El emperador se anticipa al asedio
Entre degustaciones, bailes y mercados, Logroño recibe a Carlos V con honores antes de que arranquen las recreaciones del sitio
Logroño
Carlos V pisó Logroño en tres ocasiones:1520, 1523 y 1540. En la primera, de paso en su peregrinar hacia Santiago de Compostela, en la ... última, recibido por los Duques de Nájera. Pero es sin duda la más significativa la visita intermedia, cuando pasó casi tres semanas en una ciudad a la que agradeció su arrojo en la defensa contra el invasor francés con tres flores de lis y varios privilegios fiscales, ordenando además reforzar las murallas y levantar el Cubo del Revellín. Nunca ha estado Logroño tan cerca del centro del poder mundial como en aquellos días de 1523 en los que el rey de España y emperador del Sacro Imperio Germánico se alojó entre sus muros. Cinco siglos después, Logroño narra con orgullo la llegada de Carlos V como uno de los acontecimientos centrales de sus fiestas patronales y este domingo, el emperador incluso se adelantó a las recreaciones propias del asedio, que contemplará hasta el jueves, cuando entregue las flores de lis que la ciudad luce en su escudo.
San Bernabé disfrutó de la que promete ser una de sus jornadas más multitudinarias del programa festivo. El domingo, locales y visitantes se fundieron en el Casco Antiguo para recorrer ese pedacito de historia a la que Logroño intenta trasladarse cada junio. Músicos, mercaderes, bailarinas, cuentacuentos, juglares, rapsodas, guardias de la ciudad en ronda... Conocidos y variopintos personajes en un escenario urbano que volvieron a encontrar un público agradecido. Otros, más atados a este tiempo, como son los vendedores de globos, los participantes en la batalla de globos y pistolas de agua, los DJs del 'tardeo' o la ubicua Bárbara Reina de la Pantaloneta.
Mientras, San Bernabé abrió la veda de uno de los apartados que no pueden faltar (y en buena cantidad): las degustaciones. Fueron dos casas regionales, que siempre suelen ofrecer a los logroñeses propuestas que se salen de lo típico. El Centro Cántabro, empanada típica de su región, y la Casa de la Comunidad Valenciana, un bocatita de lomo con cebolla caramelizada, al estilo de esos almuerzos que son casi religión para muchos valencianos. La Peña Aster, mientras, celebraba su 'Family Wine', compartiendo pinchos y vinos en El Espolón.
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Justo Rodríguez
Muchos alargaron la mañana en el centro de Logroño con comida o un largo vermú entre terrazas y bares, con una elevada afluencia, superior a la de la jornada inaugural de las fiestas. Los más valientes pudieron empalmar con los actos de la tarde, cuando se repetía esquema, aunque con varias representaciones que rompían la estructura central del programa.
Y es que a media tarde llegó Carlos V. El emperador salió de la plaza de San Bartolomé para enfilar Portales de punta a punta, entre las miradas intrigadas de quienes descubrían su figura central entre la comitiva que componían sus guardias y el resto de personajes que, aislándose del ambiente que les rodeaba, recorrían las calles de la ciudad de la misma manera que en el siglo XVI lo hizo el monarca germano. Llegó hasta las murallas, desde donde partirá el jueves en el recorrido inverso para entregar en San Bartolomé a Logroño sus privilegios y esas flores de lis que luce en su escudo como símbolo de la resistencia contra los franceses en 1521.
Pero este domingo, incluso antes de que comenzasen las recreaciones del sitio a Logroño, la ciudad recibió al emperador con combates singulares, bailes locales y andalusíes y una ofrenda de vino de la Sonsierra. Allí, en el Revellín, Carlos V conoció a las principales personalidades de la ciudad y pasó revista a sus defensas con cumplido detalle, preocupándose además por la renovación de la torre de San Bartolomé. Después se celebró en la Iglesia Santiago El Real el Concejo Abierto, allí donde los logroñeses del siglo XVI decidieron plantar cara al ejército extranjero. Los franceses llegaban, como recalca la nocturna representación de Sapo Producciones. Logroño está listo para defenderse.