Diario de campo de una periodista en el Pleistoceno
Durante una semana, la periodista Pepa García y el fotoperiodista Guillermo Carrión se integran en el equipo científico que excava el yacimiento paleontológico de Quibas, en Abanilla, para contar desde dentro cómo se construye el conocimiento científico. No se trata de buscar el fósil más llamativo, sino de explicar qué se hace, por qué se hace así y qué información se pierde cuando se hace mal.
Quibas es una antigua cueva colmatada que, hace entre 1,1 y 0,9 millones de años, funcionó como una trampa natural en la que quedaron registrados, capa a capa, restos de fauna y condiciones climáticas del Pleistoceno inferior. Ese archivo geológico, que hoy sitúa el yacimiento entre los más singulares de Europa, permite reconstruir cómo evolucionaron los ecosistemas del Sureste peninsular durante cientos de miles de años.
La serie propone un recorrido por las distintas fases de una excavación con metodología arqueológica: desde la apertura y organización del terreno en cuadrículas, pasando por la excavación, el registro, el cribado y el lavado del sedimento, hasta la clasificación final de los materiales y su estudio posterior. Cada paso forma parte de un proceso continuo en el que la información que se extrae de los fósiles es tan o más valiosa que los propios restos.
No hay recreaciones ni artificios. Solo método, precisión y trabajo colectivo. Siete jornadas de campo para explicar cómo se lee la tierra y cómo, a partir de ella, se construye una historia de más de un millón de años, de cuando los primeros homínidos se estaban estableciendo en Europa.
El yacimiento se localiza en la Sierra de Quibas
El mapa de operaciones del equipo
1 Cañada de la Leña (Pedanía de Barinas)
Funciona como la base principal de operaciones del equipo.
- Punto de partida: Es el lugar desde donde el equipo sale cada mañana en dirección al yacimiento.
- La casona del Ayuntamiento ('cuartel general'): Un edificio cedido que sirve como alojamiento para el equipo, laboratorio y zona de triaje y clasificación de los fósiles encontrados.
- Estación de lavado y secado de sedimentos: Está ubicada junto al cementerio.
- Duchas y baños: Son las instalaciones de las pistas deportivas de la pedanía, utilizadas a diario por el equipo.
2 Barinas
Es el centro logístico para la alimentación.
- Bar Deluxe: Considerado la segunda casa del equipo de paleontólogos, ya que es el lugar donde reciben el delicioso sustento diario (desayuno, comida y cena) servido amorosamente por Josefa, la matriarca, Juana, María y Charo.
3 Fuente del Algarrobo 💧
- Punto de abastecimiento donde recogen a diario el suministro de agua potable para mantener hidratado a todo el equipo durante la jornada.
4 El Yacimiento (Quibas)
- 1Zona de aparcamiento: Lugar donde se dejan los vehículos al llegar desde Cañada de la Leña.
- 2Quibas Sima: La columna de sedimentos en la que se excava actualmente.
- 3Entrada primitiva: Por donde entraron y se acumularon los sedimentos en la cueva.
- 4Estación total: El aparato utilizado para georreferenciar cada fósil encontrado.
- 5Zona de cribado en seco: Lugar donde se procesan los sedimentos extraídos de la excavación.
'No hacer en casa', bromea Pedro Piñero.
Una excavación tiene que hacerse con metodología arqueológica y por los profesionales. Los que participan en Quibas son todos paleontólogos, con más años de experiencia o novatos, pero estos instruidos y tutelados por el director, Pedro, y por los paleontólogos más experimentados, como Albert, Casto y Ana.
La seguridad es lo primero
Ese es el motivo por el que no se dejan nunca sin cerrar las trampillas del andamio, una vez se han abierto para subir o bajar, evitando accidentes por descuidos.
La hidratación es básica
No se puede olvidar llevar botellas de agua, ya que se trabaja a altas temperaturas y pleno sol, apenas protegidos por toldos, y el agua ayuda a evitar problemas.
Protegerse del sol
La protección solar es un complemento imprescindible en el trabajo de campo de una excavación como la de Quibas.
No mover sin documentar.
Ningún fósil se retira si no se han anotado todos los datos (inclinación, orientación y medidas), se ha fotografiado 'in situ' y se ha marcado el punto donde está para luego georreferenciarlo con la estación total.
