Balonmano
Un partido a dos velocidades
Un Barcelona mucho más rodado pasó por encima del Dicorpebal en el Palacio en el primer encuentro liguero de la temporada
Logroño
Es la historia repetida una y otra vez. El Barcelona es inabarcable para el resto en una Liga Asobal con una velocidad para los azulgrana ... y otra para el resto, para un grupo en el que el Dicorpebal siempre está entre los mejores.
Pero entre el cuadro catalán y los demás hay un abismo que cada vez parece más profundo. Se le marchó en verano Emil Nielsen, el mejor portero del mundo, y llegó un Sergey Hernández, viejo conocido del Ciudad de Logroño, que ha crecido en todos los sentidos desde su marcha y que se hizo enorme en el Palacio de los Deportes (soberbia su primera mitad con siete paradas, por encima del 30% de acierto).
También se fue el esloveno Domen Makuc, el mejor jugador de la 'Final four' de la Champions que ganó el equipo de Antonio Carlos Ortega, y el Barça sigue como un tiro.
Para colmo, además cuenta con una cantera enormemente productiva de la que salen jugadores bárbaros como los ya asentados hermanos Cikusa o el recién llegado Adrián Sola, una flecha en el extremo derecho que vuela sobre la pista y que ve la portería gigante cuando se dispone a lanzar con su izquierda. Y el año próximo llegará Marcos Fis...
Debe ser una gozada mirar al banquillo y encontrar soluciones de máximo nivel, que lo que saques a la pista sea mejor incluso que lo que quitas.
Ante tanto armamento, es difícil ir a la guerra. Este viernes, en el Palacio de los Deportes poco se le pudo reprochar al Dicorpebal que ayer perdió con una contundencia inusual por 32-48 en el primer partido de la temporada en la Liga Asobal. No es precisamente el equipo de Miguel Ángel Velasco un bloque que vaya a pelear con tirachinas. El subcampeón liguero tiene buena pinta y está muy bien entrenado pero hay poco que se pueda hacer ante el Barcelona.
Los catalanes parecen engrasados como si se encontraran en la fase importante de la temporada. Ya lo demostraron en la Supercopa Ibérica y en el estreno en la máxima competición continental. Y ayer lo volvieron a hacer en el Palacio de los Deportes ante un Dicorpebal al que todavía le falta lograr esos automatismos que el Barça realiza con los ojos cerrados.
La primera parte de los azulgrana en Logroño fue maravillosa, para goce y disfrute de los amantes del balonmano. En defensa es sorprendente ver la agilidad con la que se mueven y se desplazan lateralmente cuerpos del tamaño de N'Guessan, Dika Mem o un Ludovic Fàbregas que, además, se convirtió en un castigo constante para el Dicorpebal, con seis tantos sin fallo en la primera mitad. Y si el balón pasaba la muralla culé, ahí estaba Sergey para impedir que llegara a la red.
El Barça se mostró infalible en el lanzamiento desde el inicio. En los primeros treinta minutos firmó una hoja de servicios con solo cuatro errores en treinta lanzamientos. Cancio, titular en el estreno liguero, detuvo su primer balón cuando se llevaban trece minutos del choque y mostró su decepción con un gesto que mezclaba rabia y frustración. A los de Ortega les encanta convertir la cancha en una pista de velocidad en la que la transición de una portería a otra dura un pestañeo. En un estornudo se puede perder un gol.
El partido entre el Dicorpebal y el Barcelona duró, competitivamente hablando, cuatro goles, los que pusieron el 2-2 en el marcador. Porque el cuadro visitante puso un ritmo inalcanzable para un rival que está acostumbrado a ser el que corre más. Pero esta vez a los franjivino les tocó perseguir constantemente el balón y a los jugadores de un equipo mucho más rodado y que, cuando las cosas le van de cara, vuelca el campo hacia la portería contraria.
Fue tal la superioridad de los visitantes que Velasco ya tuvo que parar el partido a los diez minutos, con el 4-9 en el marcador. El segoviano, curtido en mil batallas y buen conocedor del arsenal del adversario, leyó rápidamente que no era el día y que tenía que llamar al orden a los suyos antes de que todo se desmadrara en perjuicio de los intereses franjivino.
De poco sirvió. Crecía la distancia sin nada que poder oponer. En el minuto 26 la diferencia ya alcanzó los diez goles (14-24) y en esos registros se alcanzó el descanso (17-26).
Sin tregua
El Dicorpebal tiró de orgullo en el retorno a la cancha, se esforzó por plantar cara, elevar su nivel y bajar la diferencia, pero se tradujo en casi nada en el marcador (20-27).
Lo bueno que tiene el Barça es que todos quieren jugar y competir. No se relaja nadie. Todos llegan a la disciplina culé para ser importantes y demostrar que son los mejores entre los mejores. Cada instante cuenta para ellos y lo demuestran jugando a tope en el minuto uno y en el sesenta, sin mirar el marcador.
Y eso es lo que hicieron en el Palacio de los Deportes. Si el Logroño corría, ellos corrían más. Si los locales acertaban con la portería rival, ellos los hacían con más frecuencia. Y el marcador se disparó hasta unas cifras descomunales de goles.