¿Merece la pena pagar lo que cuestan los arándanos?
Las bayas frescas son el segundo producto que más ha subido de precio en el último año
Habrás notado que cada vez te dejas más dinero en el súper. Sí... La cesta de la compra deja la cartera echando humo. Tomar a ... diario ese kéfir con chía y arándanos que resulta tan bueno para la salud es una moda cada vez más cara. Entre los alimentos que más han disparado su precio se encuentran algunos que causan furor en el mundillo 'healthy', pero que realmente hay que incluir en la dieta por sus beneficios –avalados por la ciencia– para fortalecer la memoria, proteger el corazón o mantener el azúcar a raya.
Es el caso de las bayas frescas, ese grupo de frutas en el que se engloban arándanos, frambuesas, grosellas o moras. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), se sitúan entre las mayores subidas de precios en el último año a nivel general (de toda clase de productos, no solo alimenticios). En concreto, un 35,7%. Solo se ven superadas por los combustibles líquidos (46,4% más). Porque incluso el gasóleo, con un incremento del 30,3%, está por detrás, en tercer lugar.
La menor producción por las condiciones meteorológicas, el encarecimiento de la energía y los carburantes o la escasez de mano de obra son algunos de los factores que han contribuido a que comprar una bandeja de arándanos o moras se haya convertido en casi un lujo. A pesar de que el precio resulte elevado para muchos bolsillos, los nutricionistas insisten en que merece la pena hacerles un hueco en el carro. ¿Por qué no hay que tacharlos de la lista de la compra? Numerosos estudios científicos avalan sus beneficios nutricionales. Vayamos, uno a uno, con estos considerados 'superalimentos'.
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Arándanos: mejoran la memoria y controlan el colesterol
Por su alto contenido en compuestos antioxidantes y antiinflamatorios (antocianinas, flavonoides y polifenoles), tienen efectos muy positivos sobre la salud cerebral. «Su consumo regular no solo mejora la memoria y la función cognitiva, sino que también protege al cerebro del estrés oxidativo y del deterioro asociado al envejecimiento», afirma Pilar Esteban, médico especialista en Aparato Digestivo. También se ha observado que su consumo regular puede estimular la neurogénesis, es decir, la formación de nuevas neuronas en regiones clave del cerebro como el hipocampo, el área responsable del almacenamiento de recuerdos y la regulación de las emociones.
Y qué decir de sus efectos para el corazón. Los estudios demuestran que el consumo diario de arándanos rojos, al ser ricos en proantocianidinas tipo A, «reducen la presión arterial sistólica y ayudan a modular el colesterol», señala el nutricionista Hugo Iglesias. De hecho, un estudio de la Universidad de Harvard ha confirmado que tomar unos 100 gramos por la mañana ayuda a bajar la presión arterial. Por otro lado, esta fruta contiene altas cantidades de magnesio, de forma que también reduce el cansancio y aportan energía.
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Grosellas para bajar el azúcar
Las grosellas son otra fruta completísima. Tienen gran cantidad de vitamina C, «por lo que ayudan con el estrés oxidativo, pero también tienen minerales como hierro y magnesio. Mejoran la fatiga y el funcionamiento del sistema inmunológico», destaca el especialista. Las negras, además, ayudan a controlar los niveles de azúcar. Una investigación de la Universidad de Finlandia Oriental determinó en 2020 que tienen un efecto beneficioso en la respuesta de la glucosa en la sangre después de una comida. Es debido a que son ricas en antocianinas. «Esto lo que hace es ralentizar la digestión y absorción de los azúcares en el intestino delgado», explica Iglesias.
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Frambuesas, un aliado contra el cáncer de colon
El consumo de frambuesas puede ralentizar la digestión de los hidratos de carbono, «lo que contribuye a una mejor regulación del azúcar en sangre después de las comidas», apunta la doctora Esteban. Además, son ricas en antioxidantes y fibras solubles. De ahí que su impacto sea muy positivo en la microbiota, ya que favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino. También por su alto contenido en fibra y por sus polifenoles, unos compuestos con acción antioxidante y antiinflamatoria que son los culpables de su característico color. Varios estudios han confirmado que contribuyen a la protección de las células frente al cáncer de colon. Estas sustancias actúan tras la digestión intestinal evitando el estrés oxidativo de las células y, por tanto, su muerte. «Son una buena herramienta junto con los tratamientos», sostiene Iglesias.
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Las moras y su poder antioxidante
Las moras también cuentan con un gran poder antioxidante debido a las antocianinas y la vitamina C, que combaten el daño celular y retrasan el envejecimiento prematuro. Además, son recomendables para prevenir enfermedades cardiovasculares. El nutricionista vizcaíno indica que, «aparte de vitaminas como C, E y K, su aporte principal es la fibra, por lo que inciden tanto en la saciedad como en la mejora del perfil lipídico», el análisis de sangre que mide las concentraciones de distintos tipos de grasas y colesterol presentes en el torrente sanguíneo. Ensayos clínicos reflejan que la ingesta sostenida de moras reduce el colesterol total en un 12,3% y los triglicéridos en un 15,1%. Además, investigaciones clínicas han demostrado que el consumo de 200 gramos de este alimento en comidas ricas en carbohidratos puede reducir el pico de glucosa postprandial –la que se encuentra en la sangre después de comer– en un 34%.
¿Se pueden congelar (bien) los frutos rojos?
Por lo general, las frutas no son los mejores alimentos para congelar por su alto contenido en agua, especial estructura y susceptibilidad a la oxidación. Sin embargo, las bayas frescas –arándanos, grosellas, moras o frambuesas– aguantan mejor y mantienen los nutrientes. Eso sí, el proceso de descongelación debe hacerse siguiendo unas pautas: desechar los que estén dañados y, si se lavan antes de congelar, secarlos muy bien con un paño o servilleta absorbente. «Se pueden comer directamente congelados en yogures o batidos. Si no, descongelarlos rápidamente en el microondas es la mejor opción porque no pierden sus nutrientes», precisa el nutricionista Hugo Iglesias. En cambio, «deshidratados pierden la fibra, el agua y las vitaminas».