Estío a la murciana
Juan de Dios García y Alberto Chessa: «Qué solos nos quedaríamos los poetas si dejáramos de leernos entre nosotros»
Los dos autores de la Generación del 75 de la Región de Murcia, ya cumplidos los 50, se baten en un duelo dialéctico sentados en un columpio a orillas del Mar Menor
Playa Honda
Alberto Chessa (Murcia, 1976) no concibe el verano sin hedonismo, y uno de los placeres que se permite es fumar. Finiquitado el estío se somete ... a «una disciplina marcial» hasta el 28 de abril, su cumpleaños, cuando el escritor, traductor y locutor inaugura la temporada de pitillos y se toma la primera cerveza: «El resto del año no bebo ni una gota de alcohol». Es un método que quieren aplicarse el resto de poetas de la Generación del 75 de la Región de Murcia, entre los que se cuentan formidables escritores como Miguel Ángel Hernández, Diego Sánchez Aguilar, Raúl Quinto, Enrique Rubio, José Daniel Espejo, M. Carmen Ruiz Guerrero, Natxo Vidal... pero no hay manera de que tenga la misma efectividad. Da fe Juan de Dios García (Cartagena, 1975), profesor de Lengua Española, Artes Escénicas y Literatura Universal en el IES Isaac Peral de Cartagena, quien abandonó el hábito de fumar hace cinco años y hoy mira este ahumado epicureísmo con más envidia que compasión: «Cada verano Alberto nos dice que no se quiere morir de fumar y de beber, y que tampoco se quiere morir sin volver a beber y a fumar».
En la película colombiana 'Un poeta' (Simón Mesa Soto, 2025) queda patente que presentar a un poeta siempre resulta descomedido, por lo que de Juan de Dios García ('Canto fenicio', 'El fotógrafo ciego', 'Ártico', 'Nómada'...; fue codirector, junto a Ángel M. Gómez Espada, de la revista digital de literatura 'El coloquio de los perros') y de Alberto Chessa (recientemente ganador del I Premio Góngora y Quevedo de poesía satírico-burlesca con 'Sonetontos con ton y son', publicado en Archiletras Libros, y autor de 'Non Finito', antología personal aparecida en 2024 en La Pipa de Kif con poemas de 'La Osamenta', 'La impedimenta', 'Anatomía de una sombra', 'Palabras para luego', 'Un árbol en otros'...) podemos decir abiertamente que son dos de los poetas más humanos de su generación. Se están haciendo mayores, aunque puedan verles brincar en el festival Rock Imperium de Cartagena.
–La idea de fumar, pese a todos los inconvenientes, sobre todo para la salud, no se desvanece así como así...
–Juan de Dios: Me encantaría fumar y beber moderadamente, ahora, hasta el final de mis días. Pero fumar no fumo porque no conozco la mesura.
–Alberto: Yo no sé moderarme, sé reprimirme, consumar la represión, pero no la moderación. Por eso corto de raíz y me pongo dos mandatos: no ser un coñazo conmigo, no caer en la autocompasión, no llorarme por no poder fumarme otro purito, porque yo tabaco no fumo, y no ser un plasta con los demás. [Suena Nino Bravo en el chiringuito Zankara de Playa Honda, con el piso recién regado. Sin querer se imprimen las huellas: «Más allá del mar habrá un lugar donde el sol cada mañana brille más...», tararea Miguel, el empleado más dicharachero de Zankara, admirador del artista valenciano: «¡Yo tenía 5 años cuando murió!»].
–¿Qué retos deportivos asumen?
–Juan de Dios: Yo, ninguno. Pero sé que Alberto entrena para maratones.
–Alberto: A mí me gusta correr, y también la bici. No llego a quedarme como una sirena, porque soy anchote, pero es en verano cuando cojo 6 o 7 kilos, aunque sigo haciendo deporte. No con la intensidad del invierno, claro está.
–El Mar Menor: ¿Lugar de veraneo?
