En el nombre de LA RIOJA, ayer, hoy y siempre
Nacido liberal e instrumentalizado por la dictadura, el periódico recuperó con la democracia y la autonomía su cabecera y su identidad como voz de su tierra
Logroño
LA RIOJA. Aquí, a los periódicos se les llama así: riojas. Éxito de marca o identificación con generaciones de lectores. O, simplemente, que este es ... un diario con el nombre de su tierra. Y viceversa.
LA RIOJA, así lo bautizaron sus padres con el objetivo de ser su voz y así es hoy día, aunque, durante años, los mismos que impusieron por la fuerza un Nuevo Régimen para una Nueva España también quisieron una Nueva Rioja, una voz distinta que fuera solo la de ellos, la única permitida. Luego, el tiempo, la calle, el pueblo, la historia, pusieron las cosas en su sitio y devolvieron los nombres a las cosas: a la comunidad, La Rioja, y a su periódico, también. Ni nueva ni vieja, la de siempre, la de toda la vida, la de todos nosotros: LA RIOJA.

1889
1938
1965
1969
1977
1991
1997
2003-2006
«Las tipografías de las primeras cabeceras se basan en las letras utilizadas en la época para la cartelería»
1915
«La cabecera de 1938 recoge la tradición de las letrerías Decó que se popularizaron durante las décadas de 1920 y 1930»
«Una versión continuista»
«El diseño de 1969 es un absoluto despropósito»
«No se entiende cómo pudieron esperar tanto tiempo para rediseñar la cabecera»
«Aquí ya se aprecia un rediseño más cuidado»
«Se acentúa la mancha horizontal mediante una letra más pesada y remates en bloqueo»
«Sin duda, la mejor de todas y la que mejor responde a la contemporaneidad»
El diseñador y tipógrafo Andreu Balius (*), analiza para este número especial la evolución tipográfica en las cabeceras del periódico desde su fundación hasta nuestros días:«Normalmente –dice de las dos primeras (1890 y 1915)– se trataba de tipos de madera que las imprentas empleaban para carteles y anuncios de gran formato. Sus formas estrechas permitían economizar espacio y, al mismo tiempo, conseguir un buen impacto visual. Entre la primera y la segunda no se aprecian cambios significativos».
Según Balius –y solo desde el punto de vista formal, es decir, dejando aparte el evidente cambio de nombre del periódico y sus razones políticas–, la cabecera «parece más bien un trabajo de rotulación que el resultado de un tipo de imprenta». «Se observa cierta desproporción en la distribución de los blancos, algo característico de muchos diseños tipográficos del Art Decó».
Casi treinta años después, la cabecera apenas «reduce la condensación de las letras y opta por encajar la mancha tipográfica dentro de una pastilla en negativo». «Parece apreciarse un ligero aumento del contraste y el rediseño de algunos rasgos», añade.
Sin duda, la peor de todas nuestras cabeceras, en opinión del experto: «La composición tipográfica rompe con la idea de una cabecera horizontal para crear una caja compacta en la que el término ‘Nueva’ pasa a un segundo plano. Imagino que esta composición responde a un determinado rediseño de la primera página del periódico. La cabecera resulta prácticamente ilegible: la condensación exagerada de las letras, junto con la contraforma muy abierta de la O, hacen pensar en la llegada del pop y en una cierta libertad formal en cuestiones estéticas, aunque el resultado es, a mi entender, muy desafortunado».
Han pasado ocho años:«Esta nueva versión –continúa el diseñador–, con letras de remate más industrial, consigue una mancha tipográfica más estable y devuelve la horizontalidad a la composición. El dibujo de la O resulta algo forzado. Las letras parecen haber sido dibujadas con plantillas, sin tener en cuenta cuestiones ópticas. Los remates o serifas —tipos clasificados como egipcios o mecanas (’slab serif’, en inglés)— son muy densos y pesados. Entiendo que ello viene determinado por la altura de la palabra ‘Nueva’».
