Tercer milenio
Lo Ferro
La emoción está apegada a la naturaleza humana, pero una emoción expresada a través del arte, teatro, canto o cante, es un ejemplo sublime de la cultura
La semana pasada el Festival de Lo Ferro presentó en el auditorio Víctor Villegas, su programa cultural. Este certamen flamenco, que incluye un prestigioso concurso ... de cante, hasta hace unos años, aunque presentaba alguna actividad suelta, como exposiciones, no tenía un programa cultural cerrado. Sin embargo, en las últimas ediciones fue aumentando paulatinamente ese tipo de actos, hasta llegar a este año, totalmente repleto de conferencias, mesas redondas, libros y otras cosas, aunque siempre en torno al flamenco, como no podía ser de otra forma. El problema es que si uno quiere asistir a todo tendría que perderse siestas y puede que hasta alguna cena, porque, claro, después están las galas y las noches de concurso. De esta manera Lo Ferro se une al Cante de las Minas, el gran festival unionense, que desde hace décadas viene celebrando su repleta semana cultural.
Pero esta evocación de la presentación del programa cultural de Lo Ferro me lleva a otra reflexión. Hablamos de jornadas culturales refiriéndonos, fundamentalmente, a los debates o conferencias, es decir, a la palabra, y a los libros o las exposiciones, aunque en estos casos sean casi siempre relacionados con el flamenco, y de esta forma se establece un paréntesis entre lo que son propiamente asuntos relacionados con las bellas artes y lo que es propiamente programación del cante o baile flamenco.
Pero si extendemos la consideración de lo que es cultura, si nuestra visión es, digamos, antropológica, a la manera de Tylor, o esa posición que nos distancia de la naturaleza en el sentido de 'culturizarnos' y no permanecer solo en nuestra animalidad, como señaló Kant: cuanto más apegados a la naturaleza, menos cultura, menos humanos. Repito, si atendemos como cultura esa visión más amplia (cultura es todo lo que hace el hombre como tal, comenzando por el lenguaje), el asunto se amplía mucho más allá de lo refinado o elitista.
Pues bien, en el caso que nos ocupa, el flamenco, se da algo llamativo: es algo popular, por lo tanto más apegado emocionalmente a la naturaleza que otras expresiones artísticas, pero al mismo tiempo es algo extremadamente refinado. No hay nada más popular y más refinado, más culto en suma, que una soleá o una seguiriya. La emoción está apegada a la naturaleza humana, pero una emoción expresada a través del arte, del teatro, del canto o del cante, es un ejemplo sublime de la cultura. Esta semana se celebra el festival de Lo Ferro, nos vemos por allí.