–Juan de Dios: Totalmente. Yo veraneo en La Manga del Mar Menor. No somos conscientes del privilegio que tenemos, haya levante o lebeche. Leí de joven los 'Poemas de Mar Menor' de Carmen Conde, y no me impactaron nada, y ahora los leo y reconozco mucho brillo en algunos de ellos, y saboreo las metáforas de otro modo.
–Alberto: No hay tantos poetas que hayan cantado el Mar Menor, José María Álvarez tiene alguna composición breve. Yo llevo toda la vida veraneado, mejor dicho, viviendo aquí, y no me entiendo sin el Mar Menor. Mi madre era profesora, y tuve la suerte de dedicar los veranos completos aquí. Con el tiempo he ido construyendo una mitificación del Mar Menor, por eso he dejado de ser bañista. Pasó de ser el lugar que me abrazaba, el elemento con el que jugaba, a ser un personaje de ficción. Una mitología propia que cada día sublimo más. Me parece hasta un sacrilegio penetrar en el Mar Menor. Necesito estar cerca, y llevármelo conmigo. No soy navegante, no necesito que me lleve el mar, sino llevarme yo el mar conmigo. La quintaesencia del mar es el Mar Menor.
Mitificación
Chessa: «No soy navegante, no necesito que me lleve el mar, sino llevarme yo el mar conmigo. El Mar Menor es la quintaesencia del mar»
–Crianza y escritura. ¡Vaya desafío!
–Juan de Dios: Yo en eso fui más adelantado que Alberto. Tengo dos hijos ya criados. Fui padre bastante precoz, con 26 años. Yo soy escritor perezoso, excesivamente reflexivo, algo que muchas veces mata mi producción, por eso soy poco prolífico, y cuando me preguntaban por ello echaba la culpa a la familia y a la revista 'El coloquio de los perros'. Pero era mentira, en realidad cuando me pongo a escribir me distraigo con una mosca, le doy tantas vueltas a los versos que mi poesía es precisa, compacta, muy reflexionada, leída en voz alta hasta el paroxismo. Una vez que publico un libro me quedo exhausto, porque yo tengo muchísimos versos, poemas sueltos, estrofas, escritos en el ordenador. Por eso cada vez que saco un libro tiene que tener los poemas que para mí en ese momento me parecen perfectos.
–Alberto: Mis hijas han cumplido 12 años este verano. Yo soy, en realidad, más volcánico que Juande, y quiero pensar que también soy riguroso, porque no doy a la imprenta todo lo que sale de la pluma, y en buena hora, porque eso sería como cavarse la tumba. Pero yo trabajo más por tentativas, a base de emborronar mucho. Y tengo la impresión de que Juande mancilla el papel cuando no queda más remedio. [Suena 'Noelia' de Nino Bravo; Miguel empieza a levitar]. Esta mañana he salido en la bici y he tenido que parar, siempre llevo una libreta, me han asaltado una serie de versos y entre Playa Honda y Cabo de Palos me he puesto a escribirlos. Tiene que ver con el mar, con que no soy navegante y no quiero que me lleve el mar consigo, sino llevar yo siempre el mar conmigo, como digo, y que mis ojos se encharquen, que mis pasos chapoteen y que la sal en la piel sepa lo que podría saber un alma... por ahí va la cosa.
–La película 'Un poeta' ha sido ya vista por decenas de miles de espectadores en España, ¿les sorprende?
–Juan de Dios: Yo la he visto, y todos los del gremio andan preguntando si se ha visto ya, y yo me pregunto si alguien que no se dedique a esto la ha visto. Porque estoy 'haaaaaaarto' de nuestro mundo endogámico, y estoy obsesionado con escribir un libro de poemas, un libro en prosa, un libro de diarios... mi obsesión es que ese libro lo coja alguien que no tenga por qué ser un lector especializado, y para ese lector escribo. La película 'Un poeta' es magnífica, el protagonista es un profesor feo a más no poder, de espíritu bondadoso pero con un ansia de pureza que le lleva hacia la autodestrucción total, con esa adoración hacia el poeta romántico colombiano José Asunción Silva del que nos hablaba Vicente Cervera en sus clases... hay que verla.
