Cuestión de talentos
Hay personas a las que la vida les dio talento y otras a las que nos dio otras cosas. No sé muy bien qué me ... dio a mí, pero con Dolly Parton se lució. Estos días he leído que compuso 'Jolene' y 'I will always love you' en la misma noche. Dos de las mejores canciones de la historia escritas en unas horas. Qué barbaridad.
Me parece envidiable esa facilidad para hacer cosas extraordinarias como si no costara trabajo. Los hay que cantan, bailan, pintan, escriben, hacen fotografías, tocan un instrumento y, por si fuera poco, montan un mueble de Ikea sin que les sobren tornillos. Y luego estamos las demás.
Mi gran habilidad consiste en aparcar en la puerta de los sitios. No siempre, claro, pero lo bastante como para pensar que la vida quiso compensarme de algún modo. Tengo, eso sí, otros talentos menores, como hacer la maleta perfecta o cocinar medianamente rico. Son modestos, pero cada una se defiende como puede.
Porque talentos hay muchos y no todos tienen el reconocimiento que merecen. Hacer reír sin necesidad de contar chistes. Saber escuchar y hacerte sentir que importas. Recordar nombres, caras o fechas con una exactitud pasmosa. Orientarse sin mirar Google Maps. Caer bien sin hacer absolutamente nada, o tener una letra preciosa.
También hay quien viste bien o lleva el pelo perfecto. Quien sabe contar historias y consigue que hasta las más pequeñas parezcan interesantes. Quien sabe elegir regalos y acierta siempre. Quien hace amigos en cinco minutos o el que sabe decir lo que toca cuando alguien está triste. Y también está el extraordinario don de algunas personas para dormirse en cualquier sitio, que debería tener una categoría olímpica propia.
Y luego están esos otros que nadie aplaude, pero vaya si cuentan: cuidar a alguien cuando está enfermo, levantarse cuando apenas quedan fuerzas, o hacer que una familia siga funcionando aunque esté todo patas arriba.
Quizá por eso me gusta pensar que todos tenemos alguno. Aunque sea pequeño, aunque nadie lo vaya a descubrir nunca y aunque no sirva absolutamente para nada. Porque no todos podemos ser Dolly Parton. Y tampoco hace falta.