El gabinete
Un sueño romano
La lectura de Mary Beard y el regreso de Ulises me sirven para reivindicar la presencia del mundo grecorromano en cualquiera de sus manifestaciones
¿Para qué nos sirven hoy los clásicos? es una de las preguntas que plantea Mary Beard, historiadora británica y gran divulgadora de la Antigüedad ... clásica, en el prólogo de su último libro. No cree que los problemas del mundo moderno vayan a resolverse mirando hacia Grecia y Roma, pero sí sostiene que los clásicos nos ofrecen una forma distinta de pensar sobre nosotros mismos. Las preguntas que hoy nos hacemos ya se las hicieron griegos y romanos y, aunque mirarlos no proporcione respuestas definitivas, sí nos ayuda a contemplar el presente con mayor perspectiva.
El mundo clásico parece haber recuperado protagonismo gracias a los libros y documentales de la profesora de Cambridge y, en los últimos días, a uno de los grandes fenómenos cinematográficos del año, 'La Odisea' de Christopher Nolan. La película ha acercado el poema épico de Homero, que narra el largo y azaroso regreso de Ulises a Ítaca tras la guerra de Troya.
Durante más de una década, el héroe afronta incontables peligros mientras Penélope resiste el acoso de quienes pretenden arrebatarle el trono y Telémaco lucha por proteger el reino. Para algunos, la adaptación de Nolan es un error épico, para otros, una obra monumental. En cualquier caso, ha conseguido devolver la mirada del gran público al mundo clásico y despertar el interés por la obra original. Las ventas del poema se han disparado y el audiolibro ha experimentado un crecimiento espectacular.
La lectura de Mary Beard y el regreso de Ulises convertido en un fenómeno contemporáneo me sirven de preámbulo para reivindicar la presencia del mundo grecorromano en cualquiera de sus manifestaciones artísticas. Contemplar, por ejemplo, la escultura clásica es volver al ideal de belleza a través de la proporción y la armonía, es equilibrio y serenidad en mármol y bronce, un pasado de dioses y héroes al que volver la vista. Me detengo ante una mujer dormida.
Es Ariadna refugiada en el sueño y henchida por el dolor del abandono. El ingenio de la princesa cretense ayudó a Teseo a vencer al Minotauro. Juntos huyeron y él la abandonó en la isla de Naxos. Algunas crónicas hablan de que fue por mandato de Dioniso. Un sueño romano de más de dos metros de mármol envuelve a esta belleza dormida del siglo II, restaurada en el taller de Bernini y llegada al Museo del Prado procedente de la colección de la reina Cristina de Suecia.
Hoy se la puede rodear y mirar en detalle, observar cada pliegue, comprender su permanencia y ver cómo su sueño es el nuestro, su abandono el nuestro y su belleza intacta la esperanza del despertar. Ariadna nos interpela y nos devuelve al origen. Bienvenidos, siempre, todos aquellos estímulos que invitan a volver la mirada al mundo clásico.