Las almas de la fiesta
El programa mateo quedaría cojo sin la presencia cotidiana de algunos artistas que se han convertido en su columna vertebral
Logroño
A las cinco de la tarde, en la plaza de los Lirios, los hermanos Mónica y Juan Díaz Quintero aprovechan la mínima sombra de un ... toldo para escapar de un sol implacable. El escenario de Gorgorito ya está montado y las sillas dispuestas. Poco a poco van llegando los niños con sus padres. «Logroño es un sitio muy especial para nosotros –dicen–, una ciudad que nos recibe maravillosamente y a la que tenemos mucho cariño». No es la única ciudad con una estatua dedicada a los títeres de Maese Villarejo –también hay en Astorga y en Cáceres–, pero sí la única que incorpora a la bruja Ciriaca. «Es una preciosidad», sentencia Juan.
Las fiestas mateas no se entenderían sin Gorgorito, que lleva décadas alegrando las tardes a los niños logroñeses. Juan y Mónica recogieron el testigo de sus padres y continuaron con la tradición. No es un oficio fácil ni cómodo. «Es un trabajo físicamente muy exigente. El escenario hay que montarlo y desmontarlo todos los días, son muchos viajes, muchos días fuera de casa y el calor agobiante te hace mella», resopla Mónica. A Juan, hace unos años, en Logroño le dio un amago de infarto y tuvo que ser ingresado de urgencia en el San Pedro. «Pero al día siguiente, ahí estábamos otra vez», señalan.
Hay cosas que no cambian. Juan y Mónica siguen sintiendo los mismos nervios cuando, minutos antes de comenzar la función, se asoman por el agujerito del telón y ven a cientos de niños nerviosos, expectantes. Tampoco ellos han cambiado: «Siguen disfrutando con las aventuras, respondiendo a los mismos estímulos, contestando igual...», apunta Mónica. Ahora son, sin embargo, más educados: «Yo recuerdo que en mi infancia o cuando empecé a trabajar, los niños querían levantar la lona para ver lo que había debajo, tiraban cosas, se daban golpes... Ahora son más respetuosos, quizá porque están más acostumbrados a asistir a espectáculos».
Juan y Mónica residen en Madrid, aunque durante los sanmateos se trasladan a Logroño. Maialen y Patxi, sin embargo, vuelven todos los días a casa. A las tres de la mañana, cuando terminan su actuación en la carpa de la Casa de Andalucía, cogen el coche y enfilan la carretera, ella a Noain y él a Tafalla. Llevan cuatro años haciendo lo mismo. «Estamos tan acostumbrados... –replica Maialen–. En comparación con los kilómetros que hacemos con nuestras orquestas, cuarenta minutos de viaje nos parecen un regalo». Maialen Lecumberri y Patxi Gil desembarcaron en San Mateo hace cuatro años y desde entonces se han convertido en una presencia fundamental: cuando cae la noche, sus nombres son los más repetidos en le programa de fiestas. Actúan todos los días en dos sesiones. «Por la tarde vienen parejitas, cuadrillas, gente un poco más mayor. Por la noche, sin embargo, hay más gente joven. ¡Pero mucha gente joven! Y eso que nosotros no hacemos reguetón», advierte Maialen.
Maialen y Patxi curran de lo lindo, y no solo en San Mateo. Gestionan cuatro orquestas (Los Aliados, Edelweiss, Kapitana Show y Vuelo Vintage), que hacen 40 o 50 fechas al año. «No paramos. Ahora llevamos 14 días seguidos. Es nuestra forma de vida», señala Patxi. «Lo importante es dormir mucho y salir descansados al escenario», apostilla Maialen. Las vacaciones les llegarán después del Pilar. Entre tanto seguirán poniendo sus poderosas voces al servicio del público. «Nos gusta tocar la música que más mueve a la gente. Igual animamos con una pop-rock que con una mexicana. Cuando subimos al escenario se nos olvida todo. Aquí además hay muy buena energía y buen ambiente», resumen.
En San Mateo tampoco tiene un segundo de respiro Rubén García Bañuelos, alter ego de Bárbara, Reina de la Pantaloneta. El personaje nació en la Nochevieja de 2018. «Yo llevo 20 años en Sapo Producciones y he hecho de todo, pero me apetecía crear un personaje un poco drag, típicamente riojano. El mayor impulso llego con la pandemia. Empecé a retransmitir por Facebook las aventuras de Bárbara y desde ahí todo ha ido para arriba». Sus bingos se han convertido en una cita singular de las tardes mateas y Rubén aún no tiene ganas de pasar página: «No me he cansado del personaje, al contrario. ¡Esto va 'in crescendo'! Estoy encantada de estar con Bárbara y seguiré dando el coñazo siempre que la gente esté conmigo».