–Alberto: Yo no he visto 'Un poeta' porque dimito en verano del cine en casa, fui al cine de verano de Cabo de Palos a ver 'Toy Story 5' con mis hijas y mi mujer, y al cine en Cartagena a ver 'La Odisea', de Nolan, que no me gustó, y diré luego por qué. Por la noche me gusta más ponerme a leer. Yo sobre la endogamia y lo que dice Juande, porque los poetas son más endogámicos que los narradores, a veces yo pienso en qué solos nos quedaríamos los poetas si dejáramos de leernos entre nosotros. Hay endogamia, sí, pero también hay solidaridad. Salvo que se tenga un síndrome de Procusto y que se trate de serrar, no las piernas, sino en este caso el prestigio de otro por envidia, por poca seguridad en uno mismo, por pensar que te pueden hacer sombra. Salvo que tengas el síndrome de Procusto, cuando los poetas nos leemos entre nosotros hacemos también de correa de transmisión. Hay mucha gente que ha leído a Juan de Dios García por mí, y otros me han leído a mí por él, gracias a él.
Aceptar la diferencia
García: «Es triste pensar que las coordenadas culturales, éticas, estéticas, morales... de un autor tengan que coincidir necesariamente con las tuyas propias»
–La decepción.
–Juan de Dios: Es algo natural y necesario. Es triste pensar que las coordenadas culturales, éticas, estéticas, morales... de un autor tengan que coincidir con las tuyas propias.
–Alberto: Una persona que te decepcione ya no puede seguir contigo, no puede formar parte de tu vida, es una herramienta más de las relaciones sociales. Pero no se puede soslayar. Yo vivo muy ajeno a las redes sociales y al guirigay que generan, y me parece advertir que lo más patológico del mundo de las redes sociales, señalando lo más deleznable, sea partir de ese imperativo de la perfección, del brillo, de la fascinación. Todo debe ser instagrameable, o inmortalizable, y nadie quiere hacerlo recién levantado o con una actitud payasesca. Eso atenta contra la verdad.
–Juan de Dios: Si nos fijamos, los momentos extremos, de euforia máxima y de dolor profundo, no suelen reflejarse, de modo que en redes solemos exponer una felicidad moderada.
–Alberto: Es que si hiciéramos eso sería pornografía pura, sería pornografiar la derrota, la debacle.
–¿Qué ha merecido la pena?
–Alberto: Mis hijas, con diferencia. Y siguen mereciendo la pena, segundo a segundo. No podemos dejar que nos secuestren los pilares de la vida. ¿Quién dictaminó en algún momento que el concepto de familia era algo conservador?
–Juan de Dios: Yo lo suscribo al 100%. Si yo he tenido alguna vez una epifanía ha sido con la palabra y con el concepto de familia. Eso que da la felicidad a veces es muy poco 'cool'.
–¿Para qué son ya unos carlancos? No se les ve demasiado 'acartonaos'.
–Juan de Dios: Alberto me dijo que va a los conciertos del Rock Imperium porque considera que esto es ya un fin de ciclo. Me hizo pensar cuando me lo dijo. No sé en la carne o en el cuerpo, pero en el espíritu yo amo la música, es lo que más me gusta después de la literatura, y estoy atento de forma natural y admirando a bandas que tienen menos de 30 años, y no se trata de hacerse el jovenzuelo. No me quiero convertir en rancio.
–Alberto: A mí me gustaría tener la edad que tenga de la mejor manera posible, sentirme enérgico, vigoroso en todos los aspectos, tanto física como intelectualmente. Cuando se pasa una cierta edad y se entra en la madurez es tarde para pedir indulgencia cuando haces tonterías, y si es grave ya solo puedes asumirlas pero no se puede pedir que te excusen.
