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Mi hermosa lavandería

La mano que te toca

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Isabel Coixet

Nadie pregunta si quieres jugar. Te sientan a la mesa, te dan tus cartas boca abajo y empieza la partida. Cuando por fin las levantas – ... y eso ocurre tarde, a los seis o siete años–, cuando descubres que el niño de la casa de al lado tiene segunda residencia y tú no, o cuando nunca te han llevado a esquiar, o cuando tienes que recorrer descalzo varios kilómetros hasta tu escuela, es ya tarde.

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