Ante la duda, pregunta.
Más vale pecar de preguntar de más, porque el proceso es destructivo e irreversible.
Mantener el nivel del yacimiento.
Hay que excavar evitando hacer hoyos en la superficie del yacimiento y usando el destornillador lo más horizontal posible para no hacer palanca y no romper los restos.
Los fósiles también respiran.
Siempre hay que tener la precaución de hacerles a las bolsas herméticas en las que se guardan fósiles uno o dos agujeros con el punzón de madera. Es para que no se acumule el vapor de agua, se humedezcan los huesos y se deterioren.
Herramientas imprescindibles en una excavación
Casco y guantes
Protección, lo primero. El trabajo en un yacimiento implica riesgos constantes: caídas de sedimento, superficies irregulares y contacto directo con materiales. El casco protege frente a desprendimientos de rocas o caídas accidentales de objetos en zonas como trincheras y andamios, mientras que los guantes permiten trabajar con seguridad sin perder precisión en el manejo de herramientas y restos.
Destornilladores y martillo
Intervención mínima. Los destornilladores se utilizan para remover la tierra compactada durante cientos de miles de años. Se hace en sentido horizontal, sin hacer palanca, para no dañar los restos e ir levantando capa a capa con precaución y delicadeza. De forma muy excepcional, se usa un martillo.
Escoba y recogedor
Ordenar y limpiar para ver. Lejos de parecer herramientas menores, son esenciales para mantener limpia la superficie de trabajo. Retirar el sedimento suelto permite ver mejor los cambios de textura o color del terreno, claves para interpretar correctamente las capas y la presencia de restos fósiles.
Punzón de madera, brocha, pinceles y perillas
Precisión milimétrica. Son las herramientas básicas de la excavación fina, una vez se ha detectado un fósil. El punzón permite retirar sedimento de forma controlada; y la brocha, el pincel y la perilla limpian la superficie; todo sin dañar los restos ni dejar marcas que se puedan confundir con huellas dejadas por dientes o garras de animales en el hueso. Con estas herramientas se trabaja centímetro a centímetro, protegiendo la integridad del fósil y su entorno.
Bolsas de nivel y cubos
Nada se pierde, en lo minúsculo están las claves. Todo el sedimento extraído se recoge en cubos y se identifica. Las bolsas de nivel permiten vincular el material de menos de 2 centímetros con su posición exacta en la excavación, mientras que los cubos facilitan su transporte desde la zona de excavación hasta los sacos en que se acumulan por niveles y cuadrículas. Incluso lo que no se ve a simple vista puede ser fundamental.
Inclinómetro, brújula y escala
Medir para entender. Cada resto de más de 2 cm se registra antes de extraerse. La brújula indica su orientación, el inclinómetro su posición respecto al plano horizontal y la escala permite documentarlo visualmente. Estos datos ayudan a reconstruir con fidelidad cómo se formó el yacimiento.
Resina
Consolidar para no destrozar. En distintas concentraciones, los paleontólogos emplean el Paraloid, una especie de resina que rebajan con acetona, para consolidar restos fósiles que se encuentran en un grave estado de deterioro y cuya extracción puede hacer que se rompan y se pierdan. Se inyectan con la superficie lo más limpia posible y se deja actuar y secar.
Etiquetas, sacos y rotuladores
Identificar para conservar. Un fósil sin etiqueta pierde gran parte de su valor científico. Cada muestra se marca con un código que recoge su procedencia exacta (año de campaña, zona de excavación, cuadrícula y nivel. Por ejemplo: QB'26 QS2/3 P22 Z: 780-800). Los sacos almacenan el sedimento para su posterior cribado, triado y análisis, y los rotuladores indelebles garantizan que toda la información quede registrada por duplicado de forma clara y duradera.
Estación total
Georreferenciar cada fósil en el espacio. Aunque no es una herramienta manual, es imprescindible en la excavación moderna. Permite georreferenciar cada hallazgo en tres dimensiones con gran precisión: longitud, latitud y altitud. Gracias a ella, se puede reconstruir digitalmente el yacimiento incluso después de haberlo excavado.
Créditos
Textos y vídeos Pepa García
Fotografía Guillermo Carrión
Programación y diseño Admir Bahtagic
Edición vídeos Lía Guillén
Ilustraciones Miguel Martínez
Coordinación María García y Mar Saura
Episodio 1. Llegar a Quibas
Antes de excavar, hay que aprender a mirar
Diario de campo de una periodista en el Pleistoceno
Pepa García y Guillermo Carrión
Murcia
La campaña de excavación en Quibas comienza mucho antes de que aparezca el primer fósil. Se inicia con el traslado de los materiales que serán necesarios para su desarrollo y también las cajas que contienen algunas de las principales piezas encontradas y que conviene tener a mano. Se inaugura también con la retirada del material que ha permitido proteger los restos durante todo el año y con la subida de todos los elementos necesarios por el andamio para que todo esté a mano cuando llegue la hora de la verdad en la segunda jornada. Y, cómo no, con la inauguración oficial de la campaña que señala la instalación del cartel elaborado específicamente para el yacimiento.
El primer día no se cava. Se prepara.
A primera hora de la mañana, la pedanía de Cañada de la Leña se despierta en silencio y el yacimiento aún no cuenta nada. La sierra de Quibas, en Abanilla, parece inmutable, pero bajo sus pies se conserva una historia frágil: la de una antigua cueva que, hace entre 1,1 y 0,9 millones de años, funcionó como una trampa natural para la fauna que habitaba el Sureste peninsular. Hoy, ese relleno de sedimentos es uno de los archivos paleontológicos más singulares de Europa.
Pero acceder al conocimiento de esa historia exige orden.
Lo primero es delimitar el espacio. El área de excavación se subdivide en cuadrículas perfectamente medidas. Cintas, estacas y metros convierten la superficie en una retícula precisa. Cada cuadrado, de 1 metro por 1 metro, será una unidad de trabajo independiente y con una nomenclatura propia; una página distinta del mismo libro. Y también cada estrato, diferenciado cada 20 cm por su altitud sobre el nivel del mar, marcará el orden y el método de la excavación.
No es un gesto trivial. Sin estos primeros pasos, nada de lo que venga después tendrá sentido. En Paleontología, excavar sin cuadrícula equivale a arrancar páginas sueltas de un archivo sin numeración que haría imposible su correcta lectura.
A lo largo de la mañana, el equipo marca, mide y registra. Se decide por dónde empezar, qué sectores se abrirán primero y cuáles deberán esperar. Se dan las indicaciones oportunas y necesarias antes de poner manos a la obra. Todo se anota. Todo queda fijado antes de retirar un solo centímetro de sedimento y se advierte qué hacer y qué no hacer para no perder ni un ápice de información.
Método antes que hallazgos
En Quibas, el método empieza antes del hallazgo.
Y la seguridad. Porque nadie accede por el andamio a la excavación sin llevar su casco y sus guantes; sin cerrar, tras su paso, las trampillas de cada planta del andamio para evitar accidentes innecesarios. Y la sombra; es fundamental en el abrasador clima de Abanilla preparar el terreno para una larga jornada al sol. Así que a la protección solar aplicada sin pereza ni descanso, se suman toldos que rebajan la temperatura y protegen a los investigadores.
El Método del Día
Un yacimiento que no perdona errores
En Quibas no hay lugar para las improvisaciones. La información que contiene –posición, profundidad, relación entre capas– es tan valiosa como los propios restos fósiles. Un error en esta fase inicial puede eliminar datos imposibles de recuperar después.
Por eso, el primer día avanza despacio, sin prisas ni titulares. Se trata de crear las condiciones necesarias para que lo que aparezca después pueda entenderse en su contexto.
Aquí, empezar bien es casi tan importante como excavar bien.
La campaña arranca también fuera del yacimiento
Antes de llegar a la excavación, el día empieza temprano. Desayuno en equipo, traslado conjunto y organización del material. La rutina y el orden no son una anécdota: es la estructura que permite que el trabajo científico se sostenga durante días. Cada gesto se repite durante días: medir, anotar, revisar… El resultado final dependerá de cientos de pequeñas decisiones tomadas por el equipo.
El primer día termina sin fósiles sobre la mesa, pero con algo más valioso: un espacio preparado para que la historia pueda contarse sin trampas.
Mañana comenzará la excavación propiamente dicha.
Hoy, Quibas ya ha empezado a hablar.