Las puertas del infierno (V)
De La Rábida al más allá
Los marineros durante siglos han venido hasta aquí para pedirle a la Virgen de los Milagros que amaine las tormentas y respete las velas de sus barcos
Hasta Colón, la península ibérica fue el fin del mundo temido, el inicio del mar de las Tinieblas que durante la Edad Media alimentaba la ... voz de los oradores. Todos coincidían en que el infierno se encontraba un paso más allá de la costa. Por eso, La Rábida y San Andrés de Teixido representan dos puertas abiertas al inframundo.
Un mapa abierto hacia el otro lado
En los mapas antiguos no hay nada más allá. Los Ptolomeos y Estrabones dejaron su sabiduría sobre un pergamino lleno de indicaciones, nombres de ciudades apenas visitadas por los romanos. Sin embargo, la mayor certeza de todas esas geografías inventadas por los hombres residía en que más allá de las Columnas de Hércules vivían los muertos. Y en ese territorio poco podían hacer los vivos.
España hoy ha olvidado que un día fue tierra de finales, de caminos que desembocaban en precipicios y que sus costas eran temidas por los marineros. La Rábida (Huelva), en la otra orilla del Tinto, río de aguas bermejas, se encuentra un monasterio que dio cobijo y consuelo a un Colón a punto de cambiar para siempre los mapas. Pero antes de orientar sus piedras hacia Cristo, el crisol de culturas había depositado allí el limo de las creencias. Se piensa en la muerte porque todos los hombres que han ido hasta La Rábida han orado por los que ya no están. Es la genética del más allá.
El monasterio reviste sus paredes de gracia andaluza, cal contra las epidemias y flores que nacen de macetas de barro
Los romanos construyeron un templo a Proserpina sobre las ruinas de un santuario fenicio. Piedra sobre piedra, los nuevos amos de la península se acordaron de la hija de Ceres, la diosa de la agricultura, raptada por Hades durante seis meses al año. El mito nos habla del desgarro de una madre por la pérdida de su hija, de una violencia que arrastra a las mujeres a convivir con hombres oscuros, pero sobre todo, la historia relata el paso trágico de la vida a la muerte. Y un templo dedicado a ese estrato vital solo puede acarrear el paso hacia el inframundo.
El más allá descubierto
Pasear por La Rábida es encontrar el remanso de los días claros. El monasterio reviste sus paredes de gracia andaluza, cal contra las epidemias y flores que nacen de macetas de barro. Un claustro sencillo recuerda al viajero que para orar no se necesita grandilocuencia. Los marineros durante siglos han venido hasta aquí para pedirle a la Virgen de los Milagros que amaine las tormentas y respete las velas de sus barcos. Las mujeres rezaban por no ser viudas tan jóvenes, cansadas de un mar que se tragaba a lo mejor de cada generación.
Proserpina reina en todos los hogares cuando el calendario se cumple y los marineros no vuelven, cuando los niños salen a la playa y las olas se encrespan. De eso sabe mucho la costa onubense, de maderos rotos y arrojados por las mareas, de dioses olvidados que servían de aviso a los caminantes extraviados. Hoy cuesta trabajo entender que para los antiguos el inframundo estuviese tan cerca de La Rábida, con sus réplicas de las carabelas que llevaron a Colón y sus hombres a América. Cuesta trabajo entender, sí, que el mundo de los mitos olvidados esté tan cerca de los viajeros que hicieron posible el nuevo mundo.
Es el miedo de varias épocas el que convoca cada templo fenicio, cada menhir celta, cada cruz cristiana, cada mercurio latino
Pero lo estuvo, porque Proserpina nunca olvida que la muerte es un trayecto de ida y vuelta, que la primavera vence y se deja vencer también por el invierno. De La Rábida a San Andrés de Teixido hay una geografía de pasadizos al más allá, de costa solitaria arrasada por los vientos y las olas. Es el miedo de varias épocas el que convoca cada templo fenicio, cada menhir celta, cada cruz cristiana, cada mercurio latino. Todos tienen la misma visión de la muerte, como el fin del mundo conocido, como un oscuro océano que se abalanza sobre nosotros. A San Andrés de Teixido se va de muerto quien no fue de vivo, y en La Rábida partieron los hombres creyendo encontrar el infierno al otro lado del horizonte. Y lo que encontraron fue la vida. La vida, y la promesa de que el infierno siempre está un poco más allá.
*** Próxima entrega de la serie: Dante y la selva oscura del alma (sábado 29 de agosto).