La necesidad de conservar la ganadería extensiva
Según un estudio, pese a que la ganadería provoca algunos problemas, son muchos más los beneficios que genera en la sociedad y en el entorno
La Rioja
Logroño
Ya a principios del año 2024, el profesor de la Universitat Politécnica de Valencia, Eduardo Rojas, escribió en The Conversation un artículo titulado 'El papel ... de la ganadería en un mundo cálido y hambriento' en el que aventuraba ya los problemas a los que la sociedad se enfrentaría si no se cuidaba esta actividad.
Rojas empezaba por reconocer que la actividad agropecuaria y los cambios de uso del suelo relacionados con ella son responsables de un 18% del total global de emisiones de gases de efecto invernadero. También admitía que este hecho había llevado a cuestionar el cambio de dieta para orientarla hacia la exclusivamente vegetal, poniendo el foco argumental en la ganadería ya que «las emisiones de metano ocasionadas por la ganadería, que además ocupa grandes extensiones de terreno y exige la dedicación de extensas áreas agrícolas para la producción de pienso para la alimentación animal».
Sin embargo, el profesor de la institución valenciana pedía rigor en los análisis y alejarse de consideraciones simplistas porque aun reconociendo esas premisas, también señala que alimentar a una población de 8.000 millones de personas constituye todo un reto, máxime cuando «la superficie mundial destinada a producción agropecuaria se ha mantenido estable en 3.200 millones de hectáreas (25% de la superficie de la Tierra) desde 1990, cuando únicamente éramos 5.300 millones de habitantes. De hecho, tanto en Europa como en Norteamérica y Asia la superficie agrícola ha decrecido considerablemente en los últimos decenios, siendo a la vez en el caso europeo y norteamericano autosuficientes y exportadores netos de alimentos gracias a la intensificación agrícola», pese a lo cual, recordó que «la pobreza y el hambre, todavía hoy afecta a un 9,2% de la humanidad, aunque haya bajado sensiblemente en las últimas décadas tanto en términos relativos como absolutos».
Alimentar a 8.000 millones de personas «constituye todo un reto» cuando no ha aumentado la superficie agrícola ni ganadera
Por ello, en su artículo, el profesor valenciano hace algunas consideraciones entre las que destaca que «una buena parte de la crítica a la ganadería se basa en la huella ecológica. Aunque se trata de un indicador con considerable potencial de comunicación, no se debe usar indiscriminadamente sin diferenciar entre recursos finitos (minerales, fósiles), de circuito cerrado (agua) o renovables (alimentos, productos forestales)».
Además, en otra de sus consideraciones asegura que «uno de los cultivos más directamente relacionados con la deforestación es la soja, cuya alta demanda procede de su empleo como sucedáneo de productos lácteos y carne».
También afirma que «la ganadería extensiva valoriza los terrenos de peor calidad y clima, mientras que la producción hortofrutícola requiere los mejores terrenos y climas más suaves. Por eso, pretender generalizar en todo el mundo una alimentación basada exclusivamente en alimentos de origen vegetal comportaría altísimos costes de transporte, en muchos casos aéreos –pensemos en territorios como Mongolia o Siberia–, y su correspondiente impacto climático e innecesario riesgo de seguridad alimentaria» y adelantándose a lo ocurrido este verano, hace ya dos años escribió: «La ganadería extensiva adecuadamente gestionada puede ser clave para mantener sistemas de bosques secos abiertos, reduciendo el riesgo de grandes incendios y produciendo carne con mínimas emisiones al no requerir (casi) pienso».
Y otorga también un valor conservador de los grandes paisajes a la ganadería extensiva (esa que necesita los prados verdes para subsistir): «El mantenimiento de los paisajes culturales abiertos o adehesados que nos asegura la actividad ganadera solo es posible si esta se mantiene. Estos paisajes, sean dehesas o prados alpinos, se caracterizan por una rica biodiversidad que se perdería inexorablemente con la desaparición de la ganadería extensiva tanto de razas autóctonas como de especies silvestres vinculadas a estos usos seculares».
El profesor de la Universitat Politécnica de Valencia, en el artículo de The Conversation, concluye avisando de que está en manos del consumidor, a la hora de hacer la compra, reducir los impactos negativos y reforzar las sinergias, y propone hacerlo «consumiendo pescado y marisco de pesca, productos cárnicos y lácteos de ganadería extensiva o carne de caza, así como escogiendo una dieta equilibrada y variada, destinando más tiempo a su adquisición y cocinado».