–Ya no podemos sentar en esta mesa ni a la cantante y compositora Dolly Parton, ni al actor Tim Curry ni a la artista de los lunares, Yayoi Kusama, muertos esta semana. ¿Con quién les gustaría poder compartir algo del tiempo que les resta de vida?
–Alberto y Juan de Dios: Nos encantaría que aquí estuviera con nosotros José Óscar López, poeta, amigo de la Generación del 75, con el que comíamos todos los veranos, y que siempre que se despedía de nosotros nos decía: ¡Os quiero mucho! Fue una gran pérdida para la literatura murciano-marciana. Seguro que gente de nuestro grupo piensa igual. Y por qué no sentar a esta mesa a Billie Holiday, que tuvo muchos problemas solo por el color de su piel.
Tarde para qué
Chessa: «Cuando se entra en la madurez es tarde para pedir indulgencia cuando haces tonterías, y si es grave ya solo puedes asumirlas»
–Están bien de corazón entonces...
–Juan de Dios: Yo nunca me he cuidado físicamente. Pero ya veo cosas, y estoy muy pendiente de los excesos. Te diré que el arte me ha salvado de los días turbios, escuchar por ejemplo 'El grito' de García Lorca me da la misma energía que la caldera de Obélix.
–Alberto: Yo soy muy pasional y espero que no me mengüe nunca esa necesidad de amar. A las personas que amo, a un amanecer, amar lo que escribo, lo que leo, y no caer en lo mecánico o puramente lúdico. Eso es para mí ser poeta. Amar la palabra, el verso, amar el don que te ha sido concedido de poder reformular lo que vives, lo que sientes... en clave poética. Sabiendo que el que escribe poemas no tiene que ser poeta.
–Albeto, ¿por qué no le gustó 'La Odisea' de Nolan, supertaquillazo del año?
–Alberto: La lectura de ese personaje al parecer hoy hegemónica o consagrada por Nolan prescinde de su verdadera autenticidad, porque lo plantea como un veterano de guerra con estrés postraumático, como si fuera un personaje que vuelve de la guerra de Vietnam. El Odiseo del texto primigenio y que me acompaña durante décadas asume su condición heroica como una fatalidad.
–Juan de Dios, ¿qué ha hecho por amor?
–Juande: Ir en contra de mis principios, que yo creía fuertes y sólidos. [La voz de Nino Bravo se corta en seco].
–La actualidad
–Juan de Dios: La veo cínicamente como un entretenimiento político social. Si estoy de bajón, huyo de ella, realmente la sufro...
–Alberto: Yo la vivo con zozobra, no me desbanco nunca, tengo una pulsión continua y renovada. La oración mañanera del hombre laico, según decía Hegel, era la lectura diaria de la prensa.
Lo increíble
García: «¿Qué he hecho por amor? Ir en contra de mis principios, que yo creía fuertes y sólidos»
–Una preocupación.
–Alberto: La consagración de la vulgaridad. De esa vulgaridad autosatisfecha, aspaventera, muy exhibicionista... vivo en Madrid, una comunidad gobernada hoy por eso. Soy de izquierdas, no me oculto, y me mojo en que hay una vulgaridad muy jactanciosa que viene a definir a Isabel Díaz Ayuso.
–La política.
–Alberto: El inicio de todos los desmanes en un gobernante empieza por aceptar que pierda la ejemplaridad.
–Juan de Dios: Yo tengo un poema titulado 'Política', que dice así: «La rama terminó por someterse / a la fuerza del viento. / Ni siquiera causó miedo el primer crujido». Es del libro 'El fotógrafo ciego'.
–El humor.
–Alberto: En los 'Sonetontos' sigo una tradición deslenguada, la de Quevedo y Góngora, que el propio Marcial y Catulo ya practicaban. Hay otro humor, el que se acerca a cualquier motivo poético, desde una sana ironía, un saludable descreimiento, vacunado de pomposidad y solemnidad. Cervantes era un gran humorista.
–Juan de Dios: El humor sirve como masilla para rebajar la solemnidad tóxica del poema.