El cabo suelto del crimen de Sueca
El hijo del asesino confeso y su abuela bajaron a la calle con una bolsa y un barreño antes de que llegara la Guardia Civil al inmueble
Sueca
Hace meses que la Guardia Civil dio por cerrada la investigación por el brutal asesinato del pequeño Álex, el niño de trece años golpeado ... con un bate de béisbol y acuchillado hasta la muerte el pasado 24 de enero en Sueca por el padre de su amigo, Juan Francisco M. F, en prisión provisional tras confesar su crimen. Pero la instrucción del caso que conmocionó a todo un país sigue su curso para apuntalar la acusación contra el que los investigadores consideran único implicado en la muerte del menor.
La plaza número cuatro de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Sueca, que instruye la causa, cuenta ya con la prueba objetiva definitiva que constata la autoría del asesino confeso y en la que no se ha encontrado ningún vestigio que apunte a otras posibles terceras personas implicadas en el asesinato de Álex. El resultado del informe del Departamento de Biología del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, tras analizar los restos orgánicos de las muestras que se tomaron en la exhaustiva inspección técnico policial del escenario del crimen, confirma la presencia de restos de sangre de la víctima en ambas manos del acusado y en varias prendas de ropa que este portaba (zapatillas, camisa azul con rayas blancas, pantalón y chaleco negro), que se transfirieron durante la comisión del crimen.
El informe también confirma que se han encontrado restos de sangre de la víctima en los dos cuchillos analizados y en los trozos del bate de béisbol de madera astillado. Es decir, en las tres armas homicidas empleadas para cometer el crimen. En la empuñadura del cuchillo de cocina de 34 centímetros de longitud y color blanco además hay una mezcla de perfiles genéticos del menor y del acusado. Y solo se han encontrado restos orgánicos de su hijo en el cinturón del vehículo y la puerta del copiloto, lo cual encaja con la versión mantenida por el asesino confeso y el adolescente testigo del crimen de su amigo.
Pero como ocurre en la mayoría de investigaciones por asesinato, siempre hay algún cabo suelto que nunca llega a esclarecerse y con el que suelen jugar las defensas en el posterior juicio para sembrar una duda, razonable o no tanto, sobre la autoría de su patrocinado. En esta causa, sin un móvil del crimen claro, es la propia acusación particular la que ha puesto la lupa sobre este fleco sin respuesta, que agrava el dolor de unos padres que necesitan entender lo incomprensible, que un bibliotecario de 48 años, sin antecedentes y con nada en contra de Álex o su familia, acabe de forma salvaje con la vida del amigo de su hijo que había acudido a su casa, en la calle Trinquet Vell de Sueca, a jugar al ordenador esa tarde.
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Ese cabo suelto que martillea la cabeza de los padres del adolescente asesinado fue detectado durante la revisión del visionado de las cámaras de seguridad del edificio en el que residen los padres del asesino confeso, donde este llevó a su hijo –de la misma edad que la víctima– minutos después de matar al menor, antes de entregarse en el cuartel de la Guardia Civil, situado a escasos metros, para confesar su crimen.
El menor lleva la misma ropa
En las imágenes, con un desfase de 36 minutos, se observa a las 18.16 horas (hora real) llegar al adolescente y llamar al portero automático para que le abran sus abuelos. El menor, que acaba de presenciar presuntamente cómo su padre asesinaba a su amigo sin motivo alguno, sube solo por las escaleras. Lo cual concuerda con lo manifestado tanto por él como por el asesino confeso. Posteriormente, a las 18.24 se ve al abuelo salir del edificio, posiblemente para buscar a su hijo tras el relato de su nieto de lo sucedido o para buscar a otro familiar, tío del menor, con el que regresa. Ambos son captados entrando a las 18.44 horas. Y unos veinte minutos después dicho familiar sale de nuevo y se marcha. Hasta ahí todo correcto.
La cuestión extraña surge cuando una hora después, antes de que se hayan personado en el domicilio la Policía Local o la Guardia Civil, se ve cómo el menor y su abuela salen del inmueble llevando una bolsa de rafia serigrafiada y un barreño de color verde, y regresando dos minutos después sin nada en las manos. Ellos siempre han negado haber salido del domicilio esa tarde.
En las imágenes el menor lleva la misma ropa tanto al entrar en la finca -sin nada en las manos- como en el momento en el que sale a la calle con su abuela esos escasos dos minutos. Pero, ¿a qué salieron y por qué lo han ocultado? Es lo que trata de aclarar la acusación particular tras citar a declarar a la madre y el cuñado del investigado. Su declaración estaba prevista para este jueves, pero finalmente se ha aplazado. La respuesta a este cabo suelto tendrá que esperar.