Por fin signos de cambio, además de recuperar el nombre original: «Se mantiene el tipo con remates de la versión de 1977, aunque de forma más moderada. La letra está mucho mejor dibujada y parece responder a la estética de las cabeceras de 1890 y 1915».
En general, el especialista aprecia una gran evolución en la cabecera de LA RIOJA a lo largo de tantos años y un claro deseo de modernizarse en estas últimas décadas:«El resultado en 1997 es una cabecera visualmente muy potente, con una J ligeramente descendente que evita el exceso de blanco con la O».
Y, por último, LA RIOJA del siglo XXI, al estilo de su tiempo: «Un palo seco de geometría limpia y clara –explica Andreu Balius–. Aunque se trata de un tipo oscuro (un estilo bold), elegido para aportar potencia y contundencia a la cabecera ofrece una estructura de letra clara y sencilla. Resulta más moderna que la anterior y rompe con los valores clásicos que transmitían las cabeceras precedentes».
(* El diseñador catalán Andreu Balius ha creado, entre otras, la tipografía corporativa de la Comunidad Autónoma de La Rioja y de la Universidad de La Rioja y es padre de las familias tipográficas ‘Rioja’ y ‘Riojana’)
Esta es una historia de 137 años, 45.000 números y unas cuantas cabeceras diferentes. Pero un mismo periódico y una misma región que van de la mano, una sola historia a la que seguimos intentando honrar.
Es bien conocido. LA RIOJA aparece el 15 de enero de 1889 en Logroño, pequeña capital de una provincia con no poca tradición en prensa. Su fundador, Facundo Martínez Zaporta, y su hijo Francisco ya habían publicado los semanarios 'Logroño Cómico' y 'El Comercio' y ahora se embarcaban en la aventura de un 'Diario Político', como hacían constar en su cabecera. Nacía al amparo de la Ley de Policía de la Imprenta de 1883, en el espíritu de la Constitución de 1876, base legal de la Restauración borbónica.
Aunque luego cambió su subtítulo por el de 'Diario Imparcial de la Mañana' (a partir del 8 de noviembre de 1892), su tendencia en aquellas primeras décadas de andadura fue liberal, próxima a Sagasta, para luego evolucionar «hacia posiciones de Izquierda Republicana de la mano de Amós Salvador», como afirman los historiadores de la Universidad de La Rioja José Miguel Delgado Idarreta y Rebeca Viguera. Durante la Segunda República, su carácter fue independiente.
Pero con el golpe de Estado de 1936 y durante la Guerra Civil, el bando franquista se apoderó de la provincia y también del periódico. Se apoderó de todo. El giro editorial fue radical y el 1 de octubre de 1938 LA RIOJA aparecía rebautizada como 'Nueva Rioja'. Era el resultado de la absorción del 'Diario de La Rioja', un periódico ultracatólico que había sido incendiado pero que los golpistas consideraban «buena prensa», y de la depuración política y social de la redacción original, con el triste escarmiento ejemplarizante a Cayetano Melguizo, su último responsable.
«La prensa –recuerdan Delgado y Viguera– se convertía en parte del aparato del Estado, del Nuevo Régimen, y de esta manera podía ejercer la vigilancia de la actividad, la censura y el control en materia de prensa», de acuerdo a la llamada 'ley Suñer' (de 1938), inspirada en el propagandismo nazi «con la patente intención de controlar la edición periodística». Esta instrumentalización duró más de cuarenta años y conoció también la 'ley Fraga' (de 1966), que se limitó a 'modernizar' la censura.
El cambio llegó por fin con la transición, la democracia, la libertad de expresión, la Constitución de 1978 y el proceso autonómico, un proceso que en esta antigua provincia de Castilla la Vieja fue popular antes que político y en el que el periódico se involucró abiertamente con la calle. Un año antes de que la Comunidad lograse ver reconocida su identidad con el Estatuto de Autonomía, LA RIOJA, su periódico, recuperó también su verdadero nombre y, en parte, su libertad. Aquel 1 de julio de 1981 salía con un enfático editorial en primera página que era todo un triunfo: «Deme LA RIOJA». Y así hasta hoy.