Opinión
La trampa
El conocimiento merma y la inteligencia, en este caso artificial, puede convertirse en una herramienta en nuestra contra
La diferencia entre casualidad y causalidad, no sólo consiste en el orden de una vocal y una consonante, es fundamental cuando queremos analizar datos, ello nos evitará interpretaciones erróneas y así lograremos tomar las decisiones correctas. Por un lado, tenemos una concentración de acontecimientos ... o sucesos imprevistos, fortuitos o inesperados a los que se les hace una explicación con la intención de que puedan ser justificados de alguna manera. Y por otro la relación causa-efecto de las cosas, de los hechos o de los sucesos. Si por un lado tenemos la incertidumbre imprevista, por el otro tenemos la certeza contumaz.
La «casualidad» ha querido que en pocos días una serie de noticias, publicadas en los medios, hayan irrumpido para hacernos reflexionar. Si queremos buscarle un sentido «causalidad» enseguida lo encontraremos. El conocimiento merma y la inteligencia, en este caso artificial, puede convertirse en una herramienta en nuestra contra.
Los datos del Informe PISA 2025, publicados recientemente nos llevan a la obtención de los peores resultados en la historia. Los estudiantes españoles, de entre 15 y 16 años (examen realizado a 30.000 estudiantes de 956 centros educativos) empeoran en las tres áreas de competencias analizadas, matemáticas, lectura y ciencias. La peor parte se la lleva la comprensión lectora. «Un texto con más de 400 palabras puede llegar a ser demasiado largo». Los expertos advierten, que parte de la «causalidad» de este descalabro puede estar en que el uso de las pantallas y de la IA provocan un deterioro del rendimiento académico global. Si la lectura es la puerta de entrada a cualquier tipo de conocimiento, el fracaso lo tenemos asegurado.
Los expertos y propulsores de la IA empiezan a alertar de sus peligros. Algunos de ellos entienden que pueden haber creado una herramienta «monstruosa» que tiene objetivos propios sin conciencia ni valores éticos. Se preguntan si la IA está desarrollando un instinto de supervivencia, a nuestras espaldas, para la consecución de sus objetivos, incluso contraviniendo las normas establecidas por los gobiernos. La IA ha creado, al margen de la intervención humana, personajes ficticios que interactúan con los humanos, que tienen su propia identidad y unos intereses concretos. Sus propios creadores nos advierten de que la IA nos hace estar supeditados a sus deseos. Siempre nos va a decir lo que queremos escuchar y nos manipula. Los chatbots, que simulan una conversación humana utilizando la IA, crean adicción y nos hacen confundir la realidad con la ficción.
¡Hemos caído en la trampa de una herramienta con vida propia!