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DIARIO DE FRONTERAS

Que te calles, que a mí dos aurículas

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Que te calles, que a mí dos aurículas

Javier Cruces

Pocos gremios hay a esta hora de nuestra España contemporánea que sufran la incomprensión de la chusma con la dignidad heroica del 'puesyoísta'. Hablo, como ... ya aventurarán, de un virtuoso de la conversación; un misionero de la sobremesa que, al escuchar que a usted le encontraron un soplo en el corazón el martes, no dudará en interrumpir su miseria para recordarle que a él le trasplantaron dos aurículas en un garaje de Vallecas sin anestesia. Sin anestesia él, no el garaje. La gente chabacana lo tilda de egocentrismo vulgar, ignorando que estamos ante una disciplina estoica de narices que requiere una vigilia constante, temple de acero y unos reflejos de tigre indio para evitar que el prójimo cometa la ordinariez de sentirse protagonista de su propia desgracia.

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