Si salimos de esta
No tengo ni idea de lo que me está preguntando
Llegados a cierto punto, la huida hacia adelante se vuelve imparable
Murcia
Una vez, en una fiesta llena de gente, una mujer a la que no había visto en mi vida se me acercó y me dijo: «¿ ... Te acuerdas de mí?». Y yo, con tal de no reconocer lo que probablemente ya le habían dicho mis ojos, le devolví un 'claro que me acuerdo' que me pasó factura durante años.
Volví a cruzármela varias veces, recordándola ya como la desconocida a la que una vez había asegurado conocer, y me vi preso de una estrategia débil pero sorprendentemente efectiva para continuar la huida hacia adelante: en cada conversación de cortesía, ella daba algún detalle que yo iba rescatando en coincidencias posteriores. Le preguntaba qué tal la nueva casa, si habían mejorado las cosas en el trabajo. A fuerza de charlas intrascendentes, dejé de verla como una extraña, lo que restó tensión a los saludos, pero hizo crecer un terror nuevo: de seguir así, iba a llegar el día en que tendría que presentársela a alguien que podía caer en la tentación de soltar: «¿Y de qué os conocéis?», momento en que probablemente no me hubiera quedado otra que fingir un desmayo.
Por un momento creí que era justo lo que estaba a punto de hacer la diputada del PP Ana Vázquez, cuando le preguntaron en una conexión en directo en televisión si no tendrían algo que ver el desalojo que acababa de producirse en el Congreso y el espray pimienta que había llevado a su 'show' parlamentario, por el que la habían expulsado recordándole la prohibición de portar armas en Las Cortes.
Momentos antes, en esa fracción de segundo que separa la anécdota del desastre, Vázquez había elegido el camino de piedras: al verse rodeada de periodistas, en lugar de reconocer el error, optó por defender, en este orden y sin que mediara un segundo entre afirmaciones, que el gas pimienta no era un arma y, después, que el bote había dejado de serlo porque lo había vaciado en la calle. Para seguir la mentira, encargó a otro que se deshiciera de su contenido, y el resto es historia.
Ante la insinuación de su implicación en el incidente que dejó 15 atendidos, la diputada sorprendió con una risa socarrona: «¡¿Qué?! Bueno, esto ya es surrealista. No tengo ni idea de lo que me está preguntando». Fue una solución de corto recorrido, pero al menos le ahorró desmayarse en directo.
Para mi alivio, la desconocida dejó un día de aparecer en todas partes, sin que haya sabido nunca por qué. A Vázquez, el bochorno de su huida hacia adelante seguramente la persiga bastante más. Lo peor es que no lo necesitaba. La gestión en Ceuta no requiere sobreactuación. Pero me apunto la reacción para ganar tiempo si alguien se atreve a acusarme alguna vez de no recordar a quien tengo delante.