar gallinas a ser un Ćdolo de masas, rico y famoso. EspontĆ”neo en la plaza de las Ventas, representaba la rebeldĆa y las ganas de comerse el mundo para quienes nada tenĆan que perder y sĆ mucho que ganar. La televisión abrió la ventana por donde escapar del anonimato y saltar a la fama.
Con todo este caldo de cultivo mi amigo pensó que su vida cuidando ovejas y destripando terrones en los barbechos no tenĆa futuro. Fue rumiando la idea de marcharse en la soledad de su trabajo en el campo.
Sentado detrĆ”s de la puerta entreabierta por donde entraba un haz de sol a la caĆda de la tarde, imaginaba que esa era la luz de la plaza y Ć©l paseaba por el albero su triunfo mientras la banda de mĆŗsica tocaba el pasodoble 'Nerva'.
Una madrugada de luna llena con leve hatillo al hombro se fue por las sombras de las paredes en busca de la gloria. De equipaje llevaba ilusiones anudadas en un paƱuelo al cuello y zapatillas aladas para sus pasos. Cruzó pedregales, saltó cercados, vadeó arroyos y durmió envuelto en un capote que soƱaba verónicas en la Maestranza. Las siluetas de las encinas eran cuatreros que embestĆan a sus lances naturales, los que se dan con la mano izquierda, el estoque en la derecha y el corazón en medio. Imaginó ajustadas chicuelinas, como se ciƱe el viento a la retama. Las estrellas en el tendido del cielo eran flores que tiraban al ruedo celebrando su Ć©xito. Anhelos de gloria de jóvenes maletillas que buscaban su redención entre soƱados toriles de sangre y blancos paƱuelos al aire.