Fútbol
Pablo Sáez, la ruta más larga hacia la élite pasa por la cuna del fútbol
El jugador santomerano emprende una aventura en el Belo Horizonte sub-20 de Brasil tras finalizar su vinculación con el Real Murcia
Murcia
Belo Horizonte nació antes en los planos que sobre la tierra. A finales del siglo XIX, Brasil decidió proyectar desde cero la nueva capital de ... Minas Gerais, una ciudad moderna destinada a encarnar el progreso de una república recién estrenada. Un siglo después, aquella cuadrícula trazada con regla se desborda en una urbe mastodóntica de más de 2,4 millones de almas gobernadas por la Serra do Curral. Una capital minera, caótica y profundamente futbolera, donde el balón forma parte de un paisaje recortado entre montañas.
A más de un océano de distancia, Pablo Sáez (Santomera, 19 años) todavía se pelea para meter todas sus aspiraciones en la maleta. El joven futbolista santomerano, apenas un partido de experiencia en Tercera RFEF, consume el miércoles entre preparativos nerviosos y despedidas amargas. Por la noche pondrá rumbo a Madrid junto a su padre; en la mañana del jueves despegará hacia Lisboa primero y, después, hasta la cuna del fútbol. El acento portugués de Duolingo como compañero de viaje y una meta exótica en el horizonte: perseguir el sueño de ser futbolista por el camino menos transitado.
Como aquella ciudad levantada primero sobre el papel, el viaje de Pablo Sáez también responde a un plan. Brasil no aparece como el destino final, sino una escala escogida de forma deliberada para acercarse, por paradójico que parezca, a la élite europea. «Me voy para perseguir el sueño de ser futbolista. Creo que desde allí tengo más posibilidades de que me vean y, al ser un español jugando en Brasil, también voy a llamar más la atención», razona Pablo, dispuesto a recorrer en sentido contrario una ruta por la que cada año cruzan el Atlántico centenares de promesas brasileñas.
Curtido lejos de casa
Desde esta misma semana, el central murciano ha cambiado su estreno en el fútbol sénior de Tercera Federación por la competición sub-20 del América de Belo Horizonte, un vivero brasileño que en los últimos años se ha confirmado como uno de los grandes escaparates del talento joven brasileño. El pasado domingo, Pablo debutó en el Grupo XIII con unos buenos 82 minutos en el regreso del Alcantarilla al fútbol nacional, pero su joven carrera ya había acumulado unos kilómetros impropios de su edad.
Con apenas 15 años, Pablo cambió el azul universitario que le vestía en su Santomera natal por el verdiblanco de una residencia en Dos Hermanas. «Conocí muchos amigos, mucha gente que hoy en día sigue siendo amiga mía. Fue muy bonita aquella experiencia», resume sobre sus dos temporadas en la cantera del Real Betis, una emancipación precoz donde la distancia con casa terminó pesando: «El último año en Sevilla fue complicado. Al ser tan pequeño y estar lejos de mi familia… Al final decidimos volver a casa» , confiesa.
El jugador de 19 años disputará la famosa Copinha, un escaparate global donde los clubes europeos vigilan a los grandes talentos cariocas
Recaló entonces en la cantera grana, donde estos dos últimos cursos ha alternado su físico privilegiado entre la sala de máquinas y el centro de la zaga del juvenil División de Honor del Real Murcia. El pasado verano renovó por otras dos temporadas en la entidad centenaria, pero el ascenso del Imperial coincidió con su salto al fútbol sénior. «Me pedí la cesión y me fui al Alcantarilla para poder jugar», explica sobre un paso efímero por el club aviador; apenas un partido de rojiblanco antes de volver a hacer la maleta tras rescindir con el cuadro grana. Porque aquel adolescente que necesitó volver a casa se siente preparado ahora para cruzar ese océano tras el que se esconde su sueño.
Una escala hacia la élite
«No conozco a nadie que haya tenido esta curiosidad que estoy teniendo yo», reconoce Pablo. Quizá porque su itinerario rompe la dirección habitual del mercado: mientras que los grandes clubes europeos rastrean la cuna del fútbol brasileño en busca de talento precoz, él cruza el Atlántico convencido de que alejarse de casa puede terminar de acercarle a su verdadero destino.
La apuesta nace de la mano de ProManager F8, la agencia que ha trazado un puente entre Murcia y Belo Horizonte y cuyos representantes españoles, Tote y Ricardo, han pilotado una operación que Flavio, responsable de la firma en Brasil, completará a su llegada. Tras aterrizar le espera un contrato inicial por una temporada y el equipo sub-20 del América, ese vivero en el que florecieron jugadores como Fred, Palhinha, Danilo, Richardson o el legendario Tostão, campeón del mundo con la mítica Brasil del 70.
Buscará tener minutos en la célebre Copinha que cada enero convierte el fútbol formativo en un escaparate mundial. Sáez cambia así los duelos contra adultos de Tercera RFEF por un contexto juvenil que considera más fértil para destacar con las miradas puestas. «Creo que desde allí tengo más posibilidades de ser visto», insiste. El objetivo no se esconde: crecer en Brasil para regresar algún día al fútbol europeo por una puerta más grande.
Antes deberá aprender portugués, acostumbrarse a cinco horas menos en el reloj y hacerse sitio en un vestuario que todavía no conoce. Ni siquiera ha hablado aún con sus futuros técnicos. Lleva apenas un par de clases de idioma y algunas lecciones de Duolingo, pero la hoja de ruta parece mucho más clara que el acento. «Espero tener todos los minutos posibles, disfrutar allí la experiencia al máximo y poder saltar a cualquier equipo bueno», proyecta cuando se le pide imaginar dónde quiere estar dentro de un año. Este viernes aterrizó en Belo Horizonte con un plan todavía escrito a lápiz. Como la ciudad que le espera al otro lado del océano, tocará levantarlo desde cero.