Desalojos en el Zaidín
«Toda la familia estamos empaquetando»
Lenmy, una de las desalojadas, no olvida la madrugada del 15 de agosto: «Sentí que todo se iba a caer»
Granada
A primera hora de la mañana de este sábado, Lenmy Geraldino y toda su familia embalaban a toda prisa sus enseres y hacían las maletas ... para desalojar su piso en el número 25 de la avenida de Barcelona. «Yo estaba trabajando el viernes, cuando mi marido me avisó de que teníamos que desalojar porque el local de abajo estaba fatal», explica. «Ya en ese momento empezamos a recoger cosas y hemos continuado hoy (por ayer) porque nos daban veinticuatro horas», agrega. «Vivíamos en alquiler y estamos en el albergue de la Chana, a la espera de que nos digan si nos van a conseguir algún piso o lo que sea», dice.
Lenmy, original de la República Dominicana pero que lleva ya diecinueve años viviendo en Granada, no olvida la madrugada del 15 de agosto. «Sentí que todo se iba a caer; era como si estuviéramos en una batidora», explica la afectada, quien afirma que nada más producirse ese primer temblor, ya pudo observar la primera raja y los desprendimientos de pintura.
Conscientes de la gravedad
Irvic, de Venezuela, reside en uno de los terceros del número 25 de la avenida de Barcelona. «Yo trabajo como ingeniero en una constructora, y desde el primer momento fui consciente de la gravedad de lo que había pasado», manifiesta. «Nos han dicho que tenemos que marcharnos hasta que se hagan las reparaciones y se refuercen las estructuras», indica Irvic, para quien la medida no resulta muy traumática a corto plazo. «Ya me estaba preparando para trasladarme durante un tiempo a Roquetas, donde empiezo una nueva obra», comenta.
Christian regenta el supermercado Alsara junto a los números 23 y 25 de la avenida de Barcelona. «La mayor parte de los que ahora se han tenido que ir eran mis clientes», comenta. «Hay gente mayor, estudiantes, familias trabajadoras y también alguna persona que estaba pagando su hipoteca», explica Christian, quien tampoco olvida cómo temblaron las paredes aquella noche del 15 y posteriormente el 18. «Se hicieron grietas en algunos locales –algunas visibles con tan solo mirar a través de una cristalera– y en mi establecimiento se meneó todo», comenta mientras enseña las imágenes de una cámara de seguridad
«Para nosotros -reflexiona- la situación también es complicada, ya que toda esta gente que ya no está es la que compraba aquí en el día a día».