Ababol | El libro de la semana
El amor es un feliz enredo
'Y también el olvido'. Por el primer poemario del médico internista murciano Juan Vicente Calderón pasa la vida; una obra breve, pero intensa y repleta de gestos solidarios, con un lenguaje poroso, permeable, abierto a los sentidos, repleto de imágenes que, en ocasiones, como sucede en el poema titulado 'Grandeza', no elude el compromiso social
José Belmonte Serrano
Crítico literario, profesor y escritor
Resulta evidente que, aun tratándose de una primera obra, es decir, la puesta de largo de un escritor recién llegado al mundo de la literatura, ... no estamos, sin embargo, ante un libro poco cuajado en donde se aprecien las costuras, la falta de experiencia; en suma, el temor y el temblor, que diría el gran Kierkegaard, de quien saca a la luz el pensamiento más profundo que destila toda buena poesía.
Juan Vicente Calderón (Murcia, 1975), que procede del mundo de la Medicina -materia, conviene recordarlo, que ha dado magníficos escritores a lo largo de la historia-, que es conocido en ciertos ambientes, pese a su excesiva modestia, como un excelente dibujante, no parte de la nada, sino de una larga y larvada experiencia vital que ahora, con sinceridad, sin pudor, plasma en estos poemas que rezuman calidad y belleza por los cuatro costados.
A la manera de Dante, se planta 'nel mezzo del cammin' y pone su mirada en esa luz que, acaso inesperadamente, le sale al encuentro cuando ya había aceptado, casi por completo, su derrota, el regreso definitivo y estoico a los cuarteles de invierno
Un libro que, más que una colección de poemas, escrita al albur, cada uno con su propia canción que le acompaña, resulta, leído en su conjunto, analizado verso a verso, una verdadera obra compacta, bien engarzada sometida a un engranaje que funciona como un mecanismo muy bien engrasado, donde no sobra ni falta de nada, donde se aprecia toda una evolución que se sostiene sobre ciertos motivos que se repiten, una y otra vez, hasta conferirle un particular ritmo y una especial tonalidad a estos versos.
'Y también olvido'
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Autor Juan Vicente Calderón
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Género: Poesía
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Editorial Valparaíso
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Año de publicación 2025
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Páginas 52
Y para ello, el autor, con mucho tacto y buen criterio, se vale de un vocabulario que, no por sencillo, resulta menos sugerente, como si hubiera entendido la lección machadiana de Juan de Mairena que sugería no cargar con demasiado peso cada uno de estos hermosos poemas para que el resultado final sea de una extremada brillantez. En estos claros versos hay, además, como proponía el divino Juan Ramón, una aproximación a lo absoluto por medio de los símbolos. La sobria carnalidad -y, a veces, un perceptible, aunque moderado, erotismo- no evitan, como en toda buena poesía, la presencia de esas galerías del alma en donde aparecen, en cada una de sus esquinas, el olvido, la memoria, el miedo, el silencio, la celebración de la luz, imágenes de fotos antiguas, el amor profundamente humano, aunque, en ocasiones, el amor sea un verdadero enredo, un feliz enredo, como figura en uno de los versos del poema titulado 'Invencible'.
Fino como la seda
En el poema-prólogo que va al frente de la obra, Calderón, a la manera de Dante, se planta 'nel mezzo del cammin' y pone su mirada en esa luz que, acaso inesperadamente, le sale al encuentro cuando ya había aceptado, casi por completo, su derrota, el regreso definitivo y estoico a los cuarteles de invierno. Echa así a andar un poemario en cuyos versos se refleja fielmente el tiempo recuperado, esa felicidad silenciosa y doméstica que tantos añoran, si bien es consciente de que el amor, como queda plasmado en su poema 'Tan fino como la seda', está, en ocasiones, pendiente de un hilo. En estos versos, Juan Vicente Calderón deja, además, constancia del valor de las cosas más pequeñas, porque, en el fondo, nosotros mismos, que nos creíamos inmortales, no somos sino migajas, «pobres alucinados / que a su paso firme / y tranquilo deja el amor».
En el fondo, nosotros, que nos creíamos inmortales, no somos sino migajas. El poeta transmite una sensación de largo poema de amor con el que se nos muestra a seres cotidianos que terminan convirtiéndose, por la magia del instante, en extraordinarios
Porque, en el fondo, 'Y también el olvido' transmite una inequívoca sensación de largo poema de amor con el que se nos muestra a seres cotidianos que terminan convirtiéndose, por la magia del instante, en extraordinarios.
El poeta presume de benevolencia -aunque no sin un leve asomo de ironía-, y a la manera de Propercio y, sobre todo, del lenguaraz Catulo -«no persigas las cosas que se han ido», dejó escrito el genial latino-, en estas valiosas páginas, tan repletas de sensibilidad, que calan hondamente en la mente del lector, se apiada «de los otros», de aquellos que ya no podrán tener cerca a la que ahora es su amada, a quien volvería a elegir entre todas las mujeres por su sonrisa sincera.
Bonitas tardes
Pero no todo es amor. Tampoco faltan los versos en los que el escritor recuerda su infancia, remontándose hasta el siglo pasado, cuando era un ser frágil, cuando la vida que pasaba a ritmo lento parecía no importarle, y eran bonitas las tardes «que pasan sin que pase nada». Justo ahí en donde se forja el poeta del que escuchamos ahora su voz; el poeta que, sin aquel pasado, nunca hubiera podido escribir lo que escribe ahora.
Más que una colección de poemas, escrita al albur, cada uno con su propia canción, leído en su conjunto, analizado verso a verso, es una obra compacta, bien engarzada, sometida a un engranaje que funciona como un mecanismo muy bien engrasado, donde no sobra ni falta de nada
'Y también el olvido' es, en resumidas cuentas, un libro breve -de apenas medio centenar de páginas-, pero intenso, repleto de gestos solidarios. Y tiene, también, algo de celebración de la vida y de la luz invitándonos, sin drama alguno, a aprovechar el instante, a apretar con mayor intensidad la mano de quien camina a nuestro lado. Es un libro con encanto, de una soltura poco común, como se refleja en el vocabulario que emplea su autor, con un lenguaje poroso, permeable, abierto a los sentidos, repleto de imágenes que, en ocasiones, como sucede en el poema titulado 'Grandeza', no elude el compromiso social, con la presencia en esos versos de una niña que estudia, una niña que, ajena al mundo, acaba sus deberes, apoyando en sus rodillas unas hojas sueltas en el campo de refugiados en el que habita. Por estas páginas pasa la vida. Porque la vida también transcurre por la otra esquina.