Editorial
Cisma sobre Ceuta
La responsabilidad que tienen todos los actores concernidos por la crisis no puede llevar a Sánchez a evadir la suya, principal, en un desafío que es de Estado
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo coincidieron ayer en sendos mítines en Barcelona a apenas una treintena de kilómetros de distancia -uno en Gavá, otro ... en Badalona- de los que quedó no solo un acusado poso preelectoral, sino, sobre todo, la evidencia del abismo que separa a los dirigentes de los dos principales partidos del país y que, lejos de enjugarse, se ha cronificado por la gestión de una crisis de la envergadura de la de Ceuta. Pese a compartir, con distinto tono y objetivo político, que es preciso que las miles de personas que aún se encuentran en situación irregular en la ciudad autónoma, en centros de acogida ya o vagando aún por calles y playas, sean encaminadas de regreso a Marruecos para que los ceutíes puedan ir recobrando la normalidad que les fue arrebatada hace cincuenta días, Sánchez y Feijóo difieren en todo lo demás. Para empezar, en el quién está detrás de la avalancha humana de los días 30 y 31 de julio: el presidente exonera a las autoridades marroquíes y ha desterrado de su discurso la constatación de que la misma representó una vulneración de la integridad territorial española, mientras que el líder de la oposición sí apunta a Rabat aunque cuidándose de alentar una posible quiebra diplomática.
También discrepan en la definición del episodio: un reto puramente humanitario derivado de las injusticias que fuerzan los movimientos migratorios, según Sánchez y los suyos; una «invasión» que rebasa con mucho ese marco para Feijóo, que se afana en involucrar a la UE, en esos parámetros, para responder a la tensión al límite en la frontera sur nacional, que es también la de los europeos. Y en consecuencia, ambos divergen en las soluciones, que el presidente acompasa a los requerimientos de la legislación en extranjería, sin que pueda desentenderse de que el Gobierno ha reaccionado tarde y mal al desafío; y que el jefe de filas de los populares urge a agilizar sin que esa pretensión tampoco pueda llevar a su partido a aventar alternativas que no sean viables o conduzcan a un señalamiento arbitrario de las personas que migran. Pero aun cuando todos los actores concernidos en esta grave coyuntura estén llamados a la cooperación institucional y resulte tan preocupante como lamentable que Sánchez y Feijóo, crisis tras crisis, persistan en su incomunicación, es al jefe del Gobierno al que compete, en primer término, descolgar el teléfono. Y renunciar a escudarse en lo que profirió ayer en Gavá -que el PP y Vox solo quieren que todo vaya en Ceuta «cuanto peor mejor» por interés electoral- para intentar desviar el foco de la responsabilidad ineludible que le corresponde en una gestión que es de Estado.