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La agricultura 4.0 cede el paso a la quinta ola de cambios

La sostenibilidad, integrada con la innovación y los datos, compone el núcleo central de la nueva revolución agraria que ya está irrumpiendo en el campo regional

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Tomas de medida de la humedad del suelo en una finca de la Región
Ginés S. Forte

Al principio fue la domesticación de las plantas. El paso de la recolección silvestre a los primeros cultivos marcó el nacimiento de la agricultura. Las notables mejoras de aquella primera revolución agraria no fueron emuladas hasta que no pasaron al menos 10.000 años, con la llegada de la segunda, la que acompañó en los siglos XVIII y XIX a la revolución industrial, y que supuso la introducción de aperos más fuertes e incluso mecánicos, introdujo la rotación de cultivos y extendió el uso de abonos, entre otras mejoras. A partir de ese momento, la irrupción de fases de grandes cambios se ha ido acortando cada vez más en el tiempo. A mediados del siglo XX, llegó la revolución verde, con su maquinaria pesada a motor, sus sistemas avanzados de riego, la expansión de fertilizantes sintéticos y el desarrollo de variedades de alto rendimiento. Más recientemente, en el primer cuarto de este siglo XXI, le ha llegado el turno a la cuarta revolución, con multitud de avances ahora a la orden del día. Conceptos como agricultura de precisión, edición genética, robótica, 'big data', internet de las cosas e inteligencia artificial orbitan unos nuevos cambios en los que el sector aún está inmerso cuando ya asoma una quinta ola dispuesta a cambiarlo todo de nuevo: la agricultura 5.0.

En cierto modo, se trata de la consolidación de avances de la agricultura 4.0 con la que ya nos estamos familiarizando, como agricultura de precisión, inteligencia artificial, 'big data', biotecnología avanzada y robots, pero centrada en un propósito fundamental: la sostenibilidad como núcleo central de todos los procesos. Ahora ya no se trata solo de extraer el mejor rendimiento al campo, sino de garantizar al mismo tiempo que en el futuro se seguirá contando con unos suelos saludables y unas técnicas tan respetuosas como para asegurar su buen desempeño.

La conectividad total y la integración de la inteligencia artificial con la biología son fórmulas capitales que ya llaman a la puerta en esta nueva revolución, solapándose con la anterior. «Después de décadas marcadas por la mecanización, la digitalización y la agricultura de precisión, el sector agroalimentario se enfrenta a un desafío mucho más complejo», resume la analista de mercados especializada en agroalimentación Violeta Cubero.

El nuevo modelo no entiende la tecnología como un simple complemento del trabajo agrícola, sino como una aliada para tomar mejores decisiones

Ahora, añade, «necesitamos producir de forma eficiente, con menos recursos, menor impacto ambiental y una mayor capacidad de adaptación al cambio».

Conscientes de la importancia de adherirse al nuevo modelo para no perder comba en la cada vez más acelerada modernización del campo, el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (Imida), dependiente de la Consejería de Agricultura de la Región de Murcia, acogió en 2023 un evento anual configurado para mostrar herramientas de digitalización, innovación y tecnología protagonizado en esa ocasión por la nueva revolución agraria,

Otras iniciativas, como el foro WeAgro que organizó en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia un año después, en 2024, Cajamar buscan promover en el sector regional el conocimiento sobre la agricultura 5.0. En ese encuentro, el director del departamento de Nutrición Vegetal del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (Cebas-CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el profesor Vicente Martínez López, recordó que la humanidad camina hacia los 9.000 millones de habitantes, que está previsto alcanzar en apenas una década, por lo que «habrá que duplicar la producción de alimentos». Y, en este contexto, «o se aplican nuevas tecnologías en la producción o prácticamente va a ser imposible».

Esas nuevas tecnologías permitirán ahorros de agua de hasta el 90% y la aceleración del desarrollo de las plantas con espectros de luz para ser más eficientes energéticamente, avanzó.

El experto del Cebas apuntó que tras los avances que se han producido en los últimos 15 o 20 años, enmarcados en la agricultura 4.0, y que se encuentran ahora en plena expansión en el campo regional, ahora ya se está produciendo la entrada de la agricultura 5.0, en la que se busca un mayor respeto hacia productores y consumidores.

«Tenemos que hacer un esfuerzo para integrar la tecnología, para que sea útil para el agricultor», precisó en el mismo encuentro el profesor Constantino Valero Ubierna, ingeniero agrónomo catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid. Este especialista en sensórica para la agricultura, maquinaria agrícola, agricultura de precisión y automatización, ya advertía a principios de esta década, en un artículo de la iniciativa de divulgación de conocimiento agrario Plataforma Tierra, del Grupo Cooperativo Cajamar, de la «profunda revolución tecnológica que está sufriendo la agricultura». En aquel momento, esos cambios tenían lugar «en su camino hacia la agricultura digital, pasando por lo que conocemos como agricultura de precisión». Pero ahora, más allá de la capacidad de un análisis masivo de datos a la que apuntaba Valero, se suma en la nueva revolución el reto de adoptar prácticas más respetuosas, para el consumidor, para el productor y para el propio campo y el medio ambiente.

La analista de mercados Violeta Cubero, que además es gestora de contenidos de la Plataforma Tierra, aclara que la agricultura 5.0 surge como un modelo «que no entiende la tecnología como un simple complemento del trabajo agrícola, sino como una aliada estratégica para tomar decisiones más inteligentes, eficientes y sostenibles».

Menos impacto ambiental

Ya no se trata únicamente de digitalizar el campo, como tanto han venido advirtiendo los adalides de la agricultura 4.0. Ahora se precisa integrar innovación, datos y sostenibilidad para apoyar al agricultor en decisiones clave, y señala actuaciones como conocer con precisión «cuándo regar, cómo reducir insumos, cómo detectar plagas a tiempo o cómo mejorar el rendimiento de cada parcela».

Para Cubero, el nuevo concepto «representa la convergencia definitiva entre la ciencia de datos, la inteligencia artificial y la biología aplicada». La fórmula resultante da «lugar a un nuevo enfoque de producción agrícola basado en la toma de decisiones más precisas y eficientes».

No se trata únicamente de automatizar todavía mas los procesos y aumentar la productividad. «A diferencia de etapas anteriores», concreta, «su objetivo principal es producir más alimentos utilizando menos agua, energía y recursos, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental de la actividad agrícola».

Respecto a la agricultura 4.0, enfocada ante todo a la eficiencia operativa, la nueva modalidad «amplía el objetivo hacia un equilibrio entre productividad, sostenibilidad ambiental y resiliencia del sistema agroalimentario». Se trata de dar el salto «de la simple recopilación de datos a la toma de decisiones autónoma, predictiva y centrada en la sostenibilidad». El futuro del sector, concluye, pasa por el equilibrio entre la innovación que mejora los resultados y la sostenibilidad que los asegura para el futuro. Es una mirada más global sobre la actividad que alimenta el mundo.

  1. ¿En qué mejora la actividad la nueva revolución?

La analista de mercados especializada en agroalimentación Violeta Cubero resume los beneficios de la Agricultura 5.0 en cinco puntos clave. El primero alude a una mejor gestión de recursos. La aplicación de riegos, fertilizantes y fitosanitarios ya solo se realiza en el lugar y el momento precisos, ahorrando costes y desperdicios. El segundo viene de la mano del uso de sensores, drones y cámaras con los que detectar problemas con la máxima antelación. Consecuentemente, la respuesta a plagas, enfermedades, carencias hídricas o deficiencias nutricionales, por ejemplo, es mucho más rápida y los males se aminoran. Otro gran mal del campo, las dificultades para el relevo generacional y la falta de mano de obra, se suple con la automatización de las tareas más pesadas, monótonas y peligrosas, lo que atrae a más jóvenes, que irán cambiando el perfil del agricultor hacia un profesional que se desempeña como gestor tecnológico. El cuarto beneficio es el que la humanidad ha ido buscando con más ahínco en cada una de las revoluciones agrarias que ha protagonizado: el aumento de la productividad. Los nuevos avances permiten mejores decisiones que inciden directamente en mayores rendimientos. La mejora de la trazabilidad, impulsada por herramientas digitales, permite atender la creciente demanda de alimentos más seguros y transparentes, al tiempo que se cumplen con las cada vez más exigentes normativas. Y, finalmente, la sostenibilidad, como concepto definitorio de la Agricultura 5.0, facilitada por la reducción en el uso de químicos y la optimización del trabajo, protagonizada por los robots autónomos. El resultado en este punto es una reducción de la huella de carbono, un mejor trato al suelo y la protección de la biodiversidad. O, dicho de otro modo: una garantía para las buenas condiciones del medio para el futuro.

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