Tribuna
Periodismo incómodo
El poder que no sabe convivir con la crítica siempre se revuelve contra la prensa y la culpa de sus errores y fracasos
Directora de Dario LA RIOJA
Los periodistas nunca habíamos hablado de nuestro oficio tanto como ahora, quizá porque nunca fue tan necesario. Los ataques a esta profesión y a quienes ... la ejercen han alcanzado proporciones impensables antes de la conexión global propia de la era digital. Un mensaje vertido en internet puede llegar, sin filtros, a millones de personas en cuestión de segundos. Las grandes empresas tecnológicas que dominan las redes sociales y las herramientas de inteligencia artificial están en manos de millonarios que se toman demasiadas molestias en su intento de desprestigiar y silenciar a los medios de comunicación. Señal de que lo que tenemos que contar incomoda a los poderosos.
El poder que no sabe convivir con la crítica siempre se revuelve contra la prensa y la culpa de sus errores y fracasos. En su reciente comparecencia pública, Florentino Pérez arremetió contra los medios de comunicación y contra sus trabajadores, y los acusó de confabularse para dañar al Real Madrid, una institución acostumbrada al éxito que ahora es dueña de su propia crisis. El presidente del club asaeteó con especial ojeriza a dos cabeceras del grupo Vocento, ABC y el ya desaparecido Relevo, pero repartió leña para casi todos y acaparó las portadas de los periódicos nacionales.
El directivo del Grupo ACS cayó en la trampa de sus propias contradicciones. Atribuyó primero a la prensa el poderío suficiente como para desacreditar «al club más prestigioso del mundo» y forzar unas elecciones con las que defenderse, y despreció después al gremio al asegurar que «se creen que tienen mucho poder los periodistas, pero no tienen ningún poder, porque la gente es muy lista». En efecto, la gente es avispada, y a pocos se les escapa la improcedencia de una intervención en la que soltó una perla tras otra. Dijo que en el equipo blanco los jugadores «se pegan todos los días» y «peor que la última reyerta es que alguien del club la haya sacado a la luz». El antiperiodismo: que no se sepa. No dejó terminar ninguna pregunta sin interrumpir a quien la formulaba y respondió sólo a las que le dio la gana. Quizá el temor a las preguntas molestas explique por qué los últimos ministros que han visitado La Rioja han rechazado ser entrevistados por nuestro periódico.
No todos valemos para corresponsal de guerra, pero si algo de heroico conserva este oficio es esa resistencia numantina a las presiones
La combinación de fútbol, negocio y prepotencia hace aflorar en algunos personajes que han cosechado honores lo peor del primate que todos llevamos dentro. Le ocurrió al Rubiales del «piquito», del agarrón testicular y del «no voy a dimitir». Florentino Pérez repitió tres veces algo que nadie ha puesto en duda, que es «el presidente más laureado» de la historia del Madrid. Alardeó de sus 66 títulos en fútbol y baloncesto como un gorila que se golpea el pecho para hacer tintinear su colección de medallas, en la que le faltan otras siete de la Liga «que podría haber ganado, pero me las han robado». Y, para rematar, enseñó la patita machista.
Los propósitos de acallar a la prensa no siempre son tan notorios, y ningún medio está libre de padecerlos, tampoco Diario LA RIOJA. La actual crisis de rentabilidad acorrala al periodismo. La independencia editorial se ve amenazada por la dependencia financiera. Entidades públicas y privadas apoyan la labor de los medios de comunicación con inversiones en proyectos, pero no todas respetan por igual la libertad informativa, y algunas recurren a la congelación de fondos o a la retirada de campañas publicitarias como medida de presión cuando los titulares les resultan desfavorables. Pretenden apretar las tuercas a los responsables del negocio para que moderen a sus redacciones.
La buena noticia es que los periódicos no los escriben los consejeros delegados ni los directores generales ni los directores comerciales ni los accionistas, que tienen otros quehaceres y se enteran de lo que vamos a publicar al mismo tiempo que el resto de lectores. El periódico lo escriben los periodistas, gente bastante tozuda con su autonomía. No todos valemos para corresponsal de guerra, pero si algo de heroico conserva este oficio es esa resistencia numantina a las presiones, vengan de fuera, de dentro, de arriba o de al lado. Las quejas sobre lo que contamos recibidas en cualquier departamento que no sea la redacción caen en saco roto, porque no necesitamos recaderos. Si hemos cometido algún error, seremos los primeros en querer rectificar. Nos jugamos la credibilidad y la reputación. Pero no vamos a cambiar ni un enfoque ni una coma por razones monetarias.
Nunca fue tan difícil como hoy distinguir entre realidad y ficción y diferenciar lo verdadero de lo falso, y nunca ha sido, por tanto, tan útil el periodismo. Pero para una parte de la sociedad hemos dejado de ser relevantes, porque para ellos conocer la verdad ya no es prioritario. En la batalla por la imparcialidad, nuestra mejor baza, además de una redacción fuerte y unida, es el apoyo de los lectores. El modelo de negocio ha cambiado, y necesitamos suscriptores que compartan con nosotros la creencia de que los hechos no solo existen, sino que todavía son sagrados.