Sin nueve, sin pegada y sin excusas

La derrota ante el Atlético Central no condena al Recreativo, pero despierta demasiado pronto unos fantasmas que la afición ha sufrido como nadie. El curso acaba de comenzar, aunque el Decano ya ha comprobado que la historia puede repetirse cuando no se corrigen sus errores.

Hay derrotas que se explican con el calendario y otras que parecen escritas con papel de calco. El Recreativo de Huelva comenzó la temporada 2026/27 como terminó la anterior: perdiendo en un campo pequeño, de césped artificial, frente a un equipo modesto y dejando sobre el terreno de juego muchas más dudas que certezas. Cambian los protagonistas, el escenario y el proyecto, pero el argumento resulta peligrosamente familiar. Y la afición recreativista ya ha visto demasiadas veces esta película como para entusiasmarse con el tráiler.

Conviene decirlo antes de que aparezcan los bomberos del tremendismo: una derrota en la primera jornada no sentencia nada. Ni convierte al Recre en un desastre irreparable ni invalida dos meses de trabajo. Queda toda la temporada, tiempo para corregir, crecer y demostrar que lo ocurrido en Alcalá de Guadaíra fue un accidente. Pero tampoco hace falta disfrazar el tropiezo de aprendizaje maravilloso. Perder así mosquea. Y mucho.

Mosquea porque llueve sobre mojado. Porque la pasada campaña terminó convertida en un fracaso y porque el nuevo proyecto debía comenzar ofreciendo señales reconocibles de fortaleza. No hacía falta jugar como el Brasil del 70 o la Holanda de Cruyff, pero sí competir con la autoridad, el oficio y la fiabilidad que se le presuponen a un equipo confeccionado para pelear por lo máximo. El Recre tuvo el balón y trató de construir, pero el fútbol no entrega puntos por porcentaje de posesión ni concede diplomas por tener buenas intenciones.

El equipo de Jesús Galván adoleció de dos carencias que, cuando aparecen juntas, suelen resultar letales: falta de temple en ataque y escasa fiabilidad defensiva. Arriba faltaron claridad, contundencia y presencia en el área. Abajo sobraron concesiones en momentos clave. El Atlético Central hizo de la sencillez una virtud y convirtió sus dos grandes oportunidades en dos goles. Efectividad absoluta. El Recre, mientras tanto, volvió a comprobar que llegar hasta las inmediaciones del área no equivale necesariamente a generar peligro.

En pleno debate sobre el delantero centro, Galván decidió comenzar sin un nueve de referencia. Paolo ocupó esa posición con la intención de explotar su movilidad, aparecer entre líneas y sacar de sitio a los centrales. La idea podía tener sentido sobre la pizarra, ese lugar maravilloso donde los espacios siempre aparecen y los centros encuentran rematador. Sobre el césped, sin embargo, el plan no terminó de adquirir una fisonomía verdaderamente ofensiva.

El Recre movió el balón, buscó amplitud y trató de instalarse en campo contrario, pero le faltó lo más importante: amenazar de verdad. Los centros se sucedían sin que hubiera un destinatario claro y las ocasiones dependían demasiado de que los mediapuntas se guisaran y se comieran la jugada. Cuando el marcador ya exigía una respuesta más directa, las variantes llegaron tarde y no lograron cambiar un encuentro que se escapaba entre la impotencia visitante y el oficio local.

La falta de gol venía dejando señales durante la pretemporada. Por tanto, lo ocurrido no puede considerarse una sorpresa caída del cielo. El debate sobre el delantero no es una cuestión estética ni una tertulia de verano: es una necesidad deportiva. Si el equipo pretende dominar, atacar defensas cerradas y sobrevivir en campos estrechos, deberá encontrar quién convierta ese dominio en ocasiones y esas ocasiones en goles. Porque jugar bien hasta tres cuartos de campo puede quedar muy bonito en el vídeo del análisis, pero no suele mover el casillero.

El otro fútbol también cuenta

Luci Martín explicó durante la confección de la plantilla que se buscaban jugadores preparados para competir tanto en el Nuevo Colombino como en escenarios como el Ciudad de Alcalá. Es decir, futbolistas capaces de desenvolverse en el césped natural, los espacios amplios y el fútbol elaborado, pero también en ese «otro fútbol» de campos pequeños, superficies artificiales, duelos, segundas jugadas y partidos que se deciden por detalles. La teoría era impecable. La práctica, bastante menos.

El Recre quiso armar el juego desde atrás y mostró voluntad para llevar la iniciativa, pero no encontró efectividad en ninguna de las dos áreas. Dos acciones mal defendidas terminaron en dos goles que definieron el partido. No fue necesario que el Atlético Central sometiera al Decano durante largos periodos ni que generara una colección de ocasiones. Le bastó con esperar sus momentos, aprovechar los errores y hacer justo aquello que el Recre no supo: golpear cuando tuvo la oportunidad.

No se trata de señalar a un futbolista concreto ni de organizar una cacería después de los noventa minutos. Los errores fueron visibles, pero también corregibles. Para eso están los entrenamientos, el cuerpo técnico y una plantilla construida con la obligación de competir desde el primer día. La derrota debe servir como advertencia y acicate, no como coartada. El Puente Genil será la primera oportunidad para comprobar si el golpe ha despertado al equipo o si los viejos males continúan instalados en el vestuario.

Y que nadie ose cuestionar una sola micra del comportamiento de la afición del Recreativo. Entre 600 y 700 recreativistas acompañaron al equipo pese a la polémica por el precio de las entradas, el horario y todas las incomodidades que rodearon el desplazamiento. Volvieron a estar cuando tocaba estar, como llevan haciendo temporada tras temporada, incluso cuando el club les devuelve decepciones en lugar de alegrías.

El cántico de «esta camiseta no la merecéis» puede resultar duro, pero no nació únicamente de una derrota en la primera jornada. Fue la expresión de un hartazgo acumulado. La afición no estaba juzgando solo noventa minutos; estaba expulsando años de frustraciones, descensos, proyectos fallidos y promesas que terminaron embarradas. Ha tragado tanto barro que ya no está dispuesta a que le vendan como épica lo que debería ser normalidad competitiva.

El Recre siempre ha representado la humildad, pero ser humilde no significa aceptar que te ninguneen. Huelva fue la primera y su afición merece mucho más que discursos bien construidos y campañas de ilusión. Merece un equipo a la altura, profesionales comprometidos, entrenadores valientes y dirigentes capaces. Aquí no valen las excusas ni las medias tintas. Contra el hastío, ilusión; contra el aburrimiento, valentía; contra la decepción, redención.

La tecnología que también juega en contra

Tampoco puede pasarse por alto el nuevo calvario que supuso seguir el encuentro a través de internet. Cada temporada aparecen plataformas de pago que prometen profesionalizar las retransmisiones del fútbol de bronce y albero. El discurso siempre suena estupendamente hasta que comienza a rodar el balón: entonces falla la imagen, desaparece el sonido o se esfuman ambos al mismo tiempo.

Luego llega la gran panacea de las cámaras con inteligencia artificial, aparatos tan modernos que a veces parecen incapaces de distinguir el balón de cualquier objeto blanco que pase cerca. Mucha inteligencia artificial, sí, aunque en determinadas retransmisiones cuesta encontrar tanto la inteligencia como el artificio. El aficionado paga por ver a su equipo, no para participar en una prueba de resistencia y paciencia.

En definitiva, con estos bueyes hay que arar, como dicta el refrán. Con esta plantilla, dicho de una forma menos agropecuaria, toca competir, mejorar y sacar al Recreativo del famoso pozo cuanto antes. La presión de ser el grande de la categoría no es una desgracia inesperada, sino una realidad conocida desde el momento en que se firma por el Decano.

La derrota de Alcalá no es una sentencia, pero sí una advertencia. La temporada acaba de empezar y queda margen de sobra para cambiar el rumbo. Lo que ya no queda es paciencia infinita. El Recre puede tropezar alguna vez; lo que no puede permitirse es seguir encariñándose con la misma piedra.

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