Opinión
Absentismo parlamentario
Circunscribir el absentismo laboral a la picaresca nacional es simplificar un problema complejo
Cádiz
Nuestra clase política es experta en berenjenales, saben cómo entrar, pero no como salir de manera airosa. Lo mismo invocamos con desaire al mal de Moctezuma que apelamos a la revancha gabacha. En estos días se ha planteado el debate sobre el absentismo laboral. ... Me vienen a la memoria las imágenes, transmitidas por televisión, de algunas sedes parlamentarias, incluidas las del Congreso de los Diputados. Durante sesiones ordinarias, la norma es que los escaños vacíos sean mayoría. En nuestro país existen más de 8.000 representantes públicos electos, a los que hay que sumar los miles de asesores. En la mayoría de los casos con retribuciones que duplican, triplican o cuadriplican el salario mínimo interprofesional. A lo que hay que sumar dietas, que muchas veces no hay que justificar, y gastos de representación. Según fuentes oficiales, en los últimos años, estos gastos casi se han triplicado.
Según la RAE absentismo es «la abstención deliberada de acudir al lugar donde se cumple una obligación». Una baja laboral no cumple el criterio de decisión personal, ya que viene justificada por una disposición facultativa basada en hechos constatables que le otorga la consideración de Incapacidad Temporal (IT).
Según el Estudio de las bajas por IT en España (2013-2025), elaborado por el Observatorio de la Pime de Cataluña, su incidencia es más elevada en Navarra, Cataluña y el País Vasco, siendo inferior en Extremadura, Galicia, Valencia y Andalucía. Por países España, con un 4,1%, ocupa el tercer lugar, sólo superada por Noruega (4,4%) y Eslovenia (4,2%). En los últimos años las horas no trabajadas por IT se han duplicado. Cuanto mayor es el tamaño de la empresa más son las horas perdidas proporcionalmente. Entre las causas, las enfermedades metales se han incrementado alarmantemente.
Circunscribir el absentismo laboral a la picaresca nacional es simplificar un problema complejo. Habría que preguntarse si las condiciones de trabajo de nuestra población laboral son las adecuadas y si se han reducido las tasas de siniestralidad y de mortalidad en el lugar de trabajo. Si la precariedad laboral ha sido erradicada. Si los salarios son tan dignos que casi no existen trabajadores en situación de pobreza extrema. Si nuestro sistema sanitario ha reducido las listas de espera tanto en el acceso al especialista y a las exploraciones complementarias como a la espera quirúrgica. Si los horarios de trabajo permiten la conciliación y llevar en armonía familia y trabajo. Si nuestro sistema de prestaciones permite una incorporación progresiva de la incorporación al puesto de trabajo después de la IT. Todo lo demás sería culpabilizar al trabajador enfermo.