Tempus fugit
Viaje a la hemeroteca 16 años después
Aquel 11 de julio de 2010, el mismo día que España conquistaba el Mundial de Sudáfrica gracias al memorable gol de Iniesta, LA VERDAD recogía el eterno problema de las comunicaciones de la Región con Madrid, todavía latente hoy, y las horas más bajas de un Zapatero noqueado entonces por la crisis financiera, y ahora acusado de presunta corrupción
Director de LA VERDAD
Hablarles hoy de otra cosa que no sea de fútbol se me antoja un atrevimiento difícil de perpetrar. La condena al hermano de Pedro Sánchez, ... la confirmación del juicio con jurado a Begoña Gómez y los sonrojantes escándalos en la cúpula de la Guardia Civil quedan en segundo plano ante la final del Mundial entre España y Argentina, el único acontecimiento capaz de unir a un país como el nuestro polarizado hasta decir basta, sometido al juego de los independentistas catalanes y golpeado por los casos de corrupción que acorralan al Gobierno. Aun así, la selección de Luis de la Fuente se ha convertido en el pegamento que necesita una sociedad resquebrajada y ávida de alegrías, de ilusionarse con un proyecto en común; deseosa, aunque en ocasiones no lo parezca, de aparcar las tiranteces y abrirse camino en la esperanza, en el consenso, en la confianza. Y todos estos anhelos hallan un refugio seguro y confortable en el combinado nacional que esta noche sueña con tumbar a Messi y a los suyos para volver a hacer historia 16 años después del memorable gol de Iniesta en Sudáfrica contra Holanda, el cual nos proporcionó la primera estrella sobre el escudo de La Roja. Se nos pone la piel de gallina solo de pensarlo.
Aunque aquel 11 de julio de 2010 un servidor ya llevaba más de una década trabajando en LA VERDAD, lo cierto es que no recordaba con exactitud el contexto informativo de aquella época, lo que me ha empujado estas últimas horas a bucear en nuestra hemeroteca, un sano ejercicio que les recomiendo hacer de vez en cuando para no perder la perspectiva del pasado desde el presente. Y me encontré con la portada de periódico por la que fuimos premiados y que con tanto mimo preparamos, en la que aparecía un joven pintado con mensajes de apoyo a la selección de Vicente del Bosque sobre el fondo de la bandera rojigualda. Puede que aquella apuesta nos trajera suerte, quién sabe. Pero dejemos esa posibilidad para los supersticiosos y centrémonos en lo que entonces fue noticia y ocupó los principales titulares. Y sí, sucedía lo que seguramente muchos de ustedes ya se están imaginando, que los asuntos vigentes en aquel tiempo siguen de alguna manera latentes a día de hoy. En LA VERDAD que llegó a los quioscos ocupaba un lugar destacado el eterno problema de las comunicaciones de la Región con Madrid, reflejado en una entrevista al entonces presidente de Caja Mediterráneo, Ángel Martínez, en la que se preguntaba, a modo de queja: «¿Vamos a dar una vuelta entre por Alicante y Cuenca para ir a Madrid?». Pues sí. El AVE llegó a Murcia en diciembre de 2022 -varios años después de lo anunciado por los responsables públicos- y, efectivamente, la conexión de alta velocidad por Albacete, la más rápida y vertebradora para los intereses de los murcianos, continúa en el cajón de las utopías de una Región sistemáticamente olvidada, cuando no maltratada, por los Gobiernos de distinto signo político que se han ido alternando en La Moncloa.
Aquel día en el que el fútbol hizo justicia con el grupo de jugadores más brillante jamás visto en nuestro país, en el periódico tuvo especial protagonismo el presidente del Ejecutivo central, José Luis Rodríguez Zapatero, tan en primera plana estas últimas semanas, señalado como líder de una presunta trama internacional de tráfico de influencias e investigado, entre otros supuestos ilícitos, por la tenencia de joyas de origen desconocido valoradas en 1,3 millones de euros, según la tasación encargada por el juez instructor de la causa.
Resulta que Zapatero, en aquel verano de hace 16 años, llegaba al Debate sobre el estado de la nación en sus horas más bajas arrastrado por la brutal crisis económica de la era 'postladrillo', que obligó al Gobierno a adoptar medidas impopulares tras meses negando una evidente y manifiesta recesión financiera global. Acuérdense de los famosos «brotes verdes» que, según Zapataro, comenzaban a vislumbrarse en España en la primavera de 2009. Doce meses después y tras haber fracasado su Plan E (miles de millones de euros para obra pública), el presidente de la ceja -ese guiño que asumió como propio el mundo de la cultura escorado a la izquierda- claudicó y no tuvo más remedio que anunciar el temido 'tijeretazo' en aras de reducir el déficit: bajada del 5% del sueldo de los funcionarios, congelación de las pensiones y eliminación del cheque-bebé, entre otros recortes, que ayudaron a cavar su tumba política y que allanaron el camino a Mariano Rajoy para finalmente ganar las elecciones generales en noviembre de 2011 por mayoría absoluta. El destino ha querido que, con La Roja a las puertas de saborear la gloria por segunda vez, el exmandatario vuelva a abrir portadas y telediarios, ahora con la Justicia en los talones.
Además de la situación del ferrocarril y los avatares del líder del PSOE, en mi incursión en las páginas del periódico del 11 de julio de 2010, me he tropezado con un magnífico perfil del considerado padre de La Mar de Músicas de Cartagena, el genial y genuino Paco Martín, un tipo con un olfato excepcional para la buena música. Una semblanza que coincidía, como sucede estos días, con el inicio del festival más importante de la Región, y que ha devuelto a mi memoria a un profesional que lo fue casi todo en el panorama cultural de la Comunidad y que ha dejado un hueco irreemplazable desde que falleciera el 14 de agosto de 2018, cubriendo de luto a todo un ejército de amigos y familiares que lo adoraban.
Echo la llave a este breve paseo por la historia más o menos reciente y acabo como empecé, con la mente puesta en el encuentro de esta noche en Nueva York. La selección española ganará o perderá, pero le estaremos eternamente agradecidos por implicarnos a todos juntos y de la mano, da igual de dónde seamos o a quién votemos, en una gesta que nos llena de orgullo. ¡A ganar, campeones!