El soñador de Alhama que inventó el cine en China
Tesis doctorales y artículos rescatan la figura de Antonio Ramos, que tuvo siete salas de exhibición en Shanghái y que produjo películas
Granada
Será por el agua de Sierra Nevada o por algún extraño sortilegio, pero siempre encontrará a algún granadino 'perdido' por el mundo haciendo cosas singulares. ... Como en la lejana Shanghái de 1907. Allí, en un país inmerso en la crisis pero en una ciudad con gran proyección, hallamos a un señor de Alhama de Granada que está considerado el introductor del cine en China. Su figura ha sido sujeto de algunas investigaciones como las efectuadas por el arquitecto Álvaro Leonardo, que llegó a Ramos cuando hacía su tesis sobre Abelardo Lafuente y al que ha dedicado algunos artículos académicos en tres idiomas y tiene descargables en la web oficial del proyecto de investigación.
Antonio Ramos, que estuvo destinado como militar en Filipinas justo cuando España perdió la soberanía sobre el archipiélago, en 1898, emigró de Manila a Shanghái «porque era la ciudad del futuro». Y lo hizo con el equipaje justo y una máquina reproductora de imágenes que había conseguido en Manila. En Shanghái, en 1907, comenzó una fulgurante carrera como exhibidor cinematográfico que culminó en Madrid en 1931 con la inauguración del Teatro Rialto en la mismísima Gran Vía.
Pero volvamos a los inicios de Ramos en Shanghái. Según Álvaro Leonardo, «comenzó proyectando películas mudas muy rudimentarias en teterías de la Concesión Británica, donde la población local pagaba entradas para ver lo que consideraban sombras en la pared». Pero lo que Ramos vio fue realmente un negocio. Así que debido al éxito, rehabilitó un local con la ayuda de un personaje imprescindible para entender su vida, obra y milagros, el arquitecto Abelardo Lafuente. Y así fue cómo abrió el Hongkew Cinema, considerado el primer cine de Shanghái y posiblemente también el primero de China. «Las crónicas de la época dicen que era una sala tan rústica que ni tan siquiera estaba pavimentada, por lo que Ramos tuvo que colocar suelo, unos bancos y adecuar una pared blanca».
Fue un pelotazo. Con los años, Ramos construyó y operó un circuito de siete salas (de las cuales al menos tres fueron realizadas por Lafuente) situadas estratégicamente por todo Shanghái –en el sector británico, el americano y en los límites del francés–. Entre ellos, el Victoria Cinema, a unos ochocientos metros del Hongkew. Tenía capacidad para trescientos espectadores. Aunque la joya de la corona era el Olympic Cinema, que se localizaba en una de las principales avenidas de la Concesión Británica, por la que circulaba el tranvía. Tenía capacidad para cuatrocientas butacas y sus interiores fueron diseñados con planta en herradura y un llamativo estilo neoárabe, en clara evocación a sus orígenes. Disponía incluso de un foso para que una orquesta musicalizara en vivo las historias que aparecían sin diálogos hablados –sí escritos– en la gran pantalla.
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Pero la incursión de Ramos en el séptimo arte y su compromiso con China no quedó tan sólo ahí, sino que también fue el promotor de las primeras producciones chinas. Para ello contrató a actores de aquel país y dispuso sus propios hangares para llevar a cabo los rodajes. Gracias a este esfuerzo independiente y autofinanciado, a este hombre nacido en Alhama se le reconoce formalmente como el iniciador de la industria cinematográfica en la China de Zhang Yimou, Wong Kar-wai, Jia Zhangke o Chen Kaige.
Estatua
Donde se hallaba el Hongkew hay una estatua dedicada a don Antonio Ramos Espejo, tío, por cierto, de otro gran Antonio Ramos Espejo, el que fuera director del Diario de Granada, el Diario de Córdoba y el Correo de Andalucía. Un periodista que creó escuela.
Un sueño cimentado gracias al talento y los diseños de Abelardo Lafuente, al que también encargó su residencia de verano a las afueras de Shanghái y que Ramos quería que fuera «un pedacito de la Alhambra». Lafuente cumplió el requerimiento con un espectacular palacete con evocaciones directas al monumento nazarí. Tenía un patio andaluz de cerámica y columnas idénticas a las del Patio de los Leones de la Alhambra. El edificio fue levantado en la mitad de una gran parcela adquirida para eso, para su casa estival, mientras que en la otra mitad se erigió el Ramos Apartments, un inmueble con distribución típicamente española.
Antonio Ramos se construyó un palacete como residencia de verano con columnas idénticas a las del Patio de los Leones
Antonio Ramos decidió cerrar su etapa en Shanghái en 1927, lo vendió todo y con el capital acumulado compró un terreno en la Gran Vía de Madrid, actual número 54, para edificar el emblemático Teatro Rialto, en cuya planta superior vivió durante muchos años. Falleció en 1944.
Se cerraba así la vida de un pionero indomable; un hombre que convirtió la utopía en arquitectura y las sombras en arte, dejando tras de sí una saga de nombres ilustres y la certeza de que, para un granadino, ningún horizonte es jamás demasiado lejano.