Interrumpir cada hora sentado con una «actividad ligera» reduce el riesgo de morir de cáncer
Científicos calculan cuánto reducen las consecuencias letales del sedentarismo las famosas «pausas activas» con el análisis de los hábitos de 91.000 personas durante doce años
Madrid
El sedentarismo mata. Es un mantra ya manido en boca de los responsables de salud pública. Pero para combatirlo no parecen bastar recetas gruesas. La ... solución, además de más asequible, podría tener matices más allá de la mera recomendación genérica de hacer deporte.
Así lo señala un equipo de científicos británicos que ha calculado qué habría que hacer exactamente para reducir la probabilidad de enfermar fatalmente. Y la clave no parece estar tanto en cuánto se mueve la persona, ni siquiera en la calidad de los ejercicios, sino más bien en el tiempo que ésta pasa sentada de forma continuada.
Movimientos ligeros, no necesariamente extenuantes, realizados cada hora con el fin de interrumpir los intervalos en los que se permanece sentado resultarían suficientes para obtener beneficios. La clave parece estar más en evitar que la inactividad se mantenga durante mucho tiempo seguido que en las horas dedicadas al gimnasio cada semana.
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Carmen Barreiro
Esta es la principal conclusión del estudio realizado por el doctor Frederick Ho y su equipo de la Escuela de Salud y Bienestar de la Universidad de Glasgow, en Reino Unido, publicado este jueves en la revista Plos Medicine. En él, arrojan porcentajes de cuán beneficiosas pueden llegar a ser las famosas 'pausas activas' y centran sus análisis en sus efectos sobre el cáncer.
Esta es hasta ahora la patología más grave asociada a la inactividad. Lo cierto es que las ciencias de la salud han demostrado ampliamente los síndromes letales asociados al antinatural gesto de permanecer sentados durante horas cada día. La lista de problemas incluye los de tipo metabólico (diabetes, obesidad), los cardiovasculares (hipertensión, infartos) o, más obvios, los relacionados con la musculatura y los huesos (dolor, osteoporosis).
Pero también se sabe desde no hace mucho que este mal de la sociedad moderna favorece el desarrollo de enfermedades oncológicas. Un estudio reciente del MD Anderson Cancer Center, por ejemplo, relevó que las personas con estos malos hábitos presentaban un 82% más de riesgo de morir de esta enfermedad. Si se tiene en cuenta que las cifras oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de que uno de cada tres adultos europeos no cumple con los niveles mínimos de actividad física recomendados, no es de extrañar que este campo esté siendo objeto de mayor estudio por parte de la comunidad científica.
9%
La probabilidad de morir de cáncer se incrementa este porcentaje por cada hora adicional continuada que se pase sentado, reclinado o tumbado mientras se está despierto.
En esta nueva investigación que se da a conocer ahora se ha cambiado el enfoque. Los estudios previos habían demostrado que pasar más tiempo sentado, reclinado o tumbado mientras se está despierto está vinculado a una peor salud. Sin embargo, la mayoría de estos trabajos no analizaban las consecuencias en función de la duración de esta falta de actividad.
Esto es lo que han hecho ahora estos investigadores de la Universidad de Glasgow y tras analizar los datos concluyeron que «cada hora adicional en este estado de inactividad prolongado e ininterrumpido en el día de una persona está asociada con un riesgo un 9% mayor de muerte por cáncer». Y al contrario: si la hora de inactividad se interrumpe, se reduce un 19 % el riesgo de padecerlo.
Esta conclusión es fruto del análisis de los datos de 91.292 participantes del Biobanco del Reino Unido que habían usado monitores de actividad durante 7 días y fueron seguidos durante algo más de una década después. La actividad se categorizó como sedentaria prolongada (períodos de al menos 30 minutos con al menos el 90% del tiempo sedentario), comportamiento sedentario interrumpido (que duraba menos de 30 minutos o se fragmentaba con más del 10% de tiempo no sedentario), o diferentes grados de actividad física.
Los cánceres más frecuentes
El comportamiento sedentario prolongado se asoció así con un mayor riesgo de mortalidad por cáncer en general y más concretamente en aquellos asociados con la obesidad, como los de esófago, hígado, riñón, páncreas, colorrectal, mama, ovario y tiroides, así como todos los vinculados a la diabetes tipo 2, como el de páncreas, hígado o endometrio.
Aunque los autores del advierten en declaraciones recogidas por este diario que no han podido demostrar causalidad con el estudio, defienden que sus datos sí ofrecen pistas para replantear las estrategias de salud y se atreven a contradecir las directrices de salud actuales que se centran en gran medida en el ejercicio moderado o vigoroso. «Nuestros hallazgos muestran que el movimiento ligero no debe ignorarse. Avanzando, los ensayos clínicos nos ayudarán a ir más allá de los consejos generales y desarrollar estrategias personalizadas para romper el tiempo que se pasa sentado», concluyen.
«Ya no hace falta ser un Rafael Nadal para estar seguro de que se reduce el riesgo de cáncer»
Alejandro Pérez Fidalgo
Incliva
Alejandro Pérez Fidalgo, médico del servicio de Oncología y Hematología del Instituto de Investigación Sanitaria Clínico Valencia, valora en SMC España esta «novedad» que aporta este estudio, a pesar de señalar las citadas limitaciones. «Ya no hace falta ser un Rafael Nadal para estar seguro de que se reduce el riesgo de cáncer. Sencillamente reduciendo las horas de sedentarismo prolongado o incluso interrumpiéndolo para hacer algo de actividad moderada ya parece que se contiene esa probabilidad de riesgo de cáncer».
¿Deben entenderse estos resultados como una solución real? Nabil Djouder, jefe del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), lamenta que, por el momento, y en términos clínicos, «aún no haya evidencia suficiente para recomendar el ejercicio como ‘tratamiento’ específico de prevención del cáncer en sentido estricto, pero sí hay un cuerpo creciente de evidencia consistente para considerarlo un componente clave de la prevención poblacional, especialmente si se combina con la reducción del tiempo